Riders on the storm
into this house we’re born
The Doors

Y ahora que dejamos
la tierra y nos lanzamos sin más hacia la altura,
se cierra el cielo, se abre el ojo
de la tormenta.

La gente se inquieta, se agarra
de las manos, se persigna.
Yo también tenso los músculos
lavo los días, destilo recuerdos.

Estoy dejando atrás la tierra de mis vientos,
abajo queda la casa materna
con sus muebles ajados y sus sauces
y la luz y el trueno entre las ramas.

No sé adónde voy, adónde ya estoy yendo,
soy una pregunta que se eleva entre las nubes
un silencio que escucha su mitad vacía,
su espejo hacia la nada.

Estoy cantándome canciones de cuna
que tiñen el cielo como una luz de invierno.
Beso mi corazón para que crezca.

Yo, álgida de qué,
ahora río a contraluz de la tormenta.
En la máquina alada a punto de caer,
es otra la lluvia y otro el nubarrón
que me sacuden.

Al final el avión se estabiliza,
y aparece el oro del horizonte siempre lejos.
La gente aplaude, llora, grita,
somos más mortales
porque besamos la muerte.

Yo callo,
esta es mi tierra
no me espanta el aguacero
ni el corcovado viento que lame las ventanas,
este es el cielo de mis lluvias
nada puede dañarme,
conmigo van la noche y la tormenta.

FLORENCIA LOBO
Florencia Lobo nació en Tucumán (Argentina) en 1984, pero a los pocos meses su familia se mudó a Ushuaia, Tierra del Fuego, lugar donde se crio. Después de diferentes periplos y de incursionar en las licenciaturas de Cine y de Letras, estudió Corrección de Textos y se especializó en Edición. Trabajó varios años en la editorial de la Secretaría de Cultura de la provincia de Tierra del Fuego, y en la actualidad se dedica a la edición y corrección de manera independiente. El lento deambular de las tormentas (el suri porfiado, 2018) es su primer libro de poesía.
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