Luis Felipe Fabre

Fundador de Los contemporáneos, aquel grupo que contó con personajes de la talla de Villaurrutia, Gorostiza, Jorge Cuesta o Torres Bodet, entre otros, Salvador Novo es uno de los mitos del siglo XX. Y no sólo por sus pelucas, tan bien vistas en uno de sus ensayos por Luigi Amara, sino por su escatología, sus poemas y escritos en general. Para adentrarnos en el mundo Novo (ese mundo lleno de picaresca y homosexualidad), converso brevemente con Luis Felipe Fabre, quien publicó el año pasado por Sexto Piso Escribir con caca, un libro que más que estudio es poema, el poema que no se había escrito hasta ahora sobre el gran “cacólogo” mexicano.

Carlos A. Aguilera: Octavio Paz decía, refiriéndose a la poesía satírica de Novo, que “escribía con caca”. ¿Dónde no comprende o dónde se separan –a nivel de imaginario– Octavio Paz y Salvador Novo?

Luis Felipe Fabre: Aquella frase de Paz me parece muy precisa si se la lee sólo como descripción y no como un juicio moral, aunque en su contexto es más bien esto último: una descalificación. Y la descalificación no se limita a aquella cita. En casi todas las referencias que Paz hace de Novo, el reconocimiento de sus talentos nunca está exento de cierta repugnancia hacia el autor. Antes que razones intelectuales (que las hay), sospecho algo muy humano: no le caía bien. La personalidad disruptiva, camp, protagónica, estruendosa de Novo no creo que se aviniera muy bien a la idea de lo que debería ser un escritor para Paz. Hay, por supuesto, motivos políticos: el escepticismo de Novo aunado a un descarado oportunismo y fascinación por los poderosos es muy distinta a la relación (también cercana) que Paz sostuvo con el poder. Y creo, sobre todo, que hay un componente de pudor por parte de Paz en relación con el erotismo, que en Novo alcanza extremos escatológicos. Paz, al contrario de Novo, era bastante pudoroso literariamente en materia sexual. Esto se pone de manifiesto, además de en algunos pasajes de su correspondencia, en la traducción que hace de un poema de John Donne al que en español le “matiza” algunas imágenes por temor a que sonaran de mal gusto (y así lo dice en Versiones y diversiones). Nada más distinto a Novo, que nunca temió al mal gusto y aun se regocijó en ello. Sin que esto sea totalmente definitorio, creo que sus respectivas orientaciones sexuales tuvieron también consecuencias estéticas.

¿Pudiera decirse entonces que Salvador Novo convierte la escatología, el ano, el no-límite en una de las variantes más radicales de la poesía en español?

Sí, por supuesto. Pero no sólo es eso: no sólo es una cuestión temática o estética. No se trata de una belleza de lo obsceno, a la manera del siglo XIX, sino de una cuestión anatómica: un cambio del órgano de enunciación. No se trata sólo de lo que dice, sino desde dónde se dice. No es la boca ya, sino el ano –tanto personal como del cuerpo social– el que canta. De allí su maravillosa fecalidad –que tanto molestó a Paz–. Son poemas hechos con aquella materia considerada innoble, pues qué puede decir un ano que no esté manchado de mierda. Y es interesante aquí relacionarlo con esa sospecha que desde Platón se cierne sobre los poetas al entenderlos como “invertidos”, poseídos por el verbo, es decir, sodomizados y preñados por la palabra. La palabra poética que ha sido concebida analmente pero que se quiere oral. Novo, en sus momentos más extremos, es un ano parlante.

Analmente hablando, ¿quiénes serían los “contemporáneos” de Novo en el siglo XX, junto a quién lo pondrías a la hora de armar una biblioteca?

La verdad es que muy pocos. A veces me resulta más fácil emparentarlo con escritores de otros siglos, como Villon o Aretino o Fernando de Rojas. Porque aun entre los escritores homosexuales de su época en otros países, poco tiene que ver en cuanto a radicalidad anal. Esto queda muy evidente con La estatua de sal, mucho más radical que El libro blanco de Cocteau, con su petición de aceptación más allá de la tolerancia (Novo, en su texto, no busca ser aceptado; su figura pública es otro asunto), por no hablar de Gide o de Genet que aun en su malditismo encuentra en su lirismo una coartada estética para sus momentos más descarnados. Quizá, en el siglo XX, encontraría alguna empatía estética en la desparpajada transgresión de Copi, y en los momentos más felizmente superficiales de Perlongher (aunque en él el asunto es más intelectual e ideológico y moral).

¿Y Lamborghini, con aquel poema del ano del niño y la niña, o El fiord, ese relato entre la escatología y la política?

Lo que quería decir en mi respuesta anterior y que quizá no quedó claro, es que son pocos los que verdad hablan o cantan desde lo “bajo”, desde la mayor “bajeza” sin justificaciones “altas” o “nobles”, ya sean morales, ideológicas o estéticas. Me encanta Lamborghini, pero lo que trato de explorar en el libro es que más allá del tema, o del tratamiento escatológico, lo que encuentro en Novo es el sacrificio del talento y la “gran obra” en la producción de lo execrable (o que así podría ser considerado desde la perspectiva de la “alta” literatura). No se trata, en Novo, nada más de escribir sobre la mierda, sino de hacer mierda de –y con– todo su gran talento.

‘Retrato de Salvador Novo’ (detalle), Manuel Rodríguez Lozano, 1924

¿Podemos encontrar en la vida de la máquina-niño-Novo algún pasaje que muestre o justifique su estética posterior? ¿Cómo descubre un escritor su ano?

En La estatua de sal, sus maravillosas memorias y obra maestra de la picaresca, Novo ofrece varias estampas de su niñez, muchas de ellas dando cuenta de tempranos encuentros homoeróticos, entre las que elegí una que me resultó bastante reveladora con respecto a la lectura que propongo sobre su obra: a partir de un manoseo sexual del que es objeto por parte de un profesor (asunto que no parece escandalizarlo de modo alguno), descubre que los nombres de las partes del cuerpo tal y como se los había enseñado su madre no coincidían con los del uso común: a aquella porción de su anatomía que los demás llamaban pene, su madre le había dicho que se llamaba ano. ¡Vaya manera de descubrir el ano! Me interesa por la relación con el lenguaje, con un significado más inestable de las palabras y sus repercusiones mutantes en su cuerpo que creo que mucho tuvieron que ver posteriormente tanto en su estética como en su vida personal. Por otra parte, Novo, como bien ha señalado Rubén Gallo, fue un gran lector de Freud y eso puede notarse en sus memorias: si bien no hay culpa, hay un cierto fatalismo freudiano muy “infancia es destino”.

¿Recomendarías algún libro de Freud u otro psicoanalista a la hora de pensar a Novo?

Recomendaría leer el libro de Rubén Gallo Freud en México: allí, en el primer capítulo, Gallo reconstruye la lectura que Novo hace de Freud y se da a la tarea de recoger algunos de los subrayados y comentarios al margen (algunos divertidísimos) que Novo apuntó en los libros del psicoanalista vienés. También, para los más clavados, podría sugerir que vayan a la biblioteca de la Casa del Poeta Ramón López Velarde en la Ciudad de México donde se pueden consultar esos ejemplares.

Una de las cosas que más me gusta de tu libro es su escritura. Una escritura que se mueve entre el ensayo, la poesía, lo biográfico, lo teatral… ¿Qué se gana (y se pierde) cuando se “escribe” a Novo?

Para mí escribir ese libro fue una larga conversación con Novo. Es decir, hay tanto de él como de mí en ese libro. Pero ciertamente la obra de Novo resiste lecturas así sin despeinarse: continúa tan espléndida e inusitada y fresca y admite y aguarda todo tipo de lecturas. Y es, y sigue siendo, una apuesta, un tanto descreída si se quiere, por la poesía y, ante todo, un placer.

¿Por dónde andas ahora?

Estoy escribiendo sobre fray Juan de la Cruz: ¡vaya atrevimiento! Supongo que tras escribir de un pecador tan extraordinario como lo fue Novo lo que seguía era escribir sobre un santo.

CARLOS A. AGUILERA
Carlos A. Aguilera (La Habana, 1970). Narrador, poeta y ensayista. En 1995 ganó el Premio David de poesía, en La Habana, en 2007 la Beca ICORN de la Feria del libro de Frankfurt, y en 2015 la Cintas en Miami. Ha publicado en narrativa: Teoría del alma china (2006) y El imperio Oblómov (2014); en teatro: Discurso de la madre muerta (2012); en poesía: Retrato de A. Hooper y su esposa (1996) y Das Kapital (1997), ambos recogidos en Asia Menor (Bokeh, 2016); y el ensayo Lorenzo García Vega. Apuntes para la construcción de una no-poética (2015). Fue fundador del proyecto Diáspora(s) y entre 1997 y 2002 codirigió la revista homónima. Reside en Praga.
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