Abril 14. Mamá, ¡tan vieja estaba cuando se murió!, aparece en un cine. Ella temerosa, no se sabe desplazar. Ella quiere ir al baño, pero teme ir. Hasta que por fin la llevo.

El baño es un lugar oscuro, donde el agua está goteando y, de pronto, al despertarme, quizá sospecho que ahí, arbitrariamente, el sueño ha colocado lo que pudiera ser un recuerdo que nunca ocurrió: donde hay una puerta, o algo semejante a una puerta, con unos como –no estoy seguro de ello– cristales de colores.

Esa puerta, o algo semejante a una puerta, y esos cristales (de los que no me siento seguro si, en realidad, forman o no parte un vitral), parecen provenir de la consulta de un médico, en Matanzas.

Quizá, en mis primeros años de vida, a mí me llevaron a la consulta de un médico, en Matanzas. Pero, ¿cómo me puedo acordar de eso?

La puerta a oscuras de ese baño donde llevo a mi madre, en el sueño. El baño de un cine.

Un joven novelista, anunciado por el escritor Labrador Ruiz, aparece en el sueño.

Salgo con Lezama y nos acompañan esas dos damas que son Lydia Cabrera y Titina de Rojas.

Me acuesto, después de haberme levantado, para apuntar lo que arriba he transcrito.

Entonces sé que Mamá tiene miedo. Yo debo de tener miedo. Pero se me escapan las imágenes que pudieran expresar lo que necesitaría expresar.

¿Y qué es ese lugar donde, a veces, se lanza mi imaginación? ¿Y es que hubo la consulta de un médico, en Matanzas, donde me llevaran cuando niño? ¿Y habría, en todo esto, una puerta y unos cristales de colores?

¿Cómo lo puedo saber? Pero lo cierto es que a veces, a través de un daydream, o de un sueño, o de lo que sea, me sobreviene esa imprecisa visión de un lugar –con puerta, ¿y con un vitral?– que tendría que estar en Matanzas. Un lugar donde mi imaginación se lanza como buscando una equivalencia. ¿Qué clase de equivalencia?

Y mientras estoy escribiendo todo esto que estoy escribiendo, sueño –¿o es así en realidad?– que me envuelve un mañana que tiene miles de años, miles de vidas (?). Pero, ¿qué quiere decir una mañana que contuviese miles de vidas?

Pero lo extraño es por qué esto, el encuentro de unas cuantas piezas, pueden entregarme una calidad poética. Pues solo se trata de: baño a oscuras en un cine; puerta, o cristales, como los que pudo haber en Matanzas; joven novelista anunciado por Labrador; y Lezama acompañado por dos damas, para que esta sola sucesión, cuando ofrecida oníricamente, revista como un llamado de la poesía. ¿Por qué es esto?

¿Por qué una enumeración de piezas, tocadas por lo onírico, empiezan a sentirse de una manera diferente? Y es que ¿en qué puede consistir el toque que entrega un sueño? Y ¿cómo con, quizá, falso recuerdo de puerta, o de vitral que no existió, puede el sueño entronar lo alucinante?

Abril 15. Él se limpia el culo con una toalla, delante de varias mujeres. Después las mujeres se van, y solo queda una vieja maldiciente, muerta ya hace muchos años. La vieja acostumbraba hablar sobre muchachas que no se sabían limpiar el culo, o sobre vecinas que padecían de halitosis, o, sobre todo, sobre gente a quien le olían mal los sobacos. La vieja difunta, ahora, le advierte a él sobre su rostro, según ella demasiado demacrado.

Esa vieja vivía en un pueblo de campo cubano, y en los pueblos de campo cubanos había casas cuyas fachadas se parecían a esas viejas.

Y vuelvo a recordar a Farinata, en la Divina Comedia

Farinata: “Como los que padecen –dijo– un defecto en la vista, vemos solo las cosas alejadas, porque solo así nos ilumina la luz de la verdad. Cuando están próximas, todo nuestro intelecto es vano, y si alguien que llega no nos informa, nada sabemos de vuestro estado actual. De lo que puedes colegir que cuando ya no haya futuro, tras el juicio final, perderemos la capacidad de conocer.

¡Perderemos la capacidad de conocer! Y solo nos quedarán las viejas maldicientes, hablando de los malos olores.

Abril 16. Un tipo de ojos saltones. Ojos como los de un sapo. Él, después de mirar a ese tipo, se pone a pensar en lo blanco, en lo blanco feo. Por último, él se asombra de que se hayan unido, los ojos saltones del tipo con lo blanco feo. ¿Qué relación puede haber ahí?

Lo blanco feo, lo blanco lechoso, como lo que pudiera estar en un telón de fondo, o como lo que un cuerpo sutil pudiera masticar.

Un sueño donde un asesino pudiera entrar por la puerta de la calle, o por la puerta de atrás (la que corresponde al patio). Así que hay que estar muy vigilante, cualquier cosa puede pasar. Se sabe que hay un sonido, amedrentador, de hojas secas, afuera de la casa. Además, acabo por darme cuenta que he descuidado la puerta de atrás, dejándola abierta. ¿Cómo he podido descuidarme? Voy hacia la puerta de atrás y la cierro; siento que el asesino, debido a mi descuido, hubiese podido entrar.

Mucho tiempo después de haberme despertado y de haberme levantado de la cama, recuerdo que tanto ayer, como anteayer, alguien, por la tarde, ha tocado el timbre de la casa, y se ha ido corriendo, y esto así porque, cuando yo he ido a ver quién pudiera ser, no he visto a nadie; ni siquiera en la calle he visto a nadie.

Me parece que este sueño es como una entrada en la pesadilla, sin más ni más, sin ningún antecedente.

También, me parece que este sueño imita una escena de las muchas películas de terror que uno ha visto: esa escena en que el personaje empieza a sospechar que alguien ha entrado en su casa. Pero, entonces, ¿qué contenido latente pudiera encontrarse en este sueño? Tal parece como si solo hubiese superficie, y que la superficie (naturaleza) imitase al arte fílmico. La naturaleza imitando al arte.

Abril 17. Frase dictada por el sueño: “Esta espléndida urgencia de querer asumir un desastre.

Un relato sobre una sociedad victoriana que se regiría por dos códigos. Uno de los códigos conteniendo las más vulgares normas; y un otro código que solo sería interpretado poéticamente.

Uno, en un mediodía extremadamente caluroso, se encuentra con quilitas, que no es otra cosa sino una palabra sin sentido. ¿Qué podría significar quilitas, si es que tuviese algún significado? Quilitas, repito, no significa nada, pero quizá pudiese significar algo así como una vocación.

Pero se trata, repito, de un mediodía extremadamente caluroso, y uno nunca sabe ni adonde está parado.

Se oye, a lo lejos, el ruido de una máquina cortadora del césped, y la lluvia que puede caer, y algunas lagartijas corriendo por el cristal de la ventana.

Abril 18. Ayer tuve un sueño donde parecía que, desde el inicio, se mostraba lo pesadillesco. Hoy me ha sucedido lo mismo: pesadilla desde el principio.

¿Cómo ha sido? Solo estructuras. Solo como abstracciones de ventanas y de puertas. Detrás de ellas estaría yo.

Y algo más, creo, sucedió en el sueño, pero al despertar se desapareció. Pero lo interesante de este sueño es que, desde ese comienzo bajo estructuras, sin ningún antecedente irrumpió el terror. Un terror que luego, al despertarme, continuó por unos instantes. Era como el temor a un terremoto.

¿Por qué ahora Andrés, ese personaje muerto ya hace unos años, y que una vez estuvo íntimamente ligado a mi familia? ¿Por qué su sueño irrumpe ahora?, ¿qué pudo traerlo? Lo veo como ectoplasmáticamente, cortándose las uñas, desde un tiempo como que ya no hay ninguna razón para que aparezca, desde un tiempo que demasiado…, que hecho cenizas debería estar.

Andrés estuvo en el tiempo de mi juventud. ¿Qué tiene que ver Andrés conmigo? Así que es como si abriera un baúl lleno de cenizas, de unas cenizas que pueden asemejarse a “lo blanco feo” de que ya hablé aquí, cuando dije de un tipo con los ojos saltones (ver Abril 16). Pero, considerando las cosas, Andrés no tenía los ojos saltones. Así que no sé, no entiendo esa absurda relación que pudiera haber entre Andrés, y el tipo de los ojos saltones, y “lo blanco feo”.

¿Me estará rondando la muerte? Y me pregunto esto porque, en el sueño, también parecía como que Andrés fuera a casarse. ¿La muerte, casarse? Como siempre, no entiendo nada.

Collage: no una técnica sino una ética” / “el paisaje no es el escenario del alma, sino la humilde partida de la abstracción” / “entre la arqueología y la literatura, cada serie es una investigación: memorial de la vida de una rama seca, de una pared descascarada”. Gabriel Wolfson, Diarios: proyectos: viajes: las series de Marcelo Gauchat.

Una mata de aguacate. Un silencio de un pequeño pedazo de hierro, oxidado. / No es menester que comprendamos nada. / La arcilla, solo un pequeño núcleo de arcilla, y el moaré (¿qué moaré?, ¿sobre los residuos?), y unos trozos carmelitas, verdes, anaranjados apenas. / Es difícil dilucidar ninguna pesquisa, cuando, también, lo solo de unos insignificantes tubos –de excrementos de manubrio–, por sobre toda esta tarde. / La tarde que solo tiene un sonido, palpablemente difícil de asimilar.

Abril 19. Atentamente siguió la música que una retreta, imaginaria, tocaba en el puente de uno de los canales que él visita… Con ello, imaginó a una mujer sentada en una celda. Una mujer que estaría evocando su vida erótica, mientras revisaría su libretica de apuntes en lo que los jesuitas llaman oficina, y que no es más que un cuartico para cagar, un cuartico con su inodoro.

Este cuartico, u oficina, en el templo de Aleister Crowley.

Un monje de Crowley está cagando, y de su espesa mierda (el azufre rojo), se va desprendiendo un vapor que no es otra cosa que una fantasía. La fantasía se sitúa en una gran Estación Terminal, pero donde no hay ni ferrocarriles, ni ómnibus. Allí una hippie, medio cantante, y quizá prostituta, hace el amor con un joven que tiene un zipper negro. Un zipper negro que procede de la sigla JHS, y que, sin lugar a dudas, le cierra el sexo.

¿Qué color, sin color, pueden tener estos días que estoy viviendo? Estos días tienen una sustancia como de luz neón cayendo, en pleno día, sobre los azulejos de la pared de un cuarto de baño. No sé qué pensar de lo que pueda estar pasando.

Yo no sé cuál es el negocio de dejarme ver. Y, además, ahora, no es el momento de preguntarme eso.

(Efectivamente, ¿cuál es el motivo de que esté aquí?). Estoy en un comedor, pero no es precisamente el comedor de mi casa. Y, ¿si no es el comedor de mi casa, qué lugar podría ser? Un gesto como de una mano que se separa.

En este condenado momento, no hay un condenado pomo de vida, o de ficción de vida. La noche es noche como lo fue una guardarraya, pero en esta Playa Albina no hay guardarrayas.

Ahora un círculo, la manguera goteando. Es tan de noche como que pudiera decir que no tengo cabeza.

¿A qué hilo me aferro? Pero no es la hora, ahora (tan de noche, como he acabado de decir) de aferrarme, aunque sea como por casualidad, a ningún hilo.

No, pues solo que no tengo cabeza, repito, y la sangre blanca de un silencio podría ser lo que pudiera definirme, pero no se trata, por supuesto, ahora, de tocar eso que me pudiera salir, digamos, de una lejana, grotesca, imposible, barriga ectoplasmática.

Pero no se trata, por supuesto. Pero no, no puede tratarse de eso, ahora, por supuesto.

Pues es otra cosa, pues no podría tampoco hablar de unos como mareados círculos, o hablar de lo que…, aunque en este momento así lo sienta, ya que no tendría sentido, a esta hora, quejarme porque, efectivamente tal como me ha sucedido, en un momento, que ya no puedo precisar, me he llegado a convertir en un fantasma. Pero, pensándolo bien, ¿esto que estoy diciendo es algo nuevo?

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