‘Peacock’, Ivan Generalić, 1973
‘Peacock’, Ivan Generalić, 1973

Wallace Stevens definió la poesía como aquello “que hace lo visible un poco más difícil de ver”. Inútil buscar otra declaración tan extrema en la historia de la literatura norteamericana: diga lo que diga Harold Bloom sobre la influencia de Whitman, Stevens está mucho más cerca de ciertas tendencias de la poesía francesa, especialmente del Mallarmé que recomendaba “pintar no el objeto sino la resonancia del objeto”. Consecuentemente, sus poemas suelen articular un hermetismo radical. Esto no significa, sin embargo, que no sean objetos verbales espléndidos: a menudo el misterio que parece velar el sentido se convierte en un fin en sí mismo y reviste el poema de un extraño esplendor, de esa “inminencia de una revelación que no se produce” que Borges situaba en el centro mismo del hecho estético. Estos rasgos definen toda la obra de Stevens, pero son especialmente notorios en un texto como “Dominación de lo oscuro”, donde el poeta alcanza una negatividad sublime en su evocación de una atmósfera sobrecogedora, ominosa y enigmática.

Dominación de lo oscuro

De noche, junto al fuego,
Los colores de los arbustos
Y de las hojas caídas,
Repitiéndose a sí mismos,
Giraban en la habitación,
Como las hojas mismas
Giraban en el viento.
Sí: pero el color de los pesados árboles
Se acercó rápidamente.
Y recordé el grito de los pavos reales

Los colores de sus colas
Eran como las hojas mismas
Girando en el viento,
En el viento del ocaso.
Atravesaron la habitación,
En el mismo instante que las hojas
Caían al suelo desde las ramas
De los árboles.
Escuché el grito de los pavos reales.
¿Era un grito contra el ocaso
O contra las hojas mismas
Girando en el viento,
Girando como las llamas
Giraban en el fuego,
Girando como las colas de los pavos reales
Giraban en el fuego ensordecedor,
Ensordecedor como los árboles
Colmados del grito de los pavos reales?
¿O era acaso un grito contra los árboles?

Más allá de la ventana,
Vi cómo se reunían los planetas
De la misma manera que las hojas
Giraban en el fuego.
Vi cómo descendía la noche,
Cómo descendía rápidamente,
Como el color de los pesados árboles.
Sentí miedo.
Y recordé el grito de los pavos reales.

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