Antonin Artaud

El 14 de octubre de 1947, Antonin Artaud recibe una carta llena de elogios con la invitación para participar en un congreso esotérico. Entre tanta alabanza, se anuncia que “una nueva hermandad (El Congreso Espiritual de la Gran Fraternidad Blanca Universal, bajo la égida del Consejo Supremo de los Sabios: Agartha del Tíbet) sesionará en París con el objetivo de determinar para los próximos siglos el destino del mundo”.

Recién salido de su internado en Rodez y luego de aquella experiencia entre los Tarahumara que aún lo conmovía, Artaud descarga toda la ira contenida durante años y redacta una carta y un poema en los que manifiesta su aversión a ultranza, su odio por la caducidad de las religiones (dos años atrás había escrito: “cristo es lo que más he detestado siempre”) y su desapego a la lección moral que el matrimonio, la sexualidad y la Historia habían instaurado desde hacía siglos. Era un escritor blasfemo, castrado al fin por la cultura occidental.

En Artaud confluyen y se complementan elementos que por entonces se mostraban aislados, y que en su comunión dejan entrever el halo fantasmagórico de su demencia. Como en Georges Bataille, el poeta lucha por la asimilación de una sexualidad descarnada que propugna la obscenidad en perpetuo debate con los límites de la sociedad burguesa. En su discurso se activan el deseo de retorno a la fuente, al phallus iniciático y a la raíz andrógina del peyote, como negación de la tradición occidental, la de los Reyes Magos, la de cristo (siempre en minúscula, despojado de unciones, igualmente maniatado, “la cruz es un signo abyecto que la materia debe quemar”, escribirá en “Tutuguri”, en 1948), símbolos gestores de una cultura que considera decadente.

“Nada puede ahora parecerme más fúnebre y mortalmente nefasto que el signo estratificador y limitado de la cruz, nada más eróticamente pornográfico que cristo”, había fijado en la posdata de una carta que el 23 de marzo de 1947 le escribió a Marc Barbezat, apenas unos meses antes de rechazar la invitación al congreso esotérico. Artaud contrapone la sexualidad (“alma de toda vida”, como había escrito en una carta a Henri Parisot, el 7 de septiembre de 1945) a la ascensión cristiana al cielo. Pero aquí no se trata de una sexualidad rígida, como tampoco de una simplemente transgresora. Consigo aparece el elemento negador, el rechazo a la concepción, a la maternidad que se hace evidente en el texto que ahora presentamos.

“No fue a Jesucristo a quien fui a buscar entre los Tarahumara, sino a mí mismo —le insiste en aquella misiva a su amigo Parisot—. Nacido (…) de un útero donde nada tenía que hacer, y con el que nada tenía que ver ni siquiera antes, porque no es una forma de nacer la de verse copulado y masturbado nueve meses por la membrana, la membrana desgarrada que devora sin dientes, como dicen los upanishads, y sé que nací de otra manera, de mis sobras y no de una madre, pero la madre ha querido apoderarse de mí y ya ve usted el resultado de mi vida.” La alusión a la creación de sí mismo, a lo que llama “voluntad negra de mi yo” en el poema “Así, pues, la pregunta”, introduce el elemento alucinado, propio del Artaud demiúrgico y arborescente, padre de blasfemias y de “niños pustulosos”, como se retratara ante Parisot.

Antonin Artaud escribe este poema unos meses antes de que le llegara la muerte: otro de los tópicos con los que había experimentado en su búsqueda de una Verdad que la mística (“copulación de una hipocresía muy sabia y refinada”, así la catalogaría en Rodez, en 1943) y el pensamiento occidental nunca llegaron a proporcionarle.

Los textos que aquí aparecen fueron reproducidos en el verano de 1967 en el número 30 de la revista parisina Tel Quel.

Gerardo Fernández Fe

* * *

Ivry, 16 de octubre de 1947

Estimado señor,

Agradezco su carta, que me ha emocionado mucho. Pero vayamos al tema. Todo ese lenguaje esotérico y cabalístico de los Iniciados no es más que una enorme fruslería. No es de eso de lo que se debe hablar.

La única pregunta por hacer es la siguiente: ¿Quién nos ha dado este cuerpo orientado hacia la sexualidad que debemos sufrir como una espantosa carga de muerte? ¿Cuándo se irá ese cuerpo?

Agrego: ¿Por qué los más sabios seres de la tierra me agobian, a mí, Antonin Artaud?

¿Dónde están ahora los maestros del cuerpo negro que nos dieron este cuerpo hediondo orientado hacia la sexualidad, que no sirve sino para hacer el amor y para tener muchos hijos, innumerables soldados para todas las guerras previstas y concebidas por los sabios como medio de alimentar y de hacer hervir el movimiento de un mundo hecho para comer y vegetar, y donde el burgués capitalista se convierte en eje solar, querido y amado por los llamados sabios, quienes, para así ser nombrados, dicen poseer una fuerza, una fuerza oscura?

¿Pero, de dónde los sabios han tomado esa fuerza que sostiene a este cuerpo innoble, burgués y capitalista que por desgracia es también el nuestro?

Pregunto y agrego: ¿Por qué los seres de esta tierra me agobian tan obstinadamente?

¿Dónde será el congreso?

Avisadme con urgencia.

Antonin Artaud

* * *

Así, pues, la pregunta

Así, pues, ¿cuál es
la pregunta
la gran pregunta?
¿Y qué demonios hacemos aquí?
¿De qué rayos vivimos?
¿Y por qué vivimos?
Hay quienes toman su alegría de ser
en lo más alto de su cráneo,
luego la llevan al corazón
donde la gran chimenea estrepitosa
muestra a todos su presencia innata;
y mierda
y ¿cuál es la gran pregunta?
por qué tenemos
disentería
sofocación
poco aliento
largo aliento
luego se pierde el aliento
y estamos muertos
se ha muerto.
¿Y qué es estar muerto?
En uno mismo
Ya no se está allí,
Uno se ausenta.
El gran Lama me hace cagar.
Si él fuera el gran Lama de verdad
nadie lo sabría.
No hay pedestal.
No hay pregunta,
siempre lo he dicho.
Pero, en fin, estamos vivos,
¿y qué es vivir?
Reducirse sobre uno mismo,
sobre el aliento a exhalar
sobre el que NO EXPULSAREMOS.
¿Qué hacer con lo que sentimos que somos?
Sabemos pues que somos algo,
¿de dónde viene esto?
Mierda.
Hay o
no hay
pregunta.
De mí a la pregunta
hay todo un mundo.
Ahora, no atravesaré ese mundo,
no lo atravesaré más.
Pues tengo ya bastante
del mundo
y de la pregunta.
No obstante, mi corazón late
y estoy vivo,
estoy en el mundo,
la gran chimenea ruidosa de las cosas
el gran golpe de la chimenea del corazón que late
dispara…
Este texto se llama la muerte
hay un estado en el que estamos muertos.
Sí,
pero hay un estado en el que el corazón no late
y en el que la chimenea
es el tiro
es un sueño
(eso dicen)
(¿pero es cierto todo esto?)
Este texto se llama la muerte
hay un estado en el que estamos muertos
Sí,
pero nunca lo he conocido,
nunca llegué a conocerlo del todo
y siempre algo malo del ser venía de nuevo a nosotros,
algo que apestaba al ser y al hueco de sus sucios dientes.
Porque el ser nunca dejará de querer meternos entre sus dientes.
Creo que esta es la gran pregunta
y que ella existe
y hasta hoy.
Ahora, quiero hacer de mi cuerpo
algo
que evite
una cosa
para siempre
y no algo
que tome
y que entre
en otra cosa.
ya menxi
ten
ku la bera
ku le bera
katexi
ya ke menkur luri
Que la puta grumosa que me espía y me vigila
con las uñas agudas de sus pies,
la ramera
y la vulva en su entrepierna,
la prostituta,
renuncie a su idea de tragarme.
Que el horno ruidoso de esta vida hueca
y del vacío al fin (lleno)
todo a mi alrededor
renuncie a creer que me absorberá.
No me agrada vivir,
pero me agrada menos morir,
es decir, abandonarme.
¿Qué es eso?
El conjunto de la defecación universal de todos.
El moco de la rinitis incendiaria de todos alrededor
de mi triste yo.
La cuestión es que no pertenezco al mundo desdoblado de la
Envoltura del ser sobre el yo, mi yo retráctil y negro y que
huye, hecho de un pie deforme hundido en lo más negro de la negación
de sí mismo
hasta lo más imposible del infinito.
Y no hay otra pregunta.
No provengo el desdoblamiento de un padre y de una madre
enlazados
sobre la espalda de su mismo hijo.
Vengo de mí,
verdaderamente de mí,
y los niños que produzco vienen también de esa voluntad negra de
mi yo, que a fuerza de aplicación arranca una naturaleza menos negra que yo
de la corteza precordial
por lo que
en fin
traer a la vida a una persona
es por lo tanto traer más sufrimiento
más enfermedad,
disentería,
sofocación,
poco aliento,
vasto aliento,
nada más
que yo
(todo de mi longitud).
ka loughin
re te ka la gouda
ka lagouda
e te ka loughin.
Al gran Lama que acaba de pasar por París
como la expresión del más grotesco títere que jamás haya
maravillado a la superficie de esta triste tierra inicua se le debe tomar
por cierto en lo siguiente:
que él es la real expresión de un mundo,
mundo que hasta ahora nos ha acogido y nos acoge,
este mundo, que va del pubis al coxis, no tiene el hábito de ser
considerado desde el ángulo de anatomía pura que ahora empleo y que es,
no obstante, el único,
oh mundo de la disentería anal,
mundo del rocoso y endurecido pecado de la vulva,
arraigado entre las 2 bolsas,
el único ángulo que le conviene
y bajo el que puede verdaderamente ser considerado,
pues no olvidemos que es este mundo desdoblado
(desdoblado, doble, que deseó la unión de sus 2 partes luego
del primer desdoblamiento),
no olvidemos,
digo,
que fue este mundo desdoblado
el que deseó
el padre-madre
es decir, el pecado obstinado
el pecado cada día repetido del padre y de la madre
sobre la columna vertebral del niño que va a nacer.
Este niño,
no está allí,
no es más que un ángulo,
un ángulo que llegará,
y no hay ángulo,
la lengua muerta de la columna trasera
y que aún no engendrará
la espina negra de la roca vertebral,
cuyos dientes, uno sobre el otro,
lisos
resbaladizos,
palidecen ante lo negro de este ENTABLAMIENTO,
de esta encajadura.
Este mundo del padre-madre es justamente el que debe irse
es este mundo desdoblado, doble
en estado de desunión constante,
con voluntad de unificación también constante,
el que es,
la espesura negra,
la espina obtusa y azarosa,
(esta espina es un manto doble de mujer)
pues del pubis al coxis este mundo de la anatomía humana constituye
una especie de sucio manto,
un dije de mala calidad,
suerte de revestimiento colgando eternamente sobre algo que es el yo.
Ahora, ese yo no es el yo del dije,
del manto de mujer,
del manto azaroso,
de la espesura negra,
es el yo
de otro,
del otro,
ese otro,
que no quiso ser
precisamente
empotrado
en el mundo del parto
acto ruin indispensable al nacimiento del ser,
acto que de no ser ruin nunca sería.
Nadie reconoce que la relación entre el padre y la madre es infame,
que necesita la infamia
o i o fortein
dei anehman
tarmu
para triunfar;
el hedor oscuro del acto resbaladizo y suave, alisado en el lado donde el labio se retuerce sobre el pequeño diente, sucio y maligno, delantero; si el padre o la madre no admiten el hueco hediondo de la caída bajo la apertura infame de la cadera,
negro y sucio,
el niño no llega al mundo,
no quiebra la membrana repugnante
del mundo obsceno de la carne
he aquí el hecho
sobre el que gira el sistema de este mundo
malignamente sostenido por la más sombría organización
por toda una secta de lamas y de bonzos
que pasan de siglo a siglo
y son los grandes responsables
(de la duración de este mundo en plena descomposición) del estado incontenible de descomposición del mundo bestializado en el que vivimos desde hace algún tiempo.
Podríamos, en efecto, no ir a parar al abismo de la bomba atómica que nos acecha como último y único medio de salvación; pero sí a la peste sexual en la que sucumbimos, a ese tumor maligno que las sectas de bonzos y de lamas ha tomado como órgano secular de conservación y de trasferencia;
cierto es que el mal nos acecha desde abajo,
que estamos conservados y […]
el ano de toda una secta de bonzos infames se comprime y defeca sobre mi propio rostro.
tior ta na sho
shabech
shabech
cha
schabecch
schabah
ya dunbin
a dumba
dumbin
hurla
ya dumbin
a dumba
dhurla
Cagándome, de puro aburrido, en la cosa escrita
y no tengo necesidad de volver a declarar que encuentro este mundo sofocante
deprimente,
espantosamente invivible,
odiosamente inhabitable,
dado que es por medio de la cosa escrita que lo haré,
y hasta tal punto esta no es la opinión mayoritaria
dado que la opinión mayoritaria deplora la ausencia de obras
y sin haber comprendido que es este propio cuadro:
la sociedad,
el mundo,
el que no les dice más nada.
Ahora bien, este mundo se ha vuelto invivible,
tal vez porque es demasiado viejo,
pero sobre todo porque su vejez
por el desgaste de las esquinas y los ángulos
permite adivinar que el mal sigue yéndose para arriba
y esta flotación del mal hacia el techo de las cosas
ha sido
desde los inicios del ser
la razón de su vida;
sin un culo de rata muerta colgado del techo del cielo;
sin un ano de lama corroído por su propia lengua en las embocaduras planetarias
(planetas: lo que está allá arriba)
del infinito para arriba,
digo que esta vida jamás habría tenido lugar,
que no hubiera tenido razón de ser,
y no hubiera estado jamás allá;
no, este mundo no habría existido más que para permitir la malaria y la peste
de la misa negra
y del desgaste maligno del cuerpo.


* Estas traducciones fueron publicadas en el número 37 de Diario de Poesía, Buenos Aires, Argentina, en el otoño de 1996).

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