Luis Alberto Arellano: presentación y homenaje

Los manuales, los trípticos, las instrucciones y los consejos son cortesía (parte) ofrecida al que se disponga a recorrer la obra poética de Luis Alberto Arellano, sin que en ello se presuma jamás la garantía del regreso, la certeza del reinicio; eso es seguro. Su poesía alcanza cotos de dialecto, de glosa extraña que mezcla registros coloquiales y líricos del habla, que se despacha en un tono burlesco pero quemantemente certero entre los grandes autores de la tradición y las tesituras de su tiempo, que gusta de jugar con versos de Gonzalo Rojas, hablarle a Nicanor Parra, guiñarle el ojo a los poètes maudits, y hablarlo todo en una lengua aparentemente desconocida, yo diría, en arellano.

Acaso sea, como muchos de sus contemporáneos, la simultaneidad de recursos poéticos y la polifonía textual lo que le permita proponer un contrato de lectura afianzado en la acumulación de imágenes grotescas y comunes, en la sucesión de pasajes montados con personajes de todos los tiempos, de escenarios entre cósmicos y cotidianos, de secuencias narrativas interrumpidas por voces emergentes que asoman cavilantes en el poema para marcar el ritmo o introducir una nueva cadencia. Acaso también, como si no lo creyera pretensión vana, siguiendo a tantos de sus maestros poéticos, Arellano simplemente haya perseguido otra vez dinamitar el lenguaje literario, experimentar con él, jugar con su plasticidad y desautomatizarlo para volverlo materia inédita.

Y el resultado de semejantes voluntades es harto reconocible: un material, denso, en bruto, que nos hace vislumbrar con terror la incongruencia de muchas realidades y la infertilidad de seguir instrucciones, trípticos y manuales para lo que nadie conoce, para lo que se ignora aun cuando esté diariamente en frente de nuestros ojos.

Ciertamente cualquier presentación –o intento de ello– de la obra de Luis Alberto Arellano podría resultar insuficiente; pues hablar de Luis sin Luis es tratar de resumir toda una vida, una existencia, un universo en líneas que se revelan hostiles, ingratas. Sin embargo, hay que mencionar su legado, tratar de enlistarlo y leerlo hasta recordar cada verso, para, después, olvidarlo y volver a la lectura: confirmar su obra.

Mariana Cávaz, 2017

Tríptico de la complacencia

*
Eres todo lo que hemos perdido
como especie
como individuo
como laberintos simétricos
para el unicornio antropófago
se tallaba Lucien
Freud el cráneo carcomido por el sarcoma
mientras culeaba frenético
pero dulce
a un rinoceronte en llamas

Eres todo lo que el espejo
no regresa por las mañanas
Eres todo aquello
que se nos fuga una vez
que abrimos los párpados
y rascamos negros los dientes
arrebatados a los animales domésticos
o a una servidumbre cada vez más irreverente
a medias
como todos

Eres también
el contraste entre la carne y el espíritu
entre el polvo astrológico y el pneuma contaminado
de argón cianuro y sílice
Eres todo aquello que hemos dejado atrás
no por olvido
sino por economía de recursos
trastos viejos
revistas viejas
novedades de ocasión

*

Toda imaginación está condenada a la camaradería
fortuita con espíritus más sencillos
pero más terribles que nosotros
Intimida sabernos generosos para el placer
y tercos para la ignominia
murmuraba Egon Schiele
cuando cerraba las piernas al enema rectal
que trataba de abrirse paso entre su carne maltrecha
Nada nos prepara para el hábito gorgónico
ni para la paciencia sutil
que son necesarias en esta vida cartilaginosa
a que nos arroja amanecer siempre como los mismos

La enfermera fingía no escuchar las palabras
y limitaba su indiferencia a las muecas
que calculaba correspondían por los sonidos
y el volumen que Egon modulaba para escucharse
dialogar con una naturaleza perpetuamente muda

Toda imaginación es un contrato de inmovilidad
y nos arrastra a la anulación de los sentidos
Por eso toda imaginación posible
es un cuadro de costumbres
o una estación de autobuses en llamas
provocadas por un anciano ebrio
que no responde por su nombre
Toda imaginación nos libera de la carga
de relatar la caída del universo conocido
o de azotar con fuerza a los responsables de la permanencia
Toda imaginación nos condena
por el solo hecho de existir
a escuchar sonidos
sin cuerpos materiales que los provoquen

*

La belleza necesita siempre de lo extraño
como las serpientes de cascabel precisan de los sonidos
del desierto para fermentar su percepción
repetía Robert Motherwell
por West Hollywood
entrando y saliendo de las cafeterías de actores
y los bares de bikinis que vuelan
La belleza almacena extrañas partituras
que toca sólo para complacerse a sí misma
repetía mientras seleccionaba las botellas
de cristal precioso
y las colocaba en orden de aparición
en las múltiples bolsas de su casaca
militar arruinada por el violento sol del Mojave

El espíritu habituado a la belleza debe decidir entre
las coordenadas potenciales de un alunizaje perfecto
o el silbido permanente de una cafetera rota
dentro de su tímpano izquierdo
Para qué elegir si todo tiene sus límites
bien estables a pesar
de los cacharros acumulados
y de la impertinente solución
de continuidad que tememos llamar
en voz alta

cuerpo muerte sales marinas

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LUIS ALBERTO ARELLANO

Luis Alberto Arellano (Querétaro, 1976-2016). Poeta, crítico, ensayista, editor y traductor. Es considerada una de las figuras más interesantes de la generación poética de los nacidos en la década del setenta en México. Entre sus libros de poemas destacan Nómina de huesos (2001), La doctrina del fuego (2002), Erradumbre (2003), De pájaros raíces el deseo/ D’oiseaux racines le désir (2006), Plexo (2011) y Bonzo (2012) y Grandes atletas negros (2014). En mayo de 2016 se doctoró en Literatura Hispánica por El Colegio de San Luis.

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