‘Supervivo’: un fanzine por el derecho a la sobrevida

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‘Ministro significa servidor. Primer Ministro significa: el primero en servir’. Tomado del número 25 de ‘Supervivo’ (Ilustración: Hennyer)

Aconteció en La Marca donde –como dice Robertico Ramos Mori— cae en La Habana todo lo que no tiene nombre ni espacio (¡y qué volao que pase eso!), allí donde en menos de lo que canta un gallo lo mismo se tatúa que hay un concierto de trova del Trío Atemporal que de un DJ, donde el lunes se presenta el archivo queer cubano y hoy o ayer se habló de marxismo con soltura.

Yo ya los conocía, porque a los Supervivo (Mauricio Vega y una cada vez más plural camada de users y nicknames) hace como un par de años Martica Minipunto los unió en la Quinta de los Molinos a conversar sobre cómo habían autogestado su proyecto. Allí –como sólo se puede ocurrir a ella– junto a gente tan diversa y soñadora como unos trabajadores agrícolas que hacían no sé cuántos productos de gomas desechadas de tractor, junto a ecologistas y activistas en defensa de los animales y otros colectivos que empoderaban distintas comunidades, apareció aquel fanzine que enseguida se ganó mi simpatía y me recordó la dulce época en que el ISDI y la Facultad de Artes y Letras se unían para darle carne y espíritu a la revista estudiantil Upsalón.

Por eso me fui bajo la llovizna a pescar esta noticia para Rialta, y de paso a hacerme de algunos stickers gratis y de los cuatro números que Supervivo nos quiso presentar este miércoles 29 de enero, pasados por agua y pasadas las 5 de la tarde. Mauricio me esperaba sin aprenderse mi nombre todavía, entre su amor y sus dos hijos pequeños, que revoloteaban por La Marca entendiendo que toda el área podía muy bien ser un gran salón de juegos… Otros lovers del fanzine –entre los que saludé lo mismo a un abogado que al diseñador Mola– esperaban también o fueron llegando en oleadas a la cita, mientras se servían unos tragos de un azul muy vivo, que contrastaban con el blanco y negro de estas páginas que en su historia apenas han tenido un par de cubiertas en colores.

Supervivo, como Athenea –que también perseguí una vez hasta la Gran Manzana– me tienta como todo lo que huela a cómic en Cuba. Está hecho por diseñadores sobre todo gráficos –aunque alguno especializado en Diseño Industrial se cuela también entre los que emborronan cuartillas para animarlo–. Y si bien en sus comienzos no eran más que muchachos sus integrantes, hoy se sabe que hay varias mujeres (entre las que lo editan y lo corrigen, pero también entre las que escriben o lo ilustran) sin las que Supervivo no podría ser lo que es, ni correr, volar y caminar (arrastrarse o pedir permiso –si se da el caso–) con esos pies ligeros que lo han llevado a las redes: de Facebook a Instagram, de Twitter al paquete semanal (sección arte).

Portada del número 2

Esta publicación ha contado con tiradas de 200 a 1000 ejemplares, impresos en lugares privados o estatales de todo tipo (algunos impublicables) y pretende ser bimensual. Desde que nació en 2013, ha tenido 25 números y no pagina (o sea, que las 6, o más raramente 8, cuartillas con que cuenta no aparecen numeradas). Pero su historia se remonta en verdad a 2008, cuando aún los que la soñaban estaban por el ISDI y fundaron Misión Calle. De hecho, el primer número de Supervivo homenajea ese pasado recorriéndolo, como podemos ver al fisgonear en la web a través de todos los ejemplares que han colgado con pericia y (c)alma de archiveros. Cosa loable, pues cuánto volante literalmente “suelto” y perdido (y ni hablar de publicaciones en papel “malo”, “coyuntural” o escaso) ha generado esta época (y tantas pasadas) sin que lo podamos consultar, y nos ha despertado, justo por ello, en Rialta, al arqueólogo que todo filólogo lleva dentro, como para terminar creando un Archivo.

Curiosamente, es ese uno de los primeros rasgos de Supervivo que salta a la vista de gente siempre dispuesta a asombrase como el ensayista Ángel Pérez. Porque en el número dedicado a Instagram (junio de 2018) sus creadores se dirigen desde sus páginas a los potenciales colaboradores desde un lugar de enunciación que no es la página impresa sino claramente la web. Es decir, que esta gente vive entre lo online y el mimeógrafo. Porque lo mismo bregan por las redes sociales, con casi 4300 seguidores instagrameros (“followers” y “followeras” –para decirlo como ellos lo dirían), que se empeñan en imprimir y presentar y repartir gratis este fanzine, que puede ser hallado tanto en El Vedado como en La Habana Vieja. Dígase, en La Ubre (Línea #904, entre 6 y 8) o en La Marca (Obrapía entre Oficios y Mercaderes), si no en La Vitrina de Valonia (San Ignacio entre Teniente Rey y Muralla, Plaza Vieja), lugar este último donde me anuncia Mauricio que estarán del próximo 6 al 8 de febrero, como parte del coloquio Historieta, identidad y memoria. En el evento, por los 14 años de La Vitrina, habrá talleres para hacer (escribir/ilustrar) historietas, presentaciones de proyectos como el suyo y el magazine Apulpso o el sitio Dialfa, y conferencias o intercambios con Rafael Grillo, Irán Hernández y el infaltable Juan Padrón.

Esta predilección por bogar entre dos aguas me lleva a pensar en lo que sucede en la Isla (por su descoyuntada economía, pero también en tantas otras aguas territoriales), donde se corre últimamente la voz de que las próximas ferias del libro mutarán a la publicación digital para sobrevivir –que no, por cierto, para súper vivir–. Un fenómeno que como todo lo que llega apresurado por causas ajenas podría más que facilitar la lectura borrar esta como hobby de un plumazo, o quién sabe… Por lo pronto, me entusiasma la calidez de Supervivo, que ora se toma el tiempo para pensar el acoso y la violencia de género juntando a mujeres creadoras para contar y poner en imágenes su experiencia como “piropeadas”; ora convoca a ilustradores jóvenes del continente o no (Brasil, México, Argentina, Estados Unidos, Francia, Alemania, ¿Corea?…) para traerlos del Instagram a nuestras calles, a nuestras manos; ora hace por linkear nuestra cultura impresa o en papel con el holograma de lo online, al punto de dedicar un foro a debatir sobre el chismógrafo (sí, aquellas libretas escolares que tantos tuvimos o firmamos) como origen de Facebook.

Portada del número 25

Otros de los rasgos que distinguen esta revista, en el plano estructural, es que se mueve –a su decir– entre el texto corto (reflexivo/amoroso/fantástico/humorístico…), la ilustración y el diseño. En cuanto a la carne y al aliento que le insuflan, destaca allí la colocación de la mirada (y la voz) en lo glocal y en su grave “crisis moral” –según definieron ellos desde Misión Calle–. Nos encontramos, pues, una intención de actualizar –primero paulatina y sugeridamente y, ya por último, sin máscaras– la “buena nueva” del “sweet Jesús”, en su último número, que deja entrever, sin sentimentalismo ni pathos excesivo, su eje, su brújula: la apuesta, sí, por el “newman” que proclama la llegada del “reino al revés”. Ya era predecible que llegara esta ola a colmar un número completo, tras leer los agradecimientos al final de cada fanzine, o por esta r/labia discursiva más que didáctica, esperanzadora, que había ido abogando por el civismo y por la conciencia ecológica (como en “Jama sana”) o urbana (como en el paraje derrumbado de Rayos, donde se internó para no errar el tiro al construir algo allí para los vecinos).

No me asombra por tanto que su último número nos hallemos de bruces frente al Hijo de Dios en Supervivo. Aquí lo tenemos: lanzándose de cabeza –con machete y sombrero mambí– desde el capitolio sobredorado, o subido al Monte y twiteando el Evangelio: “escríbanme por privado, tengo un plan”/ “yo soy el delegado de los que tienen hambre y sed de justicia”/ “ustedes son tan valiosos como la sal, el problema es cuando la sal se pierde…” Yo diría que hay talento para suscitar interpretaciones, cultivando una conciencia política desde el arte y la religión, pero mejor compruébenlo ustedes al meditar sobre la imagen a la manera de Antonia Eiriz que acompaña este reto: “Ministro significa: servidor, Primer Ministro significa: el primero en servir”.

Portada del número 21

Parece notorio este llamado espiritual que –como vimos con el reciente libro sobre Maritain— no está lejos del humanismo cristiano que quieren otros para la Isla en debacle. Más si en el caso que nos ocupa se halla hábilmente entremezclado con un tono (y con textos) que alía (en esta como en otras entregas) una llama social que tiene raíces, en Cuba, lo mismo entre martianos que entre repentistas, lo mismo entre raperos que entre artivistas o intelectuales orgánicos, que se niegan a ser entrenados por su dragón.

Por eso el fanzine nos dice, desde que soltó su “Manifiesto supervivista” queriéndolo viralizar, y abrazando al “fantasma de la súper vivencia”, que este modo de asumir la existencia “libera hacia la justicia, la belleza y la responsabilidad personal”. Y por eso, cuando se unieron con esa especie de mentor que ha sido para ellos Nestor Siré, en la expo Enlace compartido, por febrero de 2015 (en Enlace Supervivo), no perdieron oportunidad de retomar su “credo” al expresar: “Métete en el drama, en la paradoja de esta palabra que tomamos por nombre: implica supervivencia (mantenerse a flote) y súper vivencia (vida al máximo). Pero métete más… […] supervivir puede significar eso, una vida apasionante que implica retos, lágrimas, estrés, luchas, mucha fe, alegría, sueños, milagros, impacto, transformación…”

Yo no sé ustedes, pero si es esta la resurrección (la “metanoia”) yo me subo a esa nube, yo no pienso bajarme de este tren. Y no es un like lo que les pienso dar ni un lugar en mi librero. A la experiencia Supervivo me sumo tratando de encentrar la diana (y el blanco soy, más que todo, yo misma). Mejor no “pecar” de falta de puntería, de falta de v/misión en el trecho de vida que nos llama. Ellos lo han dicho invitándonos a concentrarnos, a respirar, a meditar los pasos, para no perder pie: “Hacerme la pregunta, ejercitar la imaginación, proponer, visionar, graficar, son ejercicios de futuro, de responsabilidad, de tomarme en serio las cosas, de apuntar mejor”.

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la Siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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