Fotograma del documental ‘Sin 349’ que muestra una obra de Hamlet Lavastida

En la página oficial de Facebook de la serie Sin 349, se declara:

Sin 349 es una serie documental de videos cortos que promueven los derechos culturales en la escena joven y emergente del campo artístico y cultural en Cuba. Toma como punto de partida una carta firmada por más de 150 artistas, principalmente jóvenes, en oposición al Decreto 349, e intenta mostrar producciones recientes en tensión con la política cultural de Cuba.

La serie es concebida y producida por el crítico y curador Abel González Fernández y el artista visual Lester Álvarez, dirigida por Kevin Ávila Rodríguez, también artista. Fue beneficiada por la Prince Claus Fund como parte del programa Next Generation 2019. En el tráiler lanzado en el mes de octubre se anuncian las voces de artistas, intelectuales, curadores y periodistas: Hamlet Lavastida, Luis Manuel Otero Alcántara, Sachie Hernández Machín, Solveing Font, Julio Llópiz-Casal, Camila Lobón, José Manuel Mesías, Carla Colomé Santiago, Mónica Baró Sánchez, Ítalo Expósito Lo Giudice y Raulito Bazuk. La serie se encuentra aún en desarrollo y pretende incluir muchas voces más.

Hasta este momento la serie tendrá un año de emisión con aproximadamente cuarenta capítulos. Ahora se trabaja en la primera temporada –me cuenta su director, quien detalla que el proyecto funcionará además a partir de cápsulas documentales donde la escena que se proyecta narra lo que ocurre en la realidad actual de cada entrevistado.

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Hasta aquí la noticia, comencemos con la génesis.

En el mes de mayo del 2018, del 5 al 15, se celebró en La Habana la primera Bienal Independiente de Arte, la #00Bienal de La Habana. Dicho evento, con el eslogan “En casa estudio una Bienal”, surge como un espacio alternativo en respuesta al hecho de que el Ministerio de Cultura pospusiera la celebración de la XIII Bienal de La Habana. Los objetivos de la #00 se sustentaban en promover un abanico de realidades distintas que se observan en el arte cubano contemporáneo. Visibilizar a aquellos artistas que son obviados por la estructura de la institucionalidad. Generar una reflexión sobre el discurso primigenio de la Bienal de La Habana, que proponía un énfasis en las prácticas del llamado Tercer Mundo y otros espacios no privilegiados. Además, establecería un diálogo con el cuerpo de lo popular, su imaginario y necesidades, apoyándose en los talleres, estudios e instituciones independientes como espacios expositivos y de experimentación y en la plataforma online (redes sociales, páginas webs, etc.). Así quedaba acotado en su primer programa.  La bienal alternativa proponía además releer los cánones de la cultura cubana en aras de su descentralización, aportar una vía alternativa cultural, por qué no, una iniciativa para el bien de todos.

De esta manera, se situaba en la estela de proyectos surgidos en los noventa y los dos mil: Proyecto Omni Zonafranca, Poesía Sin fin, Rotilla, Puños Arriba, basados en promover el arte alternativo, el arte marginado, el underground, pero sobre todo basados en la autosuficiencia artística del individuo, en la capacidad de promoción independiente, la libre expresión y la creencia en el valor artístico; como también se erigía en las diseminaciones de Cátedra Arte de Conducta, qué si no todos esos espacios de arte independientes transformadores de por sí de sus entornos, en un contexto cubano actual carente de los síntomas del arte. Todos estos proyectos mal vistos for default por el Estado, muchos censurados en su momento por la desconfianza que le pudiese provocar al poder algo que nace de forma individual con una expresión demasiada desenfadada.

Con mañosa rutina la institución se mostró reacia y a la defensiva de tal evento. Tal vez por el simple hecho de que tomamos la iniciativa, digamos, que por independizarnos. Entonces vino la reprimenda. En muchas ocasiones fuimos hostigados por la policía política; fueron detenidos extranjeros que participaban en el evento; amenazaron con retirar el carnet del Registro del Creador a aquellos artistas cubanos participantes poseedores de dicho documento que acredita –según el Decreto Ley106/1998– su condición de creadores artísticos, quitándoselo finalmente a dos (Ítalo Expósito y Luis Trápaga), el primero penalizado también con una multa; decomisaron pegatinas, flyers, merchandising; y en todo momento estuvimos bajo vigilancia. No obstante, hasta la fecha, no existía nada, desde el punto de vista legal, que nos pudiera impedir hacer las exposiciones en esos indefinidos “espacios públicos no estatales” a los que se refiere el actual arbitrario Decreto 349 en su primer capítulo.

La Bienal #00 ratificó la gran fuerza del sector independiente. La disposición autosuficiente de muchos de los artistas (en su mayoría desde lo outsider) demostró la autonomía de una buena parte del arte;  lo que quedó demostrado en la producción y promoción de sus propias exhibiciones a partir de sus códigos y perspectivas curatoriales de acuerdo a las características de sus espacios: Riera Estudio, el proyecto Bloque del Este en Alamar, el espacio Yo Soy el que Soy, el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), el Museo de Arte Políticamente Incómodo (MAPI), y otros. Por lo que me atrevería a afirmar que la realización de esta bienal fue una de las causas principales de la emisión de dicho decreto, sino la principal, al menos una piedra bien grande en el zapato del Ministerio de Cultura. “Estamos en una pelea cubana contra los demonios”, declamaría Alexis Triana, cual destacado exorcista combatiente, en una de las reuniones con los comunicadores de las instituciones del MINCULT,  donde calificó de demonios a los organizadores de la #00Bienal.

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El Decreto 349 apareció publicado el día 10 de julio de 2018, en la Gaceta Oficial de la República de Cuba. Había sido el primer decreto firmado tres meses antes por Miguel Díaz-Canel aún caliente su toma de posesión como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Un decreto que legalizaba la censura, que controlaba la forma de realización y distribución del arte, que juzgaba y regulaba el contenido artístico, que doblegaba la libertad de creación bajo la sombra del Querubín Protector Institucional y su aprobación, que (de manera gradual) iría aniquilando la cultura nacional. El decreto se pondría en vigor en el mes de diciembre de ese mismo año.

No es nada nuevo, “existe una tradición centenaria de censura que comenzó durante la Colonia española y continúa hasta hoy”, observa Antón Arrufat en ese texto optimista “Cuba no debe volver a la era de oscurantismo y censura” de Rubén Gallo en The New York Times. “Todo intento de censura termina por fracasar porque convierte la obra de arte en monumento: hace que la gente le ponga atención, le da fama. Al final, la censura se olvida y la obra perdura”, sigue Arrufat quien ha recibido los palos de la represión, ahora moldeado tal vez por esos palos o por la vejez.

En efecto, esto no es nada nuevo, la censura tiene su propia cronología en nuestra historia, pero de tradiciones sacamos experiencias, sólo no quedaron obras censuradas populares y perecederas, sino también aquellas (demasiadas) que se perdieron en el intento, en los segmentos más crueles de la “parametración”, silenciadas, quemadas, y con ellas, sus creadores. La memoria inconsolable de los que han luchado con todas sus fuerzas contra el horror de ya no tener la necesidad de acordarse, de no volver, bajo ningún concepto, a ese período gris. Cosa que no podrán restaurar ni Abel Prieto ni Alpidio Alonso con esos artistas perdonados, pues no se resucita esa obra que nunca nació, ese aborto provocado. No obstante, Arrufat conoció el peligro y sabe de su olor: “Los artistas y escritores podrían pagar un precio todavía más caro ahora. En los años setenta no existía ningún decreto ni ley que justificara la censura; ahora el derecho a censurar está codificado en un decreto”.

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Lo que sucedió luego de la publicación del decreto, el revuelo que provocó en un importante sector de la intelectualidad cubana, bien lo narra el periodista Mario Luis Reyes en el texto “Una carta contra el 349”, publicado en dos partes (I y II) en la revista El Estornudo, en el mes de noviembre del 2018.

En resumen, el 22 de julio Luis Manuel Otero junto a Yanelys Núñez, Amaury Pacheco Omni Poeta, Iris Ruiz y Soandry del Río deciden manifestarse frente al Capitolio embarrados de excremento con un cartel en contra del Decreto 349. Sólo Yanelys pudo llegar al punto de reunión y hacer la protesta, los demás fueron detenidos. Protesta escatológica que puso en estado de alerta a muchos artistas tanto dentro como fuera de la isla.

En el mes de agosto, Luis Manuel Otero Alcántara realiza otras acciones junto con un grupo de artistas desde su sede casa/estudio/galería Museo de Arte Políticamente Incómodo (MAPI) ubicado en Damas y San Isidro de La Habana Vieja, como un concierto suspendido bajo detenciones y realizado días después. El 12 de septiembre firman el Manifiesto de San Isidro en la propia sede. El manifiesto es un documento que define la postura y filosofía de los firmantes (además de los anteriores mencionados en la protesta frente al Capitolio, lo suscriben Michel Matos, Verónica Vega, Yasser Castellanos, Lía Villares, Adrián Alejandro Monzón, Aminta de Cárdenas, Tania Bruguera y otros que se siguen sumando), es una proclama por sus derechos como artistas independientes, una declaración contra la censura y contra el poder institucional que pretenden definir quién es o no artista amparados en una política cultural excluyente, por tanto rechaza y combate al decreto que bien se presta a controlar y castigarlos por su expresión y acción independientes, no obstante llama al diálogo y al entendimiento de las autoridades:

Llamamos a nuestra contraparte institucional a que nos escuche y nos comprenda, que acepte un diálogo que solo podría traer paz y estabilidad a la nación en las horas del futuro. A que entienda que muchos cubanos están listos para asumir la parte de responsabilidad que les corresponde como hijos legítimos de la nación

Un grupo de artistas e intelectuales, entre ellos los productores de esta serie documental, más Hamlet Lavastida, Leandro Feal, Reynier Leyva Novo, Camila Lobón, José Manuel Mesías, Carlos Garaicoa –por el camino se irían sumando otros– deciden redactar una carta contra el 349. La carta estaba dirigida al ministro de Cultura Alpidio Alonso, con copia a Norma Rodríguez, directora del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, y fue entregada el 17 de septiembre en las sedes de ambas instituciones. El documento reunía las dudas y los desacuerdos de 14 firmantes iniciales respecto al decreto y pedía una aclaración a muchos puntos del documento que quedaban imprecisos. A este tenor, la directora del CNAP programa una reunión para el 27 de septiembre en la misma sede del Consejo.

Desde la diáspora, otro grupo de intelectuales como Tania Bruguera, Coco Fusco, Enrique del Risco etc., firmaron una carta que rechazaba el decreto. Amaury Pacheco Omni Poeta comenzaba una campaña en las redes sociales con los lemas: “#NoAlDecreto349, Juntos podemos derogarlo, No al 349, Ley que convierte al arte en un delito”. El rapero Maikel Castillo El Osorbo realizó un concierto junto a otros exponentes del hip hop y el rap cubano en la sede de la AHS, La Madriguera, donde se pronunció en contra del 349; y a unos días de la presentación es detenido y condenado bajo una sospechosa sanción. David de Omni junto con otros músicos graba una canción en protesta y la hace circular por las redes. El grupo de teatro El Ciervo Encantado estrena una sátira sobre el trabajo de los supuestos “supervisores-inspectores del arte”. Sandra Ceballos escribe una carta abierta donde expone la involución que provocaría ese documento, la vuelta al quinquenio gris. A Ceballos se le intentaría difamar bajo falsas acusaciones en la revista digital La Jiribilla, único medio estatal que habría tocado el tema referente al Decreto hasta la fecha, no en pos de un análisis sino para desacreditar a los que se habían manifestado en contra.

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Mientras tanto, por los ordenadores de los comunicadores y especialistas de la institución cultural circulaba este email (facilitado por un extrabajador de Génesis, empresa estatal comercializadora del arte cubano, la copia aquí expuesta no ha sido corregida por lo que los errores que se puedan encontrar se deben a su autor original, el encargado de llevar las redes sociales en el MINCULT):

Comunicadores todos

Como comenté en la reunión de Creart el martes antepasado, se ha promulgado por el Consejo de Ministros el Decreto 349 CONTRAVENCIONES DE LAS REGULACIONES EN MATERIA DE POLÍTICA CULTURAL Y SOBRE LA PRESTACIÓN DE SERVICIOS ARTÍSTICOS, aprobado en abril y publicado en Gaceta oficial en el mes de julio.

Eso ha provocado una fuerte reacción en sectores de los llamados artistas independientes que comienzan a hacer una campaña, sobre todo en las redes, para desacreditar el papel regulador de este decreto y la función de legislar para cumplirlo que juega el Ministerio de Cultura. A episodios como los ecenificados por los miembros de la Bienal 00 frente al Capitolio de La Habana (que les comenté entonces) se han sumado otros en las últimas semanas protagonizados por los mismos «artistas» que pagados desde el exterior y con una agenda definida antiinstitucional, han comenzado a querer confundir a los verdaderos artistas, cuya obra y prestigio para nada se verán afectados con este Decreto. Nombres como Tania Bruguera, David d Omni, Luis Manuel Otero Alcántara… son algunos de los que encabezan esa nueva provocación. Por lo que debemos estar al tanto y comenzar a rebatir con argumentos sólidos para desmontar esa campaña. Para ello es esencial lo que podamos hacer desde nuestros perfiles institucionales y personales en redes sociales.

Para ello debemos definir las siguientes líneas de mensajes:

* Decir la verdad sobre el Decreto 349 y lo que persigue

* Expresar que el Decreto, ante todo, se manifiesta en contra del intrusismo profesional

* El Decreto protege a los verdaderos artistas y a los que tienen o construyen hoy una sólida obra desde el arte, sean o no graduados de nuestro sistema de enseñanza artística.

* El Decreto ordena la relación entre los artistas, su obra y las instituciones.

* El Decreto 349 está en contra de la chapucería, el mal arte y los advenedizos que, creyéndose artistas, escenifican actos de grotesca conducta y falsa estética como los que han protagonizado estos personajes que les mencionaba.

Les relaciono algunos link que ya se han publicado en contra de esta campaña y que se moverán con la etiqueta #PorQueHaceFaltael349, acompañada de nuestra etiqueta habitual #CubaEsCultura.

Mensajes como estos hay que comenzar a compartirlos ya y, lo que es más importante, crear otros desde la experiencia de cada institución y del papel que juegan y la relación que tienen con sus artistas.

Adjunto la Gaceta Oficial donde aparece el Decreto 349, no para compartirla (que para eso ya salió en la Gaceta) sino para estudiar y poder tener argumentos a la hora de elaborar los mensajes y/o contrarrestar un comentario de los que pretenden tergiversar el verdadero contenido de este Decreto.

Esperamos, como siempre, de la respuesta certera de todos ustedes y de sus instituciones.

Saludos,

Yansert.

Se pueden analizar aquí dos cuestiones fundamentales. La primera es la gran desinformación promovida por la propia institución, desde el momento en que impide compartir el documento en cuestión. Resulta totalmente manipulador el modo de incitar a defender algo ciegamente. Una idea que ha orbitado siempre en los discursos defensores del Estado, en la propaganda política, la retórica sectaria que mueva a la masa fanática. La ignorancia conlleva a la ira, a desacreditar y arremeter contra todo lo desconocido. Se habla con lenguaje peyorativo y difamatorio sobre el sector del arte independiente desde el momento en que se les llama “advenedizos”, que se creen “artistas”, sin la aprobación del Ministerio; en que se les acuña además la clasificación de “intrusismo profesional”; en que se califica su producción como “mal arte” y “chapucería”; en que se les acusa de escenificar “actos de grotesca conducta y falsa estética”, de ser pagados desde el exterior, de tener un móvil “antiinstitucional” y querer confundir a los “verdaderos artistas” que “tienen o construyen hoy una sólida obra desde el arte”. Se infieren comentarios conspirativos –teniendo en cuenta su campo de acción y contenido de trabajo en las redes sociales– con la frase tan especulativa y antiprofesional “(que les comenté entonces)” tratados en reuniones anteriores sobre acciones de protestas contra el 349. Se trata de una nota reflejo, el autor promueve sus perturbaciones particulares, o de la Institución en todo caso. El texto, la manera de hacerse entender a sus supuestos iguales, es tan agresivo como mismo el monstruo que describe. Sólo un advenedizo, puede maldecir así a esos artistas de sangre. Se trata de vilipendiar a los artistas que avizoraron la peligrosidad de este decreto y no se callaron. La institución es recelosa y desconfía de todo el que se le enfrenta, todo acto de resistencia, para ellos es un ataque.

El lenguaje punitivo y ambiguo que caracteriza al Decreto 349 es una inyección intravenosa  de censura para todo arte político, a los artistas con una obra crítica más radical. Sin embargo, puede camuflarse y actuar de manera muy arbitraria porque sus palabras quedan a expensas de la interpretación. Tal ley es creada para eso, como un arma de doble filo, para cualquier ocasión. De nada vale enmendar algo que desde su propia concepción está hecho para criminalizar lo que por derecho propio debe ser libre. El arte, su ética, no puede permitir concesiones.

Lo segundo que se trasluce es la defensa a ultranza y precisa sin cabida al análisis. No hay dudas al replanteo, se impone el convencer inmediatamente al desinformado –que apenas posee el documento– sobre las buenas intenciones de este decreto. Se crea otra campaña. Por primera vez en el arte cubano desde “Palabras a los intelectuales” existe un debate público, una confrontación de partidos, si se le puede llamar, confrontación o debate sobre aquella intervención de Fidel Castro que dejó bien claro por dónde debía encarrilarse la cultura cubana. En este caso, la institución se muestra temblorosa, reconoce el movimiento independiente como posible contrincante, lo ve Partido, y promueve una campaña para contrarrestar al oponente. La institución se encuentra en un momento de debilidad, como piensa Leandro Feal, citado en el texto “Una carta contra el 349”.

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Según narra Mario Luis Reyes en su artículo, llegado el día 27 de septiembre, el número de firmantes ha aumentado y se han añadido dos puntos más. Se efectúa la reunión en el patio del CNAP con los representantes de la institución Fernando Rojas y Guillermo Solenzal, viceministros de Cultura; Norma Rodríguez, presidenta del CNAP; Lesbia Vent Dumois, presidenta de Artes Plásticas de la UNEAC; Elmo Fernández, presidente de la Fundación Ludwig de Cuba; Jorge Fernández, director del Museo Nacional; y otros funcionarios. Tras un largo monólogo de Rojas, los firmantes discrepan sobre la función legitimadora del llamado Registro del Creador. Lester Álvarez señala la manipulación de un carnet que, si bien funciona como un mecanismo de regulaciones económicas, se está utilizando con fines de control ideológico, lo cual lo convierte en un instrumento represivo. Se obvian estas intervenciones y prosiguen los funcionarios con sus narraciones anecdóticas. Vuelve a tomar la palabra Fernando Rojas y habla de una futura legislación sobre los espacios privados (galerías, estudios de grabación, salas de teatro, locales de música) para que estén dentro de la ley, advierte que es un mecanismo para defenderlos a ellos, los artistas, del intrusismo profesional.

José Fernández, director del Museo Nacional, diserta sobre lo que es arte o lo que no y se muestra a favor de apoyar a galerías independientes, como El Apartamento, que no juegan a la politiquería barata a pesar de tener obras críticas. Fernández agrega que el ministro de Cultura está en la mejor disposición de dialogar en consonancia con la convocatoria del país a un debate público sobre la constitución, para pensar cómo estructurar esa política. Pero esta vez, la reunión poco ha esclarecido de las preocupaciones de los artistas, el diálogo no se direcciona a nada específico y las respuestas se diluyen en evasivas. Se pide una reescritura más clara; Rojas aclara que los funcionarios presentes no tienen esa facultad, pero que elevará esas inquietudes y pide a los artistas, en los meses sucesivos, tener un comportamiento a la altura, pues resulta importante para mantener el diálogo. Elmo llama a la unidad y se postula como un igual con los mismos intereses. Jorge Ángel Hernández, funcionario de la UNEAC, dice alguna barrabasada ininteligible; Elmo sigue hablando de la unidad y Norma da por concluida la reunión.

El comportamiento a la altura que pidió Rojas, la discreción, llamémosla mejor así, no duró mucho. En espera de una respuesta, la noticia de que se habían reunido artistas con funcionarios de Cultura salta a las redes sociales y se dispersa como pólvora. Enseguida se extiende en medios de prensa independientes la noticia de que unos treinta artistas reclaman la derogación del Decreto 349. Ante las inevitables filtraciones, la institución se muestra receptiva y lamenta el hecho de que los artistas estén pidiendo una fecha para la respuesta definitiva. El plazo que se le había propuesto al Ministerio de Cultura expiró. Se decide entonces mandar al Ministerio una nota aclaratoria junto a la carta en la que se reiteran las peticiones y se expresa el temor a que la institución deslegitime el debate y tome como argumento lo recientemente publicado en otros medios.

El 31 de octubre, pasado poco más de un mes desde la reunión en el Consejo y sin obtener respuestas, entregan la carta en las Oficinas de Atención a la Población del Comité Central dirigida al Presidente de la República. Sin obtener alguna respuesta, y ya sin ánimos de sostener algún intercambio con la institución, el 20 de noviembre el grupo envía toda la información (cada uno de los documentos redactados y una introducción) a diferentes medios de prensa. La carta ya poseía 100 firmantes cuando se hizo pública al día siguiente. El debate tocó el espacio público e indudablemente sumó muchos más firmantes a la causa.

El 7 de diciembre era la fecha señalada para poner en vigor tal Decreto. Días antes se respiraba una gran tensión debido a la fuerza desatada por la campaña de los artistas independientes, el ruido de la prensa internacional, las detenciones arbitrarias, huelgas de hambre, etc. Cuando en la Mesa Redonda, Fernando Rojas y Alpidio Alonso hablan sobre una posible revisión, del aplazamiento del cuerpo de leyes para aclarar algunos puntos, y del carácter no censor del decreto, los ánimos se calman. El 349 quedaría a la misericordia de la burocracia, pero eso no significaría que en un futuro se depurara y fuese puesto en práctica. Aunque la aplicación del Decreto ya no era algo inmediato, la sospecha de que algún día el arma pudiese ser utilizada resultaba aún muy probable, pues había quedado en suspenso la tan anhelada derogación.

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El 23 de diciembre se convocó un juego de fútbol en las afueras del centro deportivo José Martí como forma de protesta contra el 349. Allí se reunió un grupo importante de intelectuales y artistas que de alguna manera habían participado en la campaña contra el decreto. El gol representaba la victoria, estaban en juego los derechos y la libertad.

Luego del partido surgieron las ideas para la serie Sin 349, en casa de Ítalo Expósito, en El Vedado. Abel González sugirió el proyecto de hacer una serie que recogiera todo lo que había sucedido con la carta en ese largo proceso de análisis, debates, reuniones, me cuenta Kevin Ávila. Lester Álvarez, quien había tenido una idea parecida, se conectó con Abel y juntos comenzaron las aplicaciones para generar el proyecto.

Cuando Lester y Abel avanzaron en las aplicaciones y el Grand Prince Claus comenzó a ser más cercano le comentaron el proyecto a Ávila y lo invitaron a formar parte de él.

“Ya sabes que el cine funciona diferente a las artes visuales –el mismo Welles se quejaba–, puedes invertir el 80% del tiempo buscando fondo, así que casi al año del acontecimiento y del silencio por parte de la oficialidad acerca de las «Normas Complementarias» y del destino de este decreto, el Grand Next Generation que ofrece la Prince Claus nos fue otorgado y con eso ya la serie era un hecho más concreto. Exactamente al año, en agosto, se estaba rodando ya la primera temporada”, me comenta Ávila.

Kevin fue uno de los firmantes iniciales de la carta contra el 349. “Yo estuve bien de cerca desde que se redactó el primer borrador de la carta y pude observar todo el acontecimiento y tengo una idea bien clara de lo que nos interesa de todo esto. Me lanzo a trabajar basado en la necesidad que hay en Cuba de generar documentos que recojan la percepción de una realidad concreta, de fenómenos significativos que ocurren y luego simplemente se oscurecen en parte porque nadie ha tenido la voluntad y energía de producir la documentación”, prosigue el director de la serie.

Este joven artista cree en la importancia de generar un trabajo a partir del cine –medio ideal para llegar a un público amplio y, al mismo tiempo, conservar un carácter creativo y de autor–, en la experiencia, como documento cívico, frontal, expositivo. “Es una oportunidad que de ningún modo dejaría pasar, aparte del hecho de trabajar con artistas que igualmente admiro. Este momento –prosigue Kevin– no se brinda para producir metáforas sobre la realidad, sino obras directas que expongan de un modo más eficaz qué está ocurriendo en Cuba”.

Yo comparto la idea de Kevin. La serie Sin 349 será una pieza indispensable, necesaria sin dudas. Una forma realmente efectiva de hacer llegar a los cubanos nuestra preocupación, porque al final todos formamos parte de la misma cultura. Es una serie vital para espabilar esa desidia nacional. Si algo bueno provocó el 349, fue poner a una gran parte del sector cultural en estado de alerta, desencadenó una lucha democrática por los derechos a la libre expresión. Nos hemos unido, hemos ganado fuerza. La serie procurará contar la historia de un hecho significativo en la historia del arte cubano, será un documento que, en un futuro, los que estudien el curso de la creación artística cubana tendrán que visitar.

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