‘Ecosistema en vuelo’, Rubén Fuentes, 2019

Los sabios dicen que el estado omnisciente es aquel en el que el alma encarnada se vuelve una con todo.
Guru Gita

Vuela la pintura, no porque se convierta en un pájaro, no porque el trazo se pierda en el lienzo, sino porque nos hala y nos funde con ella.

Rubén Fuentes es al mismo tiempo un pintor y un pensador tenaz, como han señalado los críticos que se han acercado a su obra,[1] investiga poniendo en función de su creación el conocimiento acumulado, porque para él significan lo mismo: sensibilidad y sabiduría, actuar y amar la vida.[2]

En la exposición Anthropo-scène la representación humana fundida con árboles, montañas y animales se reiteraba desde diferentes soluciones formales, en la muestra Coexistencia, Fuentes toma otra dirección, en la que predominan animales envueltos en circunstancias que los corporizan mezclando el mundo natural con el animal. Partiendo de esta premisa, acoge situaciones que representan mitos, leyendas y creencias reinterpretadas desde una perspectiva que expande su significado original.

La experiencia creativa acumulada tras más de diez años de trabajo con antiguas técnicas

‘Espíritus psicopompos’, 2019

orientales basada en la utilización de la tinta china, así como de pinturas monocromas cuyo tema central es el paisaje, se dirigen en esta ocasión hacia una combinación de tinta, acrílico y óleo.

Dieciséis obras, y un políptico parecen agotar esta mezcla de animales metamorfoseados o trasmutados, que se convierten en espíritus custodios del ser humano guiándolo por el camino a emprender, o evocan sucesos que denuncian los graves problemas que está provocando el cambio climático a la naturaleza y cómo ello es resultado de una política errónea en la utilización y conservación del medio natural.

Siguiendo esta perspectiva, Rubén Fuentes hace pintura de su espiritualidad, no en el sentido de la habitual presencia de este componente en la creación, sino concibiéndola portadora del propio hecho pictórico, en el que animales y naturaleza se enfrentan a los humanos con el poder que conlleva la vastedad infinita de lo natural. La presencia que adquieren es de una perdurable belleza que justifica la metamorfosis que los hace fuertes y delicados, difíciles de describir y al mismo tiempo, portadores de antiguas tradiciones que parecen sostener una zoolatría vinculada a ceremonias, mitos o a las fuerzas totémicas que los sostienen.

Este bestiario, que sólo existe en el mundo fantástico creado por Rubén Fuentes, se formatea en formas conocidas ideando otra carne frondosa y tupida, que siempre está en calma. Si los animales semejan un monstruo bueno, los árboles constituyen figuras salidas de un cuento desde el que parecen decirnos: “aprende de mi silencio”, “todo perdura” y “todo es efímero”

Bajo esa calma, intemporales y estáticos, dan la impresión de que los encuentros entre ellos nos acercan a la exacta disciplina del sabio que conoce cómo transitar del macro mundo al mundo espiritual sin levantar sospechas, un tránsito que se presenta como otra de las constantes de su creación.

Aunque la calma, el sosiego y la tranquilidad son cualidades de estas composiciones pictóricas, el estatismo y el sobredimensionamiento de las figuras, paradójicamente imponen cierto temor, pues parece que nos anuncian un acontecimiento que está por venir sin que sepamos cuál es. Tal bruma de intenciones como son la calma y el temor, que en apariencia suelen ser opuestos, dota a las obras de sensaciones y afectos, dando por resultado que acercarnos a estos no humanos nos humaniza. Detrás del ser humano hay mucho dolor, tras la naturaleza un amor que nos abriga.

Ante tal fuerza y tal belleza no es posible ser indiferentes.

En la presente muestra distinguimos animales sujetos a acontecimiento que los empoderan sobre los humanos: “Mis obras poseen una arborescencia continua, una boscosidad que todo lo puebla y lo abarca […] el mundo salvaje resulta ganador sobre el mundo civilizado […] Un mundo en el que la naturaleza ha retomado su papel de heroína, y como en los paisajes chinos y japoneses del san shui la figura humana es como un pequeño insecto, apenas perceptible.”[3]

La filosofía del desposeído en este caso toma la investidura de un enfrentamiento entre dos mundos, en el cual hay un agresor y un agredido, por ello sus lienzos nos presentan encuentros, enfrentamientos y batallas que le ofrecen, según el autor, una voz a los que no pueden hablar, voz que se desliza contándonos sobre la leyenda de un cuervo convertido en montaña acompañando a un chamán en su viaje de interconexión con la naturaleza, osos disueltos en glaciares que se derriten producto del cambio climático, un león que se funde con la montaña metaforizando significados históricos, el tránsito entre los mundos visto a través del paso de una abertura situada entre rocas y vegetación o desde una elevada escalera cuyos peldaños están formados por plantas, bordeados por árboles y coronados por una luz intensa como apertura a otra dimensión de la vida.

‘Epitafio’, 2019

A pesar de la elevada dosis de espiritualidad que los lienzos contienen, asombra el carácter contemporáneo que portan. Las imágenes de animales con rasgos humanos se repiten en filmes fantásticos y de aventuras, podemos recordar entre otros, la trilogía cinematográfica El señor de los anillos, del director Peter Jackson, o Avatar dirigida por James Cameron. Varios podrían ser los ejemplos del uso de animales y sus transformaciones, pero si bien esto forma parte de la visualidad actual, sujeta en muchas ocasiones a las demandas que el mercado ejerce sobre este género de cine, no es este el camino elegido por Rubén Fuentes –aunque sus figuras tienen mucho de imagen fílmica, a veces por sus enormes tamaños, otras por su legendaria apariencia, lo que las personaliza y hace diferentes–, son los significados de valores humanos que cada imagen detenta.

También son temas de Coexistencia los cultos sincréticos cubanos, un rico universo de leyendas y pataquines, en los que predominan enseñanzas y sabiduría ancestrales. En ellos se inspira la obra La mesa de Ochun. Esta es una deidad del panteón Yoruba que tiene el poder de comunicarse con el mundo animal y ser portadora de la fertilidad y la abundancia. La pieza realizada con acrílico muestra dos árboles frondosos que sostienen el caudal de la vida, sus ramas se extienden separadas por un río y en cada orilla asoman animales que intentan comunicarse entre sí, logrando un paisaje de ensueño que podría ser la esencia de la vida.

‘La mesa de Ochun’, 2019

En otra obra del año 2014, Llegada a la gran ceiba, el artista recrea la imagen de este árbol que es venerado por todas las religiones afrocubanas: “el tronco sagrado de Olofi, el palo más poderoso, el más santo y misterioso”.[4] Las funciones que desempeña van desde servir de talismán, como depositario para enterrar daños y hechizos, hasta un sitio donde se ofrece comida a los muertos y se realizan ritos funerarios. La imagen del árbol se idealiza rodeada de una niebla azul, se duplica como si brotara de un lago que le sirve de reflejo, proyectándose desde el interior de la tierra a la vez que flota ingrávida, para que su presencia sea solo un sueño.

Esta zona de la obra de Rubén Fuentes nos brinda diferentes lecturas por medio de las que se impulsa el género del paisaje más allá de su apariencia, hacia las complejas circunstancias que se viven en el presente, vistas desde el interior de los significados y los valores que hacen de la naturaleza el ánima que nos hace humanos. Esto explica el porqué de que cada obra contenga una narración, un suceso específico que nos ayude a comprender la carga cultural y espiritual que la personaliza, lo que en realidad son metáforas de una mirada a nuestro presente.

El camino de la vida ha hecho que dos hombres se encuentren, uno es el artista que nos ocupa, el otro, el profesor y pensador Gustavo Pita. Rubén Fuentes fue su discípulo en sus años de aprendizaje académico. La doctrina filosófica del maestro Pita, su forma de humanizar el conocimiento, de concebir la vida, cautivaron a más de un discípulo. Su magisterio germinó en Rubén en su forma de imaginar su obra, de amasar una pintura de la que brota otra existencia en la que todo tiene espacio, desde un pájaro en vuelo desplegando sus alas atravesado por ríos que lo fragmentan, u orangutanes muertos cubiertos de palma aceitera, hasta un bosque al que cuidan los animales y maltratan los hombres, desde las dudas hasta los convencimientos.


Notas:

[1] Entre los trabajos dedicados a la obra de Fuentes, destacan el texto de Suset Sánchez: “Sobre la contemplación (desde algún lugar de occidente) de los paisajes de Rubén Fuentes”, el de Gustavo Pita: “Islas y montañas”, y el de María Carolina Piña: “Paisajes mentales, un llamado a respetar la naturaleza”.

[2] Al respecto, se puede consultar su tesis doctoral: “Influencias zen de las pinturas monocromas orientales en obras de los artistas cubanos Tomás Sánchez, Leandro Soto y Rubén Fuentes”, Universidad Politécnica de Valencia, 2015.

[3] Rubén Fuentes. “¿Por qué pinto paisajes en la época del antropocentro?”, texto inédito.

[4] Luis Ramírez Cabrera: Diccionario básico de religiones de origen africano en Cuba, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2014, p. 77.

MAGALY ESPINOSA
Magaly Espinosa (La Habana, 1947). Curadora y crítico de arte. Doctora en Ciencias Filosóficas en la especialidad de Estética en la Universidad de Kiév. Entre los años 1996 y 2014 fue presidenta de la Sección de Teoría y Crítica y de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC. Ha sido tutora, realizado oponencias y formado parte de tribunales de tesis de grado, maestría y doctorado en Cuba y Colombia. Ha impartido docencia en Universidades de Colombia, Ecuador, Brasil, España y Cuba. Ha escrito palabras para catálogos de exposiciones realizadas en España, Suiza y Cuba. Entre sus libros se encuentran Indagaciones. El nuevo arte cubano y su estética (Cauce, Pinar del Río, Cuba, 2004) y Antología de textos críticos: el nuevo arte cubano, coeditado junto a Kevin Power, (Perceval Press, Santa Mónica, España, 2002). Entre sus exposiciones comisariadas se encuentra la colectiva: Hoy desde los 80, Casa México, La Habana, noviembre-diciembre, 2016.
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