Ramón Hondal: poemas

    Lo que cuelga

    Pasar bajo el lugar que cae. Pasar una y otra vez con la piedra sobre la cabeza. Pasar para allá, pasar para acá, y mientras lo que cae se viene abajo uno que no es vuelve a pasar.

    Para allá, para acá.

    Cae.

    Toca el piso la piedra con la carne. Todo se mezcla. Sobresale el polvo que sube no la carne. Cada piedra que cae se convierte en polvo, cada pierna que se quedó arriba y cayó se perdió en el escombro.

    Llega tarde.

    No pasaba por debajo de lo que caía y puede ver, narrar.

    Su pierna pisa la acera y mira al bulto de piedras que ocupan la calle. Allí, en ese bulto de piedras estuvo la pierna que se quedó sin piso, cayó y no pisará más.

    Desde la altura la fachada ha sido tirada abajo luego.

    Sólo queda un falso piso que no sostiene ningún paso. Un piso que lleva al aire en cuyo borde están los que pisaron alguna vez lo firme.

    Allí está la cocina, la mesita aún tendida al borde, los platos en la meseta o puestos en la mesita, los cucharones colgados de la pared, los jarros. Todo intacto. Colgando. Tieso. Al aire. Sin pared.

    Avishai Cohen. Remembering.

    Ha sido retórico. Se ha vuelto a lo mismo en cada giro del tocadiscos, se adornó aquí y allá con algunas notas. Se creó un recuerdo encima de otro.

    Ostinato.

    Capas en que las notas suenan y avanzan siempre unas sobre otras. El ostinato es el apoyo de lo que suena. Todo se apoya en el ostinato.

    Un piano repite y repite el mismo riff. Se agregan notas. Se quitan. Una y otra vez el mismo riff que agrega o quita.

    La base es la misma, el ostinato.

    El disco gira y repite su scratch. Todos tienen scratch. El scratch es parte del sonido y es parte del recuerdo. Se adorna aquí y allá. El scratch también fue el piano y la trompeta y el violonchelo que repiten y repiten el mismo acorde.

    La canción y el cuerpo repiten el mismo riff. La memoria repite lo pasado. El disco repite su scratch.

    El solo del bajo es el adorno que se cuela entre un recuerdo y otro, uno lo inserta entre repetición y repetición. Es el adorno ostinato de un riff. Capas donde poner por bajo notas que avanzan y avanzan unas sobre otras.

    Las capas, los adornos, clavados en el lomo del ostinato-riff, se mezclan clavados en el lomo de los puntos eléctricos del scratch-ostinato-riff, y el cuerpo ajeno a la música se mezcla con las notas.

    Una y otra vez el riff. Ostinato. El disco aun gira en el plato. El brazo con su aguja sorda se levantó y ha quedado suspendido en el aire.

    Ostinato.

    Entre, póngase a la mesa. Coma. De lejos coma.
    Mire los ojos de los dos. Una pierna sobre la otra para comer. Enredado
    todo. La lengua y la pierna. Nunca todo. La voz dentro del plato. La
    lengua en el líquido. El estómago. El banco dejado atrás.
    Entre. Siéntese allí. Enrede sus piernas.

    —Esta silla…
    —Mucha voz aquí.
    —Las piernas en la lengua.
    —En todos el deseo. La palabra. El pie. Como un eje.
    —Comer con la pierna en la lengua.
    —Hay frío aquí. Y es chiquito.
    —Niega el otro.
    —Agua.
    —Comida.
    —Parar el estómago. Un estómago enfermo.
    —Una pierna en el estómago. Con lengua.

    Se agranda el espacio de afuera hacia adentro / se eleva en ascenso / la boca ronda el espacio y enmudece / arranca la voz cuando la inmadurez se instala / allí se queda donde la voz dice su altura / donde el ojo afuera y adentro / donde dedos en bóveda-zapato / agrandar el espacio / se pisan los que vienen de un espacio nunca raspado / la inmadurez se instala en el espacio que se agranda / se eleva y va en ascenso / no hay ojo que vea espacio posible afuera / donde el silencio de la voz es la única letra / se vende / las prótesis que compran / intercambiar muñón / muñón que se agranda / en ese afuera y adentro / agranda el espacio / y separa boca de boca

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