‘La angustia de la salida’ (detalle), Giorgio de Chirico, 1913-1914 (ALBRIGHT-KNOX ART GALLERY)

el dermatólogo colgó dos cuadros de personas manchadas
no se distingue si son las alergias o quemaduras de sus víctimas
o quizás el café o el sol sobre cada retrato derramados

la humedad de los muros y el paciente

intenta pintar conejos
es elmer con la escopeta
sos camina sobre sus pasos
la pelea galgo antes de la pelea
al pincel de la pantalla al pincel
rita y viceversa que tirita y viceversa
ejo y suerte se escapan conejo y suerte
re sus huellas se arrastra sobre sus huellas
de perder tiempo con furia de perder tiempo
asta el piso de su pieza gasta el piso de su pieza

* * *

le examinan la piel y desprecia esas manos
como al sol cuando pega de costado de más
daña y se lleva un solo dedo hoy directamente
hacia la boca afuera la enfermera de otro afiche
quizás quemado de café de sol pidiéndole silencio

le muestra esta maqueta de un estadio
era madera ahora es fuego tuvo

las graderías hacia afuera
para que el público
viera a las transeúntes

estas dos plazas por ejemplo

banda de infantería toca cumbias
promueven la infidelidad los árboles
camuflan uniformes zapateando
chiflan y llaman a agitar las palmas

cubiertas de pies a cabeza
las niñas musulmanas juegan fútbol
las faldas negras y los brazos
en alto como ramas en ventisca

pero las transeúntes prefieren ser el público

* * *

diez polinésicas de edad mediana acampan solas una vez al año
imitan el paisaje con diez cuerpos

te quiero porque sé que puedo irme

una contempla el horizonte sentada en una lavadora
viene de hablar con el asesino de su hijo

otra va rumbo a la boletería del tren no sabe si comprar asientos
mirando hacia delante para que los árboles se le acerquen
o hacia atrás para alejarse de su casa

el vecindario vencido

recuerda un disco línea por línea lo tararea
trece años sin escucharlo mientras hace memoria para encontrar las llaves

el pacto de los perros con los obreros ferroviarios
trae a los perros a las vías solo tras la puesta de sol

la tiene en sus rodillas y no parece su padre

es cierto me la paso durmiendo
pero solo te apareces cuando

es cierto las ventanas están abiertas
pero cómo saltar con estos mosquiteros

todos los trenes chocan
elije uno en el cruce al cual seguir como a un muchacho en el mercado

el bosque se le cae a un pozo de yeso y lo seca al tobillo
mientras otra de las diez dibuja el cementerio de mascotas de su lote

el viento impide abrir los ojos
gira y el sol es quien no deja

en la línea del tren las niñas juegan a dar vuelta un neumático
sudan como sus madres

la última corre sobre un puente los pequeños pechos parecieran
salirse del vestido a flores trae su examen y a lo lejos

* * *

una mujer o un hombre se desnuda
ante quien quiere abandonarla o
esta tarde

y lo sabe
desabotona su camisa
igual que quiebra nueces pero

lentamente
con la música

el pecho el abdomen los hombros

ENRIQUE WINTER
Enrique Winter (Chile, 1982). Escritor y traductor. Ha publicado en once países y cuatro idiomas los poemarios Atar las naves, Rascacielos, Guía de despacho y Lengua de señas, además del disco Agua en polvo y la novela Las bolsas de basura. Traductor de Dickinson, Chesterton, Larkin, Howe y Bernstein, ha recibido los premios Víctor Jara, Nacional de Poesía y Cuento Joven, Nacional Pablo de Rokha y Goodmorning Menagerie, entre otros, y las residencias de narrativa de la Sylt Foundation en Alemania y de la Universidad de los Andes en Colombia. Abogado y magíster en Escritura Creativa por NYU, dirige el diplomado homónimo de la PUCV.
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