To the Lighthouse

La lucidez colocada en el tampoco,
sobre la negativa conveniencia de dos rostros que se miran
con el vacío de lo ahondado
o del charco que crece.
Interpelados por los ejes de sus cuellos opuestos
como dos faros averiados refiriéndose sin fin
señales sin clemencia
en códigos de luz que a la par rondan
negándose de lado a lado.
Porque puede que todo comenzara ahí.
Bajo el lucro de dos negaciones dudosas pero ejecutivas,
a favor de algún orden lejanamente acordado.
Por respeto a lo simétrico
al balance
al orden.
Por respeto
a la pérdida que estimamos inevitable
como cuando, callados,
aquel día implícito y sin fecha,
convenimos este presente
ya que tal vez
todo en el mundo comenzó con un no
y cada partícula y cada molécula se atavió
de instantes consumados
previos a cualquier hora,
y esta separación es aquel principio presentido
incluso incitado
pero sin contraste
al fin.

Mástil

no no no
pero siguiéndola
Idea Vilariño

Dices sentirme aposentada
con voz clara sin aparente vértigo
y pienso entonces sentirte
tan última a mi sensación
de faro malogrado
–¿recuerdas aquella luz que no acababa
de encenderse y que privó
al protagonista de su sombra?–
que procedo a mirarte
y decirte, M–, aún no preciso
extraerle simpatía a la piedra
y ruego me digas
a cuáles voluntades postergarme
como una marea de repente
retrospectiva
y, en cambio, a cuáles arrimarme.
M–, acaso recuerdes
cómo aquella idea
un día se ató al mástil
diciendo
decir no
repitiendo
decir no
al fondo a la embestida a la cuerda rota
si bien persiguiendo cada una
porque –¿ya recuerdas?–
ella quería darse a un orden
al revés de la respiración.

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