Flavio Garciandía, ‘Untitled’, 1988

El pico de aura

“Todo lo nuevo es malo”, lo dijo Buda
un pie en la cumbre helada
escarcha de styrofoam azucarado.
Un solo pie, un solo dedo gordo.

Plastilina cayendo en Filistina
pintada sobre el fondo y un tren
sobre raíles de oro y neones
de sapos saltarines y manos abiertas y cerradas.
Aviones ciegos, largos como lombrices del éter.

El ruido estereofónico que es al polvo
lo que el silencio a la muerte, o algo de eso.
Que es al polvo lo que la historia a un concierto
para clavicordio y moto. ¿Quién recuerda?

El polvo cae sobre las calvas.
El frío es falso como la luz eléctrica.
Es una nieve creada en Hollywood
con trizas de cometas que degeneraron
en negros atletas cósmicos.

El frío de gavetas donde se guarda el odio:
cadáver con un cigarro sobre la oreja.

En su barriga retumban caracoles y perniles
de ciervos, barbacoas y pedernales, cálculos
renales y mierda.

“Todo lo nuevo es malo” —malo en el sentido
de sintético. “Síntesis” es la mala palabra
y la flecha que apunta al falso cielo.

“Demasiadas letrinas. Hay que cortar cabezas.”
Lo dice Buda, inspirado en ecologistas de moda.
“Demasiadas letras escritas en la nada. Demasiadas
portadas. Demasiadas bajas que piden ser descontadas.
Demasiados descuentos y rebajas.”

En el pico del aura Buda se mece como
una hamaca birmana. No es él, sino
el aura la que habla. Tartamudea porque Buda
resbala, cuelga por un hilo de una nalga, la caca
que el miedo expresó como tela de araña.

Sus palabras son tramas, son trampas,
y la nieve de moscas cae en las calvas santas
de veinte mil monjes desnudos pintados en
botellas de salsa. Un gallo, una rana,
una charada: todo cuelga del pico de botella.

Como el aura vomita en la boca de sus polluelos,
así el Buda sopla en el pico de la botella.

Paradojas burguesas

Necesito despintar la corona de tus días,
rasparla con un cristal, un pedazo de vidrio,
arañar el plástico navideño y frío
hasta llegar al gris.

Necesito la bulla y la muerte y el escándalo
de este mundo de paradojas burguesas,
de cortesías burguesas, de alegrías y hamburguesas,
tan lejos de Hamburgo.

Necesito bombardear a Dresde desde el aire
de mi boca, escupir para arriba para que la
saliva caiga en el búnker de las buenas costumbres
de tumbas laborales en el valle de Palo Alto.

¡Cómo detesto la corona de tu desdemocracia!
Le he cogido asco a la representación, prefiero ser
abstracto, indiscreto, degenerado en cuestiones de arte,
totalitario en cuestiones de sentimiento.

Necesito arrancarte los grados de nácar, las perlas
de sabiduría, talar tus árboles navideños,
escupir al niño en su pesebre de hielo, hundirle
el hacha en el pecho hasta llegar al fuego.

Hasta llegar al nervio, a la materia gris de su invierno,
a su negro corazón de carnero. Arrancarlo vivo, como esas cajitas
que lloran al menor movimiento. ¡Llanto de muñeco!
Materia gris, falso corazón y movimiento: Hamburgo y kétchup.

Poemas perdidos

Estaban en cajas que dejé en casa de alguien que padecía de sida.
No fue un sueño. Pero ahora parecían sueños en la distancia
infecunda. Fragmentos de un libreto que no llegó a estrenarse.
Los dejé en sus manos de uñas mordidas.
Sus ojos ardían con el fuego de crematorios. En el
horno cercano calentamos las pipas del opio de los pueblos.
Chupamos. Entre toses, le dije: “Quédate…” No completé la frase
“…con ellos hasta que yo vuelva”.

Regresé a los diez años. Un viejo pederasta abrió la puerta
calcinada por un incendio. Te vi, por encima de su hombro,
y vi los cráteres del sarcoma como
planetas rojos que velaran tu forma. Me miraste con odio.
Como el ciervo mira al crematorio. Nadie tiene derecho a asomarse
al lugar donde alguien arde. Arde en deseos de aspirar la ponzoña.
Todo se había cumplido. Aguardabas la muerte como el que espera
que pase una ventolera. El viejo en el umbral. Las paredes quemadas.
Los estantes, mansiones de tinieblas. El trono de Satán donde callabas.

Cubierto de úlceras, te asomaste a la puerta.
En calzoncillos, por detrás del hombro del viejo, para mirarme.
La botella de vodka en el puño, para arrojarme. Los poemas perdidos
se habían hecho carne.

Sunny Isles

Jugábamos pesado en la cama. Las almohadas sucias, el edredón
manchado. La esperma de una vela ardía delante del
retrato de un hijo. Un auto largo y ancho, de otra época.
Una playa. El rumor de las olas entraba por la puerta y
los diálogos de una película de relajo que no mirábamos
pero que tampoco dejábamos de mirar. Un plato de habas
blancas de alguna despensa humeaba. Muslos de pollo
y los muslos de un negro contador afeitados, debajo de una bata
color menta. Había ajo en su aliento. Flores de cera en un búcaro
de vidrio. Exigías de estos hombres, y de otros recostados a
la lavadora de platos, fidelidad total. Vasos abandonados
sobre el tocadiscos, encima del vano. El oscuro placer de quienes
ocultan su fracaso en una coterie demasiado burlesca para
ser tomada en serio. Estos hombres de barrio que tú llamabas girlfriends.
Teatro mínimo y salida al balcón. Mareado por la brisa del aire
acondicionado, aspiré el aire puro. Toda esta inocencia sería
calcinada dentro de poco. Todo juego cobarde, expuesto. Abríamos
heridas en los otros con los puños, metíamos la mano en el hueco
buscando el fin del arte, la fruición suprema de una época sin estilo.
Cada cual llevaba escrita su condena en la gomina seca, en la raya
torcida de un pantalón. No hay signos habituales. No hay cuadros de
Bronzino que expresen la difteria, ni Verrocchios a la entrada de la nueva
pestilencia. La plaga es más sutil que cualquier mármol. El Vaticano
conmemora una variante antigua de nosotros. Pero se nos olvida.
Arrojé el cigarro a la calle desde el trigésimo piso. Cuando cayó
al asfalto, las yescas se arrastraron delante de los autos como
pidiendo perdón…

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Néstor Díaz de Villegas (Cumanayagua, Cuba, 1956). Poeta, editor y ensayista. Fue estudiante de arte, pasó por la cárcel en Cuba, y emigró en 1979 a los Estados Unidos. Ha publicado varios volúmenes de poesía, recogidos todos en Buscar la lengua (2015). Fue el fundador de Cubista Magazine (2004-2006). Su más reciente libro, De donde son los gusanos: Crónica de un regreso a Cuba luego de 37 años de exilio (2019), ha sido publicado por Vintage Español.  Reside en Los Ángeles, California.
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