En los próximos meses aparecerá una antología de los poetas más o menos jóvenes, es decir, de Rolando Escardó a Severo Sarduy, pasando por Fayad Jamís, Retamar, Pablo Armando Fernández, Roberto Branly, Pedro de Oráa, Heberto Padilla, José A. Baragaño, Luis Marré, etc., etc. Como todavía son ellos poetas inmaduros sería curioso abrir de nuevo la antología allá para 1980. En veinte años más se sabrá si de tal antología ha surgido un gran poeta, un pequeño gran poeta o si todo es medianía. Volviendo a 1959, resulta inquietante para cada poeta cuál de entre ellos será el elegido; tan inquietante que vendría a ser como abismos abiertos a sus pies. En una mano la gloria y en la otra el olvido. ¿Quién borrará a quién? Todo esto es sencillamente alucinante.

A propósito de producción (y ahora hablo en sentido exclusivamente masivo), ¿cómo meterse en la conciencia de cada artista nuestro para saber lo que ha escrito, real y efectivamente, en este año? Como en un cuento de Perrault o de Andersen, al dar el reloj las doce campanadas del 31 de diciembre, surgirían ante nuestra vista tantas novelas, tantos cuentos, tantos poemas, tantas obras de teatro y tantos y tantos ensayos. ¿O surgirían muy poco y acaso hasta nada? ¿Se ha producido a toda máquina o se ha sentado uno en el café a ver volar las moscas? Pienso con nostalgia en aquellos días en que Balzac y Dickens estaban obligados por un contrato. A tanto la línea, y en tal fecha. De esos contratos salió La comedia humana y casi toda la obra de Dickens. Pregunta a Carpentier: ¿Por qué no pone usted a cuatro o cinco de nuestros escritores bajo contrato? Apasionante experimento.

Me dicen Guillermo Cabrera Infante y Pablo Armando Fernández, director y subdirector respectivamente del magazine Lunes de Revolución: “Nunca hemos logrado tener por adelantado dos o tres números del magazine. La gente no manda colaboraciones. Nos pasamos la vida martillando y aun así el material que nos cae resulta bien escaso. Dentro de este material son poemas lo que más abunda, algunos cuentos y prácticamente ningún ensayo. Después se quejan porque el magazine peca de exceso de traducciones, pero si ellos no mandan nada, o muy poco, ¿cómo confeccionar nuestros números con un material netamente nacional?”

Aquí se plantean varias preguntas: ¿Se escribe? ¿No se escribe? ¿Se escribe pero prefiere mantenerse inédita la producción? ¿O no se escribe porque se piensa que no hay tema? (el otro día un escritor me confesaba que no era juego de niños encontrar tema apropiado; otra vez estamos metidos de lleno en el nunca bien maldito nivel). Por mi parte opino, en relación con esta ausencia de colaboraciones, que el escritor cubano se encuentra todavía a bastante distancia de lo que se conoce con el nombre de método de trabajo. Se escribe un poco a la diabla, asimismo no se está muy seguro de lo que se escribe y no es menos cierto que nos pasan muchas ideas por la cabeza pero no sabemos cómo fijarlas o, por pereza muy tropical, vamos aplazando su plasmación para un día u otro. Por último, quisiera verme desmentido con la llegada a Lunes de Revolución de toda una avalancha de textos. Me quedaría desinflado pero el magazine engordaría notablemente.

Acaba de aparecer el segundo número de la Nueva Revista Cubana. Hago esta sugerencia a su nuevo director: así como ocurre en las orquestas, ¿por qué no traer directores invitados a la revista? Si la revista es cubana y si los directores invitados son cubanos, no hay duda que nuestra cultura ganaría considerablemente con tan diversas interpretaciones. ¿Imaginan ustedes lo que sería un número dirigido por Carpentier, o Rodríguez Feo, o por Cabrera Infante, o por Guillén o por Baragaño? Lanzo, pues, formalmente la idea de los directores rotativos, con entera libertad para la estructuración del programa a ejecutar. Tendríamos así toda la gama, desde el rapé hasta la TNT, desde un simple estornudo hasta volar por los aires. En el extranjero no saldrían de su asombro admirativo, y en Cuba todos dirían a una: “Por fin tenemos la Nueva Revista Dinámica Cubana”.

Por último, están a punto de concederse becas o bolsas de viaje del Instituto de Cultura. Gran expectativa, mayor tensión entre los aspirantes. Pero yo les digo desde ahora a aquellos que no la obtengan que en estos momentos, y a pesar de que Europa es una gran cosa, quedarse en Cuba es también un regalo de los dioses. De un modo o del otro, una beca no es una meta en sí misma ni tampoco es sujeto de desolación. Parece que estoy diciendo sandeces pero conozco a mi gente, y ya hay pañuelos preparados y todo en vista de que la beca no sea una hermosa realidad. Ars longa becas brevis