Muestra ‘Fausto Canel: uno de los directores más completos de los 60’ en INSTAR

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Fausto Canel presentando sus películas realizadas en Cuba en la década de 1960 con el ICAIC, INSTAR, julio de 2019

No me pude llevar ninguna de mis películas [de Cuba]. […] Hay un largo artículo en uno de mis libros que cuenta los problemas que tuve en Europa cuando la embajada cubana se negó a prestarme mis películas. […] Por todos los medios querían evitar que yo levantara cabeza y me convirtiese en un ejemplo a seguir por los cineastas cubanos que se habían ido, algunos […], por miedo a lo desconocido, por miedo al exilio, pero ganas no les faltaban. Y claro, si para mí hubiera sido fácil recuperar mi carrera, ellos inmediatamente hubieran hecho lo mismo… Y eso, la consigna de la Seguridad del Estado era precisamente evitarlo.[1]

Fausto Canel

Del 26 al 28 de julio el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), ubicado en Tejadillo n. 214 entre Aguacate y Compostela, La Habana Vieja, exhibió la segunda muestra del ciclo de directores de “Cine independiente / cine pendiente”, que recién inauguró el pasado mes de junio con Miguel Coyula (La Habana, 1977). Dispuestos a abarcar durante seis meses la obra de cineastas cubanos para luego extenderse a directores de cualquier latitud, esta vez dedicaron el espacio a la filmografía de ficción de Fausto Canel (La Habana, 1939), principalmente a la que produjo en Cuba.

Fundador del núcleo iniciático del ICAIC (con Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea, Guillermo Cabrera Infante, entre otros pocos), escritor y crítico cinematográfico que colaboró con Revolución y Lunes de Revolución, la trayectoria de Canel comienza en La Habana con apenas veinte años y continuó a través de Francia, España y los Estados Unidos. Ya desde entonces despuntó por “puestas en escena caracterizadas por largos planos secuencia. Profundidad de campo. Vistas panorámicas”,[2] tanto como por la eficacia y la estilización de las escenas que componía para tramas de notable vitalidad, que sostienen con elegancia y aun con sorna el escrutinio del espectador contemporáneo.

Durante casi una década, pasando rápidamente de asistente de dirección a dirigir sus propias obras, Canel realizó, amén de piezas de ficción, una documentalística nutrida: El tomate, Carnaval y Cooperativas agropecuarias (los tres en 1960), Cómo nace un periódico (1961), Hemingway (1962) y Pesca (1963). Luego de marcharse del ICAIC y de la Isla en 1968 –como parte de aquella escuadra en que se alinearon, entre otros, Fernando y Miñuca Villaverde, Roberto Fandiño, Eduardo Manet, Ramón Suárez y Alberto Roldán–, Fausto Canel dirigió durante par de décadas cortos, largos y documentales, primero en Europa y luego en América. Entre ellos: Patchwork (1969), Journal de Madrid (1973), Transcontinental à la dérive (1975), Power Game (1982) y Mine Field (1986).


Más volcado en las décadas subsiguientes sobre otros oficios, encontramos a Canel en la emisora Radio Martí, o dedicado a escribir no precisamente guiones. A partir de los años noventa se han sucedido, pues, las publicaciones de tres novelas suyas: Ni tiempo para pedir auxilio (1991), Dire Straits (2013) y Revólver (2017), una saga de espionaje que se pasea por Londres, al ritmo de la persistente soundtrack de The Beatles. Sin embargo, puede que donde más lo quiera disfrutar el cinéfilo que lo conocía, o ese que ahora lo descubre a través de INSTAR, en estas copias recuperadas de los archivos del ICAIC gracias al crítico Luciano Castillo, sea en el ensayismo, que Fausto Canel ha reunido en Sin pedir permiso. Cuba, el cine y una época, en tiempos difíciles (2014), ese volumen que –al decir de Leandro Estupiñan– “uno se queda con deseos de seguir leyendo”, porque su autor “tiene buenos pulmones” tanto para la escritura de ficción como para las memorias.[3]

Presentados cada día, durante breve e intensa jornada, por la actriz, escritora, periodista y directora de teatro Lynn Cruz, los materiales fílmicos que se exhibieron en INSTAR este fin de mes fueron: El final (tercer cuento del largometraje Un poco más de azul, de 1964), Espera (corto, 1977) y los largometrajes Desarraigo (1965) y Papeles son papeles (1966).[4] Los personajes de las historias, como los de las afamadas películas de Tomás Gutiérrez Alea que le sobrevendrían, están signados en su mayoría por contradicciones ideológicas, miedos y angustias existenciales, como las de “irse/quedarse”,[5] afrontados muchas veces en el seno de la pareja, cuyo desenvolvimiento nos permite a la par tomar el pulso de las circunstancias epocales del país. Equiparable por su contexto con la tan llevada y traída serie sobre el accidente nuclear de Chernóbil, Desarraigo, que se desarrolla en la planta de níquel de Nicaro, en Holguín (antigua provincia de Oriente), gira en torno a los conflictos de un ingeniero desvelado por las fallas de una industria en la que reinan el burocratismo y el caos, y que no logrará adherirse a la construcción de la nueva sociedad preconizada en Cuba tras 1959.

Con los hilarantes noventa minutos de Papeles son papeles –no en balde basados en una idea de Tomás Gutiérrez Alea, que Canel pidió al ICAIC que comprase y cuyo guion terminó coescribiendo con Gloria Parrado–,[6] el ambiente de los primeros años de la Revolución cubana se trasluce aquí y allá en las escenas contrastantes entre civiles y militares, en la avalancha de leyes dictadas a paso redoblado o de conga y en el desplazamiento de la burguesía y del mundo que la había nutrido hasta entonces. Allí, entre caras de actores que reconocemos (Reynaldo Miravalles, Sergio Corrieri, René de la Cruz) y otros que se nos desdibujan, dejándonos entrever los elencos de una Cuba en transición, hallamos el brillo de aquella “Habana del principito de los años sesenta”, que Canel quiso fotografiar, obnubilado por “esa ciudad magnífica que ya para finales del 65, 66 empezaba a morírsenos entre las manos”,[7] una “locación” desbordada de casinos que se habría ya entonces de rehacer en los Estudios de Cubanacán, con el impecable ingenio escenográfico de Pedro García Espinosa. Por si fuera poco el convite, al final de cada exhibición los espectadores pudieron escuchar las grabaciones de las entrevistas de Lynn Cruz, en relación con cada obra, y posteriormente entablaron diálogo con Fausto Canel, a través del WhatsApp, formulando preguntas que dilucidaron aspectos de la cinematografía, la producción y la difusión de los materiales, tanto como de la aventurada biografía de un creador que se codeó con Néstor Almendros, Severo Sarduy y tantas figuras clave de la cultura cubana.

La próxima muestra de INSTAR, ya anunciada para los días 29, 30 y 31 de agosto, siempre a las 8:00 p. m., no tiene nombre todavía, y sus organizadores disfrutan mantener en el misterio el siguiente fruto prohibido.


Notas:

[1] Grabación de la entrevista concedida por Fausto Canel a Lynn Cruz en 2019, con motivo de la muestra de INSTAR. El libro aludido es Sin pedir permiso. Cuba, el cine y una época, en tiempos difíciles (2014), autoeditado y disponible en Amazon.

[2] Programa de mano de “Cine independiente-cine dependiente. Ciclo de directores”, INSTAR, La Habana, julio de 2019.

[3] Leandro Estupiñán: “Fausto Canel, sin pedir permiso”, OnCuba News, 13 de marzo, 2016.

[4] Un poco más de azul reunía: El encuentro (Manuel Octavio Cortázar) y Elena (Fernando Villaverde). La exhibición del segundo cuento y de El final fue vetada en Cuba por el ICAIC. Desarraigo, cuya filmación fue autorizada por el propio Ernesto Guevara de la Serna y que fue premiada en el Festival de San Sebastián, sí estuvo en cartelera en los cines de su época, aunque por poco tiempo; en 2009 se mostró nuevamente en el cine Charles Chaplin, como parte del ciclo “Historia de nuestro cine contada en imágenes”, tras haber sido exhibido en la televisión cubana en el programa De cierta manera, conducido y escrito por el director de la Cinemateca de Cuba, Luciano Castillo. Papeles son papeles fue un éxito taquillero en los 60 y volvió a exhibirse en La Habana en 1999, en el 40 aniversario del ICAIC (cfr.: Alejandro Armengol: “Entrevista a Fausto Canel”, Blog Cuaderno de Cuba, 16 de enro, 2009).

[5] Gerardo Fernández Fe: “Fausto Canel habla de cine y de censura”, Diario de Cuba, 27 de diciembre, 2015.

[6] El coguionista de otros filmes de Fausto Canel fue el argentino Mario Trejo, así de El final y Desarraigo.

[7] Entrevista de Lynn Cruz a Fausto Canel (2019), véase nota 1.

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la Siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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