Balboa arroja a indios acusados de sodomía a sus perros de presa. Grabado al buril de Theodore de Bry, ‘Americae’, Libro Cuarto, Frankfurt, 1594.

Agradezco a Amauri Gutiérrez-Coto y Andrea Cicerchia
su ayuda por diferentes vías en esta investigación

La Conquista de América en el siglo XV dio paso a uno de los procesos de creación de riqueza y mestizaje más grandes en la historia de la humanidad. También trajo consigo una violencia extrema. Después de someter a las distintas comunidades indígenas del continente, la Corona española creó un enorme aparato burocrático basado en leyes y representantes legales para hacer cumplir sus ordenanzas, una de las cuales era la prohibición del pecado de “sodomía” o “pecado nefando”. Un delito repudiado por juristas y sacerdotes desde la época medieval y condenado a tal extremo que los culpables podían ser arrojados a los perros (como en el famoso grabado de Theodor De Bry), morir en la hoguera, perder sus bienes o sufrir destierro. Así en 1544, el fiscal del Consejo de Indias, Villalobos procedió contra Bartolomé Pérez, vecino de Puerto Viejo en la ciudad de Lima, confiscando sus bienes por ser culpable de este pecado y, a finales del siglo XVI en México, se condenó a destierro a Tomé Núñez “por la acusación de Luisa Gallegos, su mujer ya difunta, de haber querido cometer pecado nefando con ella”.[1]

En Cuba, según Fernando Ortiz en Historia de una pelea cubana contra los demonios, la labor de la Santa Inquisición, que también perseguía este delito, fue relativamente moderada, ya que se tenía noticia nada más que de un caso, a finales del siglo XVII, en que dieciocho “amujerados” fueron condenados a muerte en la Plaza de Armas. Ortiz no da detalles de este proceso, sólo menciona el siglo en que ocurrió y las personas que fueron enjuiciadas: hombres sacados de “las flotas y armadas”.[2] Según el sabio cubano este fue el único caso que se había registrado en la Isla, aunque podemos decir hoy que no lo fue, ya que si juzgamos por varios documentos del siglo anterior hallados en el Archivo General de Indias, podemos inferir que hubo otro aún más notorio, donde un número mayor de hombres recibieron tormento y fueron procesados por el pecado de sodomía.

La historia de este proceso ha sido hasta ahora ignorada, pero uno de los documentos que dan fe de ella, fue publicado por Cesar García del Pino y Alicia Melis Capa en Nuevos documentos para la historia de Cuba, y lleva por título “Memorial del Licenciado Ronquillo”. El original de este documento en el Archivo General de Indias, consiste en un legajo de ocho pliegos, la mayoría de los cuales se encuentra escrito por ambas caras y firmado en la primera página por el propio licenciado. Está fechado en Santo Domingo en el año 1604, dato que se omite de la transcripción, y los hechos que cuenta ocurrieron casi una década antes, en 1596. El objetivo de este y otros informes que hablan del incidente era pedirle al Rey de España que le diera al licenciado Ronquillo otra plaza, ya sea la de corregidor de Lima o México, por haber muerto allí el funcionario que la ocupaba, o la que estaba vacía en la casa de la contratación de Sevilla, por ser el teniente general de La Habana un candidato perfecto para ocupar estos cargos.

Como parte de la solicitud de traslado, Ronquillo, junto con otros funcionarios de la Corona que habían servido en Cuba, como Juan de Maldonado, el entonces gobernador de la Habana, y Bernardino de Avellaneda, detallan en el primero de estos informes los servicios que Ronquillo le había dado al rey, que fueron muchos y notables si leemos todos los testimonios. Entre ellos estaba el haber condenado a muerte a más de “50 sométicos”[3] por cometer el “pecado nefando”. ¿Quién fue entonces este inquisidor que con una hoja tan extensa de servicios fue el primero en condenar este delito en Cuba? ¿Qué sabemos de los hombres implicados y del proceso que los llevó a las llamas?

En uno de los informes inéditos, que reproduzco al final de este ensayo, Ronquillo da su nombre completo, Lucas Gomes Ronquillo, y dice que se había graduado de bachiller y licenciado en la Universidad de Salamanca y había sido abogado en la audiencia de Sevilla antes de llegar a Cuba. Allí tomó posesión del cargo de teniente general de la Habana y había hecho tan ejemplares castigos que después no se había atrevido nadie a cometer otro delito, ya que había dejado la tierra “amedrentada”. Entre estos delitos había asesinatos, robos, el juicio a unos amotinados de la Florida y el que nos ocupa hoy, la sentencia a cincuenta y un hombres a morir quemados por cometer el pecado de sodomía, que “tan desenfrenadamente se iba alargando en aquella ciudad que fue de mucha importancia por lo que pudiera cundir en muchas partes de las Indias por ser aquella ciudad el paso a ellas y donde llegan las armadas y flotas”.[4] Para que se tenga una idea de las acciones de Ronquillo y la severidad de los castigos que impartió, vale reproducir el párrafo que nos interesa del documento de 1604, del cual he modernizado ligeramente la ortografía con el fin de que se pueda entender mejor. En este documento se afirma que Ronquillo:

Hizo un descubrimiento y pesquisa el año de [15]96 estando allí la armada general Don Bernardino de Avellaneda de gran suma de sométicos que iban del Perú y Nueva España y se juntaban en la Habana a cometer este delito y pecado nefando que se iba entrando por los soldados de los presidios de la Habana y por la gente de los actos y estancias de manera que se iba perdiendo la tierra y las indias por comunicación que tiene dentro de ellas y dentro de 30 días hizo justicia de 50 sométicos sin otros muchos que murieron huyendo de esta justicia dejando la tierra limpia de esta mancha y de la pestilencia que iba arraigando en la dicha ciudad de lo cual atajó con las grandes diligencias que hizo así para el descubrimiento […] que después de hecha esta justicia vino del Perú un mulato llamado Juo. Sánchez que andaba en las dichas provincias veinte y cuatro años había usado de dicho pecado y dentro de veinte días después que llegó le prendió y descubrió muchos delincuentes en el Perú y Nuevo Reino de Granada y le quemó por somético famoso.[5] (Nuevos 81 énfasis en el original)

A juzgar entonces por los informes que se conservan en Sevilla, el hecho ocurrió en 1596, cuando la armada de Bernardino de Avellaneda, quien da también da fe de estos hechos, estaba en Cuba para proteger las naves que iban y venían al Nuevo Mundo. Así, el memorial de 1604 continúa por varias páginas narrando los servicios que el teniente gobernador había desempeñado en La Habana. Narra los métodos que utilizó para enjuiciar a sus víctimas, que podían ser la decapitación, la horca, la hoguera, la galera y hasta la mutilación de alguno de sus miembros, como ocurrió con los soldados que se amotinaron en un fuerte de la Florida. Ronquillo ordenó cortarles sus cabezas, ponerlas en garfio en los fuertes, y la mano derecha de uno de los acusados, por ser la que utilizó para hacer la petición de motín, cortarla y clavarla en la picota.[6] Todo lo cual era un indicativo de la firmeza con la cual actuó el teniente general, y la violencia que llevó a cabo contra los sodomitas. Por eso dice en el informe:

Y así además de los cinquenta y un sométicos que quemó quedaron culpados otros muchos, entre los quales hubo algunos de los confines del Peru, así de la ciudad de Sevilla como de la de Mexico, donde a inviado recaudo para prenderlos y han sido castigados, con que ha quedado limpia la tierra de esta pestilencia y puesto un muy grande seguro en ellas y en los castillos que con este mal corrian muy grandes peligros sino se atajara y con si mismo.[7]

Nótese el énfasis que pone Ronquillo en lo que pudiéramos llamar una red de sodomitas en varias ciudades del Nuevo Mundo y cómo el pecado se compara con una plaga que surte efecto por contagio, por el olor. Los testimonios que cita son ilustrativos del temor a la infección y de la necesidad de atajar el mal para que no se extendiera por el resto de América. También muestra la forma de actuar del aparato jurídico en estos casos, del tipo de víctimas que sumaba y de las “pruebas” en que se basaba para condenar a los acusados, que provenían de testimonios y confesiones bajo tortura, que eran en el mejor de los casos inexactas. ¿Qué procedimientos de tortura se usaron con ellos? Los textos son parcos en este tipo de especificaciones. Se habla, sí, de mutilación y decapitación, pero los instrumentos quedan en la sombra. Para hacernos una idea mejor del sufrimiento por el que pasaban los condenados por este pecado basta ver las fotos de los aparatos medievales de tortura que hoy se exhiben en museos de Europa como el de Praga.

Uno de estos instrumentos era la pera oral, rectal o vaginal, aplicada a los sodomitas y a las mujeres acusadas de tener relaciones sexuales con el diablo. La pera era un objeto de hierro que se introducía de forma forzosa en el ano del reo y una vez allí se abría con un mecanismo de tornillo, hasta desgarrar sus órganos interiores. Otro instrumento, reservado también para estos fines por la Santa Inquisición, era La cuna de Judas o su variante el Bock o Cabrón de las brujas, un bloque de madera en forma de pirámide, que se les introducía a las mujeres en la vagina y a los hombres en el ano mientras estos eran suspendidos por unas cuerdas.

Estos instrumentos, junto con otros del arsenal de los inquisidores de la época como las pinzas, las hachas, las corazas de hierro y los asientos con púas, tenían la función de producir dolor, marcar el cuerpo del reo, humillarlo, destrozarlo y hacerlo confesar, ya que como dice Francisco Tomás y Valiente en La Tortura en España se consideraba la confesión como la prueba máxima de “la verdad” y para lograrla los jueces aplicaban la tortura de forma excesiva.[8] Los reos debían admitir su culpabilidad, igual que si confesasen ante dios. De hecho, a pesar de que estos no eran juicios de la Santa Inquisición, uno de los documentos muestra que la razón religiosa estaba muy presente en sus acciones. Al extremo que Ronquillo pensaba que quienes cometían el pecado nefando en la Isla eran los culpables de las tormentas que de vez en cuando azotaban la tierra y la poca fertilidad de las granjas. En el segundo documento inédito que reproduzco, puede leerse este temor, además de la revelación terrible como pocas en la historia de Cuba de que quemó a los sodomitas en un horno de cal por no haber encontrado otro espacio para quemar tantas personas. Afirma:

permitía la magd de dios que todos los años sucediesen tan grandes tormentas que se llevava los frutos y mantenimientos y las casas y edificios y una tormenta de estas se llevó la mayor[¿] del castillo de la punta de la guardia de aquel puerto y en veinte y quatro días hice justa de sesenta sométicos delincuentes a los quales hise quemar en un horno de cal porque no havía otro lugar más capaz para tanta jente y después acá no a sucedido ninguna tormenta y las tierras mui estériles an dado abundantissimos frutos porque las mui fértiles por esta causa no los davan.[9]

Según esta carta entonces, no fueron cincuenta ni cincuenta y uno los hombres condenados a las llamas en Cuba en 1596. Fueron sesenta. Tal suma de condenados muestra de todas formas la furia con que se perseguía este pecado, los miedos que provocaba entre los fieles y oidores, y que por ser tan grave, la acusación pudiera venir hasta de un esclavo negro, que fue lo que sucedió en Cuba, ya que según el informe de 1604 todo comenzó cuando un esclavo de La Habana acusó a un tal Ponçe de “sobarle sus vergüenzas” y de hacerle otros “actos deshonestos”.

Según el escribano mayor de la guarnición de La Habana, Jerónimo Vázquez, dicho esclavo se le apareció a Ronquillo y “le dio nota que un soldado de las galeras que se llamaba Ponçe le había persuadido que fuese con él al monte y otras partes secretas y ocultas que tenía que decirle ciertas cosas y con halagos y palabras le sacó al monte y estando en él apartados sobole atento sus vergüenzas y hizo otros actos deshonestos”.[10] Acto seguido, sigue explicando el escribano, Ronquillo tomó preso a Ponçe, quien después de ser “condenado a tormento” confesó que había tenido relaciones sexuales con otras personas. Completándose el informe con menciones a otros sodomitas del Perú, Nueva Granada y Nuevo México, transgresores y conexiones de las cuales desafortunadamente no tenemos más información por la escasez de documentos hallados hasta ahora y la falta de historiadores y críticos interesados en esta historia.[11]

Tal es así, que solamente un historiador de Cuba, Julio Le Riverend, menciona este hecho de pasada en su libro La Habana, biografía de una provincia, y un crítico, Pedro Márques de Armas, se apoya en él para señalar que en 1597 un esclavo llamado Juan Sánchez solicitó su manumisión porque “había descubierto y dado noticia de los que cometieron el pecado nefando”.[12] Le Riverend no da más detalles sobre este proceso, ni habla de este esclavo. Ni siquiera al parecer tuvo acceso a los documentos que mencionamos más arriba, que tampoco dicen el nombre del acusador. Sólo se enfoca en las condiciones económicas y sociales alrededor de las cuales se conformó la cultura insular de los primeros siglos de la colonia. De los documentos que citamos, sólo el fechado en Santo Domingo en 1604 menciona los nombres de Ponçe y del mulato que había llegado de Perú, llamado justamente “Juo. Sánchez”, que según se afirma había usado de dicho pecado por veinte y cuatro años.

¿Se llamarían igual el esclavo negro de La Habana y el mulato del Perú o fue un error de transcripción? En el mismo Archivo General de Indias, hemos encontrado además dos pleitos por sodomía en la que un tal Jerónimo Ponçe se defiende de esta acusación y los jueces reiteran la condena. El documento está fechado un año después del de Santo Domingo, el 25 de octubre de 1605, y en ellos se “confirma la sentencia de los jueces letrados” que lo habían hallado culpable y por eso se encontraba “preso en la cárcel de la casa de la contrata en la ciudad de Sevilla”.[13] ¿Fue este Jerónimo Ponçe el mismo prisionero acusado en La Habana? Es probable que sí, pero faltan documentos e investigaciones que aclaren estas preguntas. De lo que sí podemos dar fe ahora es que Ronquillo fue implacable con ellos, y que sus acciones debieron aterrar a los delincuentes y a cualquiera sospechoso de sodomía en La Habana. Después de todo, la villa de San Cristóbal a finales del siglo XVI era un hervidero de ilegalidades según puede verse en estos memoriales, comenzando por las mismas familias adineradas que controlaban los Cabildos y terminando por la gente pobre que se dedicaba a negocios perseguidos para sobrevivir. Entre ellos estaban los esclavos, que a veces tomaban para sí parte de los ingresos de los productos que comercializaban, con lo cual podían comprarse su libertad, y las esclavas jóvenes, como dice Le Riverend, que conseguían seguramente sus ganancias a través de ocupaciones inconfesables, sobre todo en tiempos de flotas, cuando se reunían en la ciudad miles de marineros que se quedaban allí por meses.[14]

Antes de concluir quiero agregar que las referencias al “pecado nefando” reaparecen con frecuencia en la literatura de la Conquista, y que su persecución en las Indias sirvió de pretexto a Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo para conquistar México.[15] Quien lea estas relaciones, sin embargo, verá que el caso que nos atañe no se trata de indígenas adoradores del demonio por sus prácticas idolátricas, ni de sacrificadores y caníbales. Los procesados en La Habana, con excepción del mulato del Perú, son hombres de origen europeo, soldados de las galeras donde el Rey tenía los esclavos y prisioneros. Nada de esto, por supuesto, es extraño porque la sodomía fue un delito condenado por la Santa Inquisición y perseguido con celo por las autoridades españolas, al extremo que pensaban que ponía en peligro la seguridad de todos por la furia divina.

A modo de conclusión, entonces, podemos decir, que es necesario estudiar con más detalle el proceso que se les siguió a los hombres acusados de sodomía en La Habana en 1596. Cronológicamente este es el primer proceso judicial que se conoce en Cuba contra este tipo de delito y del único que hemos podido encontrar rastro en los archivos. Hasta ahora ninguno de los libros sobre la historia de la sexualidad en Cuba cuenta esta historia, y aunque nuestra idea de la homosexualidad hoy en día difiere mucho de la del siglo XVI, hay que recalcar que ha sido una constante en la historia la persecución de todos aquellos que practicaran sexualidades no-normativas, y, en especial, “contranatura”. La Habana tampoco era el único lugar donde se siguieron este tipo de procesos criminales. En el mismo Archivo General de Indias pueden encontrarse otros documentos que avalan historias similares en territorios tan remotos como Lima, México o Filipinas. Sin embargo, como puede verse en estos documentos, las autoridades españolas pusieron mucho énfasis en controlar este delito en La Habana con el pretexto del lugar tan céntrico que tenía en la comunicación con el resto de las Indias, y los destrozos que dios enviaba para castigarlos. En este ensayo, pues, me limito a comentar este suceso, explicar el origen del temor y dar a conocer textos inéditos para la historia de la sexualidad en Cuba que nos pueden guiar en futuras investigaciones sobre el tema.[16]

Sevilla, junio de 2019


A continuación, reproduzco los dos documentos inéditos que he comentado en este ensayo. El primero firmado en 1598 y el segundo en 1604.

AGI, Santo Domingo, 128, fasc. 109, fls. 1r-2v

 [fl 1r] 7 de diciembre de 1598, Santo Domingo, secular.

El licenciado Lucas Gomes Ronquillo sobre que se le haga merced de una plaza de Audiencia.

Pide la plaça que está vaca en la casa de la contratación de Sevilla o otra de oydor en alguna de las audiencias de las Indias (el pedimento y información antel [sic] governador de la Habana con su parecer)

El licenciado [¿Navarro?].||

[fl. 2r] Muy Poderoso Señor, el licenciado Lucas Gomes Ronquillo, teniente general de la ciudad de la Habana dice que despues de aver cursado, sus estudios y graduadose de bachiller y licenciado en la Universidad de Salamanca fue abogado en la audiencia de Sevilla más de veinte años con mucho nombre y aprovación y en el discurso de ellos fue proveido con muchas misiones de que dio muy buena cuenta y mucha satisfacción hasta que V. A. proveyo por gobernador de la dicha ciudad e Isla de Cuba a don Juan Maldonado Barnuevo y a el por su teniente general. En cuya compañía fue y tomo residencias al maese de campo Juan de Tejeda y sus oficiales y luego se partio a visitar a todos los lugares de la dicha isla que son de camino mas de docientas leguas, que habrá mas de catorce años que no se visitaban y puso y orden de todas las cosas de manera que quedó la tierra muy sosegada y mantenida de justicia, en que se ocupó mas de ocho meses y vuelto a la dicha ciudad de la Habana, descubrió muchos delitos de muertes y salteamientos que se hacian en ella y en los campos, hatos y estancias, y algunos de ellos hechos contanto secreto que parecia imposible poderse descubrir y averiguar, y con sus buenas diligencias los ha descubierto y averiguado, y castigado de manera que está la tierra con esto tan amedrentada, que nadie se atreve hacer cosa que no deva por miedo a el castigo el qual con muy grande y ejemplar en el pecado de la sodomía que tan desenfrenadamente se iba alargando en aquella ciudad que fue de mucha importancia por lo que pudiera cundir en muchas partes de las Indias por ser aquella ciudad el paso a ellas y donde llegan las armadas y flotas. Y así además de los cinquenta y un sométicos que quemó quedaron culpados otros muchos, entre los quales hubo algunos de los confines del Peru, así de la ciudad de Sevilla como de la de Mexico, donde a inviado recaudo para prenderlos y han sido castigados, con que ha quedado limpia la tierra de esta pestilencia y puesto un muy grande seguro en ellas y en los castillos que con este mal corrian muy grandes peligros sino se atajara y con si mismo. Castigó un ingles espia y hizo justicia de los que armaron el motín en las provincias de la Florida y hizo cuartos a tres de ellos || [fl. 2v] y poner sus cabezas en las tres fuercas de la Habana, para que sirven de ejemplo, como ha sido, el haber hecho justicia de mas de ciento y viente hombres pues está ahora la tierra tan pacifica y segura que admira a los que viven en ella y ansi todos los generales de las flotas y armadas que allí llegan lenonbian [sic] todo el tiempo que allí están por auditor de ellas. Con que hay siempre paz y quietud entre los pasajeros y los de la ciudad que antes no la habia. Antes bien sucedian muchas diferencias y desgracias a todo lo qual previene y acude siempre, con mucha prudencia, como consta de los recaudos que presenta, por lo qual a V. A. pide y suplica le haga merced de le proveer en una plaza de oydor en una de las audiencias de las Indias, que ademas de que en el concurren las partes y calidades que se requieren. Recibirá bien y merced.

Otrosí suplica se le haga merced de una plaza que al presente está vaca en la casa de la contratación de Sevilla.[17]

Su Señoria Agustin [¿Alus?] Molina Armentero; [¿Francisco?] de Aponte; don [¿Julio?] de Ocon.

Al memorial con sus partes y qualidades = En Madrid a diez y ocho de Agosto de noventa y nueve años [1599]

El licenciado Doctor Lorenço Navarro

AGI, Santo Domingo, 129, fasc. Fls. 1r.

 [fl 1r] Pide una placa de alcalde de Lima o Mexico

año de 99

4 de junio de 1604

El Licenciado Ronquillo teniente jeneral que ha sido de la ciudad de la Havana digo que yo he servido a vuestra Majestad nueve años de teniente jeneral en la administración de justa y negocios de mar y guerra en tiempo de armadas y flotas y fuera de el, en la dicha ciudad en compañía de don Juan Maldonado y después que tomé la Residencia del maese de campo Juan de Tejeda o que a la sazón era y sus oficiales y puse las cosas de aquella ¿? como convenían con peso y medida para que las armadas y flotas tuviesen todo lo necesario por justos y moderados precios me partí a hacer visita jeneral a todos los lugares de aquella ysla que avia catorce años que no se hacía donde me ocupé ocho meses por ser la tierra fragosa [raya diagonal sobre la palabra aspera?] y a mucho camino administrando justa y castigando delitos y quedando todos en paz, tranquilidad y sosiego, [tachadura] volví a la dicha ciudad de la Havana donde estaba yntrodusida una maldita costumbre de cometerse delitos de muertes, trayciones, hurtos, robos, salteamientos, que se hasían en las casas de los vecinos y tiendas de mercaderes y en los hatos y estancias, caminos yermos y despoblados donde se hallavan los ombres muertos y robadas sus hasiendas, y las de los pasajeros que entraban en aquel puerto y se cometían aquestos delitos con tanto secreto que parecía ynposible el descubrirlos y hice tantas y tan extraordinarias diligencias y pesquisas tan secretas que vine a descubrir todos estos delitos que fueron muchos y mui graves y atroces, y los facinerosos y delincuentes que los cometían en los quales hise tan ejemplares castigos que después acá no se ha atrevido ninguno a cometer delito de consideración porque se tenía por cierto que en cometiéndole por oculto que fuese lo avía de descubrir [raya diagonal] luego yncontinente desarraygué la depravada secta y pestilencia de la sodomía que se iva entrando en aquella ciudad y en todas las indias porque de todas ellas y de estos Reinos en tiempo de armadas y flotas se ivan a juntar y agregar en aquella ciudad para cometer este pecado nefando y permitía la magd de dios que todos los años sucediesen tan grandes tormentas que se llevava los frutos y mantenimientos y las casas y edificios y una tormenta de estas se llevó la mayor[¿] del castillo de la punta de la guardia de aquel puerto y en veinte y quatro días hice justa de sesenta sométicos delincuentes a los quales hise quemar en un horno de cal porque no havía otro lugar más capaz para tanta jente y después acá no a sucedido ninguna tormenta y las tierras mui estériles an dado abundantissimos frutos porque las mui fértiles por esta causa no los davan, [letra tachada] quité [?] ansimesmo el abuso y superstición de los hechiceros y hechiceras que con sus encantos y cercos hasían detener los navíos que querían salir de aquel puerto y causavan muchos daños a los pasajeros y las demás jente de aquella ciudad, y en un día hise justa de diez y séis delincuentes sacandolos con coraças [¿?] y dándoles otras penas condignas de sus delitos. [Raya diagonal] Descubrí una espía de los ingleses que declaró muchas particularidades en materia de rescates que se sabían en la margarita su mano y su mano azoté [¿?] y porque causa no se trayan perlas a estos reynos como antes se lo [tachado] saber [palabra ininteligible] hacer quartos y su cabeça se puso entre las fuerças y castillos de aquel presidio [tachado] y no solo he hecho estas justicias y otras muy graves en delitos muy atroces y ocultos en tiempo de armadas y flotas y fuera del [dos rayas diagonales], más también por comisión de vuestra Magd hice justa de los que armaron el motín en las provincias de la Florida cuando quitaron el gobierno a Gutierre? de Miranda que lo tenía por vuestra Magd y leal canon [?] la obediencia y se la dieron a el cap.an Salazar y a los tres ynventores de este motín sarjentos y cabos de escuadras hise arrastrar y haser quartos y sus cabeças se pusieron en las fuerças y castillos de aquel presidio y la del principal en la fuerça vieja en una jaula de hierro y se ynbiaron testimonios de esta justa por todas las yndias como por vuestra Magd. Fue mandado de manera que he hecho justa de mas de ciento y sesenta [borrón de tinta] delincuentes, malhechores, en penas de muerte en delitos graves y atroces y todo ha sido necesario para la paz y la quietud de aquella tierra en la qual ubiera sucedido una gran perdida si esto no se ubiera hecho y ahora están todos seguros en sus casas y los pasajeros con sus haciendas y se corren los caminos yermos y despoblados con seguridad. Y por la mucha satisfacción que se ha tenido de mi persona y letras práctica y experiencia en las causas crueles y criminales y causas de mar y guerra los jenerales que han estado ynvernando con las armadas y flotas en aquel puerto y pasando de paso me an nombrado por auditor y como tal he acudido a la expedición y despacho de todos los negocios con mucha puntualidad sin yntereses ni estipendio alguno castigando los delictos manteniendo a todos de justa de que ha sido causa de la mucha paz y quietud que a avido entre los pasajeros y jente de mar y guerra con los vecinos y soldados de aquella ciudad y presidio que antes no la avía en semejantes ocasiones porque solían suceder muchas muertes como todo consta de los testimonios, certificaciones y provanças que están presentados en la tercera pieça de mi residencia de todo lo cual hago presentación ante vuestra Magd con el juramto necesario y pues enp [¿?] tan remotas y con tan poca [fl 1r] mano como la que yo he tenido e dado con claras muestras de ser fiel vasallo y ministro de Vuestra Magd, pido y suplico a vuestra Mag.d me haga merced de ocuparme en su RL servicio en una de las plaças de alcalde de Lima o Mexico pues mis obras an dado testimonio de lo que mi persona promete en el servicio de vuestra Mag.d sobre que pido justa y para ello yo,

Licenciado G Ronquillo [firma]

Al memorial con sus partes, servicios y calidades 4 de junio de 1604

Al Rey


Bibliografía

Activa

  • “Memorial del Licenciado Ronquillo”, en César García del Pino y Alicia Melis Cappa (eds.), Nuevos documentos para la historia colonial de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, pp. 79-88.
  • “El licenciado Lucas Gomes Ronquillo sobre que se le haga merced de una plaza de Audiencia”, Archivo General de Indias, Legajo de Santo Domingo, 128, fasc. 109, fls. 1r-2v, 1598.
  • “El Licenciado Ronquillo teniente general que ha sido de la ciudad de la Havana digo que yo”, Archivo General de Indias, Santo Domingo, Legajo 129, fasc, 1604.

Pasiva

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  • Hamilton, Carrie: Sexual Revolutions in Cuba: Passion, Politics, and Memory, The University of North Carolina Press, 2012.
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  • Le Riverend, Julio: La Habana, biografía de una provincia, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1960.
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  • Ortiz, Fernando: Historia de una pelea cubana contra los demonios, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
  • Sierra Madero, Abel: Del otro lado del espejo: la sexualidad en la construcción de la nación cubana, Casa de las Américas, La Habana, 2006.
  • Tomás y Valiente, Francisco: La tortura en España. Estudios históricos, Ariel, Barcelona, 1973.

Notas:

[1] Archivo General de Indias, México, 1092, L.13, F.36R-37R.

[2] Fernando Ortiz: Historia de una pelea cubana contra los demonios, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 407.

[3] El adjetivo somético es anterior a sodomita. Sebastián de Covarrubias cita esta palabra en su Tesoro de la Lengua castellana o española, pero el Diccionario de autoridades (1726-1739), dice que cayó en desuso un siglo después y que “es del estilo baxo. Suele decirse Sodomítico. Lat. Pathicus”.

[4] Archivo General de Indias, Santo Domingo, Legajo 128.

[5] “Memorial del Licenciado Ronquillo”, en César García del Pino y Alicia Melis Cappa (eds.), Nuevos documentos para la historia colonial de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 81, Santo Domingo, Legajo 129. fasc.

[6] Ibídem, p. 81.

[7] Archivo General de Indias, Santo Domingo, legajo 128.

[8] Francisco Tomás y Valiente: La Tortura en España. Estudios históricos, Ariel, Barcelona, 1973, p. 114.

[9] Archivo General de Indias, Santo Domingo, legajo 129

[10] “Memorial del Licenciado Ronquillo”, ob. cit., p. 86.

[11] Incluyo en la bibliografía algunos de los libros que se han publicado sobre la sexualidad en Cuba.

[12] Julio Le Riverend: La Habana, biografía de una provincia, Imprenta El siglo XX, La Habana, 1960, p. 61.

[13] Consejo de Indias. Escribanía de Cámara, 954.

[14] Julio Le Riverend: ob. cit., p. 60.

[15] Michael Hardin: “Altering Masculinities: The Spanish Conquest and the Evolution of the Latin American Machismo”, International Journal of Sexuality and Gender Studies, vol. 7 n. 1, 2002, p. 11.

[16] Para más detalles véase mi libro La angustia de Eros: sexualidad y violencia en Cuba, de próxima aparición.

[17] Otra mano y tinta.

JORGE CAMACHO
Jorge Camacho es profesor titular e investigador de Literatura Hispánica y Estudios Comparados de la University of South Carolina, Columbia. Entre sus libros destacan Etnografía, política y poder: José Martí y la cuestión indígena (Uiversity of North Carolina Press, 2013), Miedo negro, poder blanco en la Cuba colonial (Iberoamericana-Vervuert, 2015) y Amos, siervos y revolucionarios. La literatura de las guerras de Cuba (1868-1898). Una perspectiva transatlántica (Iberoamericana-Vervuert, 2018). Es autor además de tres volúmenes con crónicas desconocidas de José Martí en El Economista Americano de Nueva York, y otro con crónicas desconocidas de Rubén Darío.
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