Los monstruos también se repiten: ‘Umbralesʼ en la galería Arte Continua

'Camino' (instalación), Osvaldo González

Desde el sábado 7 de septiembre y hasta el 15 de noviembre de este año, se podrá visitar la exposición colectiva Umbrales, en la galería Arte Continua (Rayo #108, entre Zanja y Dragones, en el antiguo cine Águila de Oro del Barrio Chino en Centro Habana).

Creadores cubanos de obra probada, nacidos entre los cincuenta y los ochenta, entre ellos algunos premios nacionales de artes plásticas, como Juan Carlos Alom, René Francisco, Carlos Garaicoa, Alejandro González, Osvaldo González, Orestes Hernández y Eduardo Ponjuán han sido reunidos esta vez por los galeristas Lorenzo Fiaschi y Niurma Pérez, alrededor del eje de El libro de los pasajes, texto inconcluso donde Walter Benjamin intentó examinar el París de su época, también a través de los “umbrales” –según explica el comunicado de prensa que la galería ofrece al visitante.

Invitados, pues, –prosigue tal nota– “a pensar los umbrales, esos que devienen límite entre lo privado y lo público, que pueden ser espacios físicos, pero también construcciones mentales, que describen el movimiento inicial, el punto de partida, que se enfocan positivos, reflexivos y que acumulan sensaciones y experiencias”, los artistas han retomado muchas veces hallazgos que ya los marcan en lo temático, lo identitario y lo estilístico.

Carlos Garaicoa continúa husmeando entre ruinas y restos fósiles de lo citadino con piezas fotográficas antiguas intervenidas, donde la mirada interconecta objetos e individuos que, por su procedencia asiática, recuerdan a los del Barrio Chino donde está enclavada la galería. A estos se unen un dibujo que hace también de alfiletero de chimeneas, una foto y una maqueta donde flota y reflota, por arte de Birlibirloque o “estática milagrosa”, el holograma de un edificio que apenas se sostiene frente al Malecón. De Garaicoa también son las proyecciones de varias obras arquitectónicas, construidas en diálogo con fotos y otras coordenadas que se burlan de lo planimétrico.

René Francisco asiste igualmente con otra obsesión, la del agua que se desgrana y nos va dejando día tras día. Se trata de una nueva versión de sus conocidos trampolines (y escaleras) de piscina, instalados en Alemania allá por 2002, redimensionados hoy para el espacio de Arte Continua, como piezas de altura extraordinaria.

Asimismo Osvaldo González, al trabajar por (re)construir emociones, nos traslada a imágenes y espacios donde ha vivido –antes ya expuestos–; así como a un túnel (de precinta) por el que se filtra la luz, y por donde quien no lo vio ayer atraviesa hoy con la sensación de adentrarse en viaje expedito a un aquí y un ahora desconocidos.

Alejandro González se ocupa de los nidos dispersos de paisaje que sobreviven entre el concreto: esos espacios liminares de árboles –palmeras en su mayoría– en el entramado urbano. Orestes Hernández exhibe un cartel de vasos plásticos que nos mira, como asomado desde el balcón hacia el espacio galerístico, y pone en alto una divisa que se nutre de los grafitis y la propaganda –según la ficha de la obra–: “Ilusiónate”.

En El lado oscuro, Eduardo Ponjuán capta la desesperación, el ahogo, del inspirar-es/xpirar de una persona acezante: archivo sonoro que se multiplica al ser escuchado junto a los trampolines –como al borde del agua–. También de aguas profundas o incontrolables mareas habla La corriente asesina, película en 16 mm de Juan Carlos Alom, donde los avatares individuales y sociales de un país y su ciudadanía (negada a ser soldadesca) no van dejando espacio ni para tomar aliento, entre parches, baches, jaulas, lagunas de oxidación, rectificaciones de ho/errores, costuras y coyunturas.

Las dinámicas cosmopolitas, las migraciones internas y más allá de la Isla, el vaciado de los hogares (de tanques y piscinas, de álbumes, mapas y planos), lo precario y frondoso de los jardines de la tierra y del aire… Y la ciudad no es París, sino La Habana. Y los Umbrales despiertan, más que el resonar de luces, muchas de sus sombras.

Enamora esta muestra por la fuerza de su mirada y por la potencia de los artistas aquí implicados, aunque el ritornelo de algunas de las propuestas, retomadas, no deje el mismo regusto entre los entendidos y ya enterados. Sin aferrarse mucho al mandamiento de que a los perales lo que hay que pedirles siempre son peras, resulta agradable pasearse por el Barrio Chino, ahora que pocas exposiciones permanecen abiertas, y llegarse a Arte Continua. Hacer oídos sordos a que esto ya se hizo o ya se vio y dejarse llevar por la corriente entre los túneles, las ruinas, los rescoldos de luces hogareñas y las aguas, no precisamente claras ni mansas. Subirse a ese inmenso trampolín, escuchar la fuerza de una respiración que lucha por ser en el espacio y el tiempo, por crear, e ilusionarse tercamente todavía. ¿Por qué no? ¡Porque sí!

 

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la Siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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