Los Carpinteros vuelven: contra la Guerra Fría en Washington D. C.

Expo ‘Cuba va!’ en The Phillips Collection. De izquierda a derecha, ‘It’s Not Che, It’s Simón’, 2017 y ‘It’s Not Che, It’s Eusebia’, 2018, ambas de Los Carpinteros (Foto: Carl Maynard. Tomado de Cuban Art News)

El afamado grupo cubano Los Carpinteros, fundado en La Habana en 1992 por los artistas visuales Dagoberto Rodríguez Sánchez, Marco Antonio Castillo Valdés y Alexandre Jesús Arrechea Zambrano, ha abierto una exposición en los Estados Unidos que durará hasta el 12 de enero de 2020. Si bien en 2003 Arrechea se separó del grupo para seguir su arte en solitario, el par conformado por Rodríguez-Castillo continuó creando bajo la firma de Los Carpinteros y anunció su disolución apenas en 2018, también en pos de proseguir a solas sus respectivas carreras, empezando de cero, jugando a ser “artistas emergentes”.

A pesar de que, por entonces, fue hecho público por ellos que cumplirían con las muestras y las piezas ya comprometidas, no deja hoy de ser la comidilla entre entendidos y seguidores que Dagoberto y Marcos hayan vuelto a la palestra de las galerías, con el título Cuba va!, para exponer como Los Carpinteros en The Phillips Collection, de Washington D. C. –esa ciudad pletórica de monumentos–. La plataforma Cuban Art News, en una nota que cita, de primera mano, entrevistas vía email hechas a ambos, reporta la noticia de quienes confirman –como lo expresaron en 2018– que no piensan dejar a un lado el valioso trabajo que desarrollaron en conjunto, durante veintiséis años de colaboración.

Dagoberto agradeció al dueño del espacio, Peter Kilchmann, por respaldar este proyecto, y a la curadora yugoslava Vesela Sretenovic por su perseverancia. Con Vesela, justamente por su origen, y por provenir de una ciudad llena igualmente de monumentos –como La Habana, y como esta en la que se expone Cuba va!–, trabajaron como entre correligionarios, alentados por los referentes del antiguo campo socialista que los unen. La idea fue retomar algo que tímidamente habían explorado, al transformar y manipular monumentos como los de Ernesto Guevara de la Serna y Camilo Cienfuegos (del escultor Enrique Ávila), que están de cara a la Plaza de la Revolución. Más cuanto ese lugar, que orbita alrededor de José Martí, es una especie de “meca” o “santuario de la izquierda latinoamericana” –según Marcos–, que identifica, con otros estereotipos, la imagen de Cuba en el exterior.

En Itʼs not Che, Itʼs…, seis piezas herederas del pop estadunidense recrean, gracias a la técnica del back-light, los retratos de esos hitos del imaginario revolucionario en la Isla, si bien los semblantes no son los suyos. Los héroes de la propaganda política –estos playboy, para decirlo a la manera del ensayista Abel Sierra Madero– han sido sustituidos por otros: seis rostros de los que ayer fueron incubados como “hombre nuevo”, y que han envejecido sosteniendo por seis décadas –número hipnótico–, con sus trabajos y sus días, la ilusión de un sistema político que no ha podido combinar lo útil con lo agradable, la utopía con la pragmática.

Dos videos forman también parte de la exhibición: Comodato, donde, a su decir, recorren el incómodo abanico de las clases sociales en Cuba, que sí existen y que ellos han clasificado hasta llegar al número 17. Esta obra habla, pues, a viva voz, de las desigualdades en Cuba, desde los jerarcas militares y políticos hasta los jubilados que se arremolinan en los bancos y los correos, los días de cobro; una cadena en la que no se puede dejar de lado tampoco a artistas como Los Carpinteros, que han hecho carrera y fortuna no pocas veces visibilizando la faz más dolorosa de la Isla en los lugares donde menos duele.

Con Retráctil, vuelven ellos –como la profesora y artista audiovisual Coco Fusco, quien pronto exhibirá en Londres La confesión— sobre la llevada y traída historia del escritor Heberto Padilla, y el episodio de su autoinculpación en 1971, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Sus palabras se resemantizan, sin perder, sino reforzando, su carácter perturbador, al ser actualizadas en un matadero, en boca de otros.

El vigilar y castigar foucaultiano es revertido –de acuerdo con el dúo de artistas–, ya que las víctimas se rebelan para revelar su verdad y regresar sobre lo que no nos deja dormir el sueño de los justos: “las disparidades ideológicas”, los héroes, los memoriales y las efemérides, como un cascarón vacío donde se pugna por hablar en una lengua muda y se hacen oídos sordos. El panorama de lo que podría llamarse una segunda Guerra Fría –con el reforzamiento del bloqueo y de los autobloqueos, perniciosos para las libertades políticas y económicas de los miembros de la nación, y con los chirridos de la política internacional en todos los puntos cardinales– impulsa a Dagoberto y a Marcos –según sus declaraciones para Cuban Art News— a una exposición reflexiva, para hablarle a estos temas “desde el arte, precisamente en Washington”. ¡Ver para creer, vivir para ver!

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la Siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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