Jorge Carruana en su estudio de Roma, circa 1980

Estas notas fueron tomadas por la actriz Myriam Acevedo durante una conversación con su esposo, el pintor Jorge Carruana Bances (1940-1997), en algún momento de los años setenta. Ambos se habían exiliado en 1968 en Europa y, después de pasar un tiempo breve por la Barcelona de Franco –tan impactada en aquel entonces por el sonido yé-yé– se habían establecido en Roma, Italia. Toda la reflexión o speech de Carruana en estas notas gira alrededor de su fabulosa serie Palmas; serie que en esos momentos se encontraba realizando y sintetiza desde el pop –aunque para mí más desde lo lúdico y, si se quiere, desde lo socarrón– todo el mundo que se abre entre los cuerpos y los objetos, entre la genitalia y el goce y el color y el delirio. Sirvan estos apuntes de Carruana más que como poética, como puerta de acceso a uno de los grandes pintores cubanos de los últimos cincuenta años.

Carlos A. Aguilera


La pintura de Jorge es un mundo que se sitúa en el trópico, en Cuba, utiliza siempre elementos recurrentes, como la palma, el agua, la playa, la vaca, puertas y ventanas, la organización de los elementos en el espacio, el surrealismo fantástico, el cómic.

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La imagen real es la que viene reflejada porque lo real es un grito, es una consternación. Está la puerta (un fragmento de puerta en el lugar donde podría estar el corazón), un hilo que parece de sangre, que desciende de la nuca, forma la palabra “Key 16”. Está tomada de las cartas del tarot y significa muerte, ruina.

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Fragmentación del espacio en varias dimensiones, “un problema de tiempo y espacio”, la imagen del avión está dividida en tres y pertenece a diferentes momentos.

Una pareja que hace el amor y se ve al menos la parte más expuesta a través de una mano de vidrio en la que el dedo roto establece que la mano es como un escudo, pero débil.

La palma tiene una prolongación que significa agresión. La fuga de colores son gritos plásticos, “gritos dados con el color” o “violencias plásticas” ejercidas sobre la figura, persona, palma…

Las palmas asumen el paisaje por sí mismas, son testigos y víctimas voluntarias que se ofrecen a asumir la presencia del paisaje, voluntarias porque lo que sucede no es grato, no es reposado.

El sexo es la intimidad, es instinto, es lo que no se puede gobernar, algo revolucionario, aunque nuestra sociedad lo ha convertido en “producto”, en algo insulso. La castración ejercida por el poder a través del tabú del sexo o su mercantilización crea un horizonte plano en la sociedad, el sexo nos iguala en la acción, pero nos diferencia en la ejecución.

Trata de hacer un erotismo no estatal, en el sentido de que el poder se toma el derecho de vietarlo o liberalizzarlo, no se liberaliza por ejemplo la manera de comer o de caminar.

Se puede ver una dimensión del sexo divertida y sana: “si sigo expresando el tabú social no podré ver el sexo”.

No acepta el modelo que le da el poder, sus cuadros cargados de erotismo son una lucha contra el poder.

Es la alfabetización del erotismo. El estupor de una pierna cuando sube una escalera no es el mismo que cuando se dobla en el acto erótico.

Un sexo, un acto sexual en los cuadros no es un escándalo, no es el efecto de exponer una imagen para exaltar sentimientos de horror o de rechazo, es más bien una carnada que entra por los ojos como una granada que explota en acción retardada.

La proyección de imágenes es uno de los elementos recurrentes en los cuadros.

La realidad está representada como una proyección, de esta manera se denuncia lo mismo en su proyección que en su realidad.

Puntualiza que existe la proyección, que es un hecho tecnológico, para el bien o para el mal, es un medio de masa, contra la individualidad. Nuestra salvación está no en negar los medios tecnológicos (al menos no todos) pero recordando que está pensada para convertirnos en masa.

Debemos ser capaces de escoger lo que nos interesa sabiendo que formamos parte de esa masa, será una manera de defender la libertad individual.

En este caso un zepelín oreja, que pasa silencioso, el principio de subyugación, o sea, de conformar nuestras ideas conociéndolas a priori es antiguo como el tiempo, de ahí un medio anticuado como el zepelín, un medio de comunicación de principios de siglo; aunque el poder se vale de métodos modernos para subyugarnos, esto es tan antiguo como el tiempo, de ahí la utilización del zepelín.

De la serie ‘Palmas’

Un paisaje dentro de un paisaje (una línea de puntos, señal convencional de la gráfica para señalar que se debe recortar, que forma parte de otra).

El paisaje pequeño es el mismo que el grande, la nube, la palma, las piedras. Sólo que una misma realidad tiene diferentes aspectos y una vez que se pasa de una realidad a otra se debe “camalonear”.

Hay una ventana rota (el ojo de Dios) al aire, violentada por el poder (un altoparlante).

Esa pareja está haciendo el amor en una realidad pero no en la otra.

A nadie hay que decirle que hay que callar porque la masa está domesticada.

La ventana-cielo está en otra dimensión, pero hay que recordar en los momentos oportunos que existe ese ojo, que no tiene que estar violentando la libertad constantemente en nuestra dimensión, pues está impreso en la mente.

La palma está fragmentada, violentada, hay un hilo de alambres de púas (campos de concentración) que comienza en esa parte del paisaje que son las palmas. Las palmas son tres troncos unidos por dos espacios que pertenecen a otra dimensión pues si alguien pasa por detrás no se ve.

La figura de la mujer que corre, que huye, pertenece a dos dimensiones, claramente hay una tijerita (como esas que dicen “recorte por aquí”) que es la censura, la pérdida de la libertad.

Los zapatos son chiquitos para los pies (los zapaticos me aprietan), la media rota, la cara es una especie de máscara, una máscara que se impone con violencia.

Está la mitad de una vaca, aparecen casi siempre así, es una vaca que se nutre, testigo inocente de esa realidad (para que se pueda narrar un hecho, tiene que haber un testigo), está también como símbolo de la capacidad de los animales de percibir las señales de peligro.

Representa una mitad de la vaca, porque qué puede una vaca contra el poder, entonces es suficiente mitad.

De la serie ‘Palmas’

La carne expuesta como en una carnicería. No hay intimidad, es como estar bajo el ojo de un cirujano, si te piden el alma, la das, mirar a través de todos los intersticios.

La silla extensible tiene los colores de la bandera.

El ser humano ennoblece lo que está a su alrededor, por eso el espacio entre las piernas, a través de la silla de extensión es arena, es una materia más noble que la otra, que es gris y pedregosa.

El cuadro está cortado en dos, la realidad de la parte superior es el “paisajito cubano”, el paisaje turístico como lo presentan al exterior, también arriba está la ventana rota por la violencia, el espacio rojo en la ventana tiene un significado de violencia.

La palma está curvada, partida, es una violencia dinámica. La palma reacciona dinámicamente frente a un medio violento.

La violencia ejercitada sobre la mujer la convierte en pasiva. Es agresiva plásticamente, es una de las formas del terror.

Donde está la mujer todo está estancado, nada se mueve (el reino de las moscas). En otra parte de la realidad hay una brisa, algo se mueve y es el mar. A la naturaleza no la pueden callar también, no todo pueden aniquilarlo en la gente, en las palmas se mueven siempre los troncos y no las hojas.

De la serie ‘Palmas’

Hay una irrupción, una puerta que se abre, otra que se cierra, un corre corre, debido a esa bota militar que violenta la intimidad. Por eso se ve la pierna que está dentro de la casa que pertenece a esa pareja que hace el amor perseguida. Es como si en medio de la noche, en un día cualquiera, la violencia irrumpiese a través de tu puerta.

Las líneas blancas denotan gráficamente el movimiento de abrir y cerrar.

La figura sufre una violencia, hay una parte que se queda dentro de la casa (la que quiere quedarse dentro –el niño agarrado a la silla–)

Una parte tuya que actúa y otra que se rebela. La puerta, custodia de la individualidad, aparece sola, con la manilla arrancada y se apoya en la palma, que la sostiene.

El tabaco oreja no se esconde para perseguirte, goza desfachatadamente, lo hace evidente, lo vacila, no hace esfuerzo para esconderse.

No hay nada de decorativo en los cuadros. La hierba tiene un significado. Ese pedazo de hierba no puede negar la relación noble entre el ser humano y la naturaleza. Si esa mujer se trasladase se llevaría ese pedazo de hierba.

Todo sucede dentro de la naturaleza, un hombre puede ser fusilado contra un árbol.

De la serie ‘Palmas’

Lo mismo te pueden interrogar “pacíficamente” que llevar al paroxismo. Es el ser humano sometido a interrogatorio.

Esa mujer que mientras reposaba en la noche viene catapultada al espacio gravitacional.

Ese soldado que avanza por ese pedazo de la realidad de ese momento, hace evidente la exposición de su mejor valor que es el cuerpo.

La mujer está en el limbo del terror, el espacio se descompone en muchas posibilidades. El soldado que llega, la puerta que se abre, la luz que se enciende y esa mujer que estando dentro está ya gravitando en el limbo del terror.

De la serie ‘Palmas’

El paisaje asume, “sufre las mismas tribulaciones del ser humano”

Es esquemático, si una figura es atacada y tiene que pasar por un purgatorio, el paisaje se pone feo, triste, lo que queda se rompe. Tú lloras y el paisaje llora contigo, también cuando te vas el paisaje se rompe y es más infeliz, y nuevamente aparece el zepelín oreja.

Es como un ciclón político, se van los troncos, salen volando palos, tú pierdes el paisaje y el paisaje te pierde a ti.

El pedazo de cristal no es cristal real que cae.

Tú no conoces nada antes de este cuadro, es un contacto que estableces, un intercambio con la figura, una asociación.

El hueco es un corte transversal de la realidad, un espacio restringido dentro del espacio. Dentro de su casa es restringido y afuera también.

*Digitalización y fotografía: Suset Sánchez, con el apoyo de la residencia de investigación del programa de la Real Academia de España en Roma concedida en el año académico 2016-2017.

JORGE CARRUANA BANCES
Jorge Carruana Bances (1940-1997). Pintor, ilustrador, diseñador gráfico, caricaturista y director de cine. Entre 1954 y 1957 asiste a la Academia de Bellas Artes de San Alejandro de La Habana, donde estudia pintura, publicidad gráfica e ilustración. Desde esos años experimenta y aprende técnicas de animación e imagen. Integra el primer grupo de realizadores del Departamento de Dibujos Animados del ICAIC. En 1967 dirige junto a Myriam Acevedo espectáculos de teatro-cabaret en el El GatoTuerto, una de sus experiencias artísticas más enriquecedoras, en la cual se relaciona con importantes intelectuales del momento, como Carlos Franqui, José Triana y Virgilio Piñera. En 1968 abandona Cuba. Entre los años ochenta y noventa participa esporádicamente en exposiciones, dedicándose sobre todo a producir incansablemente. Establece una relación de amistad y trabajo con el escritor Guillermo Cabrera Infante, de quien realiza las cubiertas de sus libros Tres tristes tigres, Vista del amanecer en el trópico y La Habana para un infante difunto, publicadas en inglés por la Editorial Marlowe de Nueva York; y Ella cantaba boleros, publicada en español por la Editorial Alfaguara de Madrid.
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