Cubierta del libro-exposición ‘Delta’ (Charles Nypels Lab, Jan van Eyck Academie, 2018)

Una mujer en posición horizontal atada al techo de una habitación mira hacia abajo durante un largo rato y repite la palabra gota tanto tiempo hasta que se forma un bulto en el suelo. Esto resume la performance Estalagmita de Marianela Orozco incluida en Delta, un libro del que en verdad debería escribirse en agua, o tinta aguada. Inspirada por Marianela, pienso:

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Cuando hojeas Delta se siente y se ve cómo hay páginas transparentes que van cayéndose una por una desde otras hojas más gruesas. En un ritmo lento el papel cae sobre el papel, las palabras sobre las palabras, y el blanco sobre el blanco. En la primera página una marca de agua. Al tocar el libro parece que las fibras de papel y agua se te escapan en un fluir. Las capas de diferentes tonos de azul de la letra D impresa en la cubierta también hacen pensar en aguas transparentes y profundas.

Delta: la tierra formada por la sedimentación entre dos o más desembocaduras en el mar. El papel constituye, al igual que aquella tierra, el estrato que queda cuando el agua se retira de sus fibras. Se trata de un libro, entonces, que recuerda haber sido agua alguna vez.

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Delta es como un catálogo sin imágenes, es su propia exposición. Las palabras son los restos de las obras plásticas, como si se tratase de una exposición arrasada por el mar. Olas de un mar que se llevó todo lo táctil para dejarnos sólo con un testimonio escrito. La obra de Bas Jan Ader, incluida en el libro, sugiere algo similar. Lo único que queda de su In Search of the Miraculous es la nota garabateada de su autor antes de que desapareciera en el Atlántico en la que anuncia su viaje en un barco muy pequeño dentro del marco de su obra pidiendo la máxima discreción al respecto.

Bas Jan Ader, ‘Iʼm too sad to tell you’, 1970

Sólo tenemos acceso a las imágenes a través de este tipo de palabras impresas sobre papel transparente y escritas por un grupo de trece artistas: el holandés Bas Jan Ader; Ulay, de Alemania; Matthew Barney y Adrienne Rich, de Estados Unidos; los artistas colombianos Milena Bonilla, Oscar Muñoz, Luisa Ungar; cubanos como Elizabet Cerviño, Yornel Martinez, Irving Vera, Marianela Orozco y José Eduardo Yaque; y el brasileño Cildo Meireles. Un conjunto heterogéneo que sólo tiene al agua como elemento común. A través de dibujos, acciones, performances, instalaciones y cine, Stephanie Noach y Beatriz Gago desarrollaron una reflexión sobre el arte y el agua e invitaron a estos artistas a formar parte del proyecto. Es aquí donde el arte plástico se acerca a la literatura, donde puede pensarse como la fricción entre el flujo de la oralidad de la lengua y la fijeza de la forma de la escritura. Lo que queda de la lengua hablada es la escritura. Cascadas verbales suenan a desembocaduras de mar. La tinta en papel, sin embargo, es como un archivo sedimentado de imágenes. ¿Cómo poder revivir la tinta seca en el papel? Si no con agua, entonces con poesía.

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Este desplazamiento gráfico de Ulay se parece a un trazo, un gesto, una caligrafía. Un movimiento en el que la escritura tiende al agua, a la vida. Severo Sarduy buscaba los límites de la representación en el espacio intermedio entre literatura y artes plásticas. ¿Cuándo es que la escritura se vuelve dibujo y cuándo una imagen adquiere significado? En algunos experimentos de la literatura de los setenta se observa el límite entre imagen y lengua. ¿Cómo escribir en un flow continuo sin caer en una forma fija de significado? La fijeza es representación, fin de flow, lo contrario de escritura con eros y jouissance. La forma fija es a la escritura lo que la muerte es a la vida. Uno de los artistas en este libro, Yornel Martínez, parece seguir tales pasos de Sarduy, ambos inspirados en el Tao, el Tao como el agua. Yornel traza una vez más la línea tal como lo hizo con lápiz en un muro, en Los afluentes del cielo, en 2013, sólo que esta vez lo hace en palabras:

(…) Si nada en tu
interior está rígido
las cosas exteriores
se abrirán por sí solas.
En movimiento, sé
como agua. Cuando
quieras, como un
espejo. Responde
como un eco.
Con Los afluentes del
cielo, me interesaba
indagar sobre este
elemento (agua),
como lo entienden
los taoístas. Pienso
cómo las grandes
civilizaciones
crecieron en torno
a un río.
En el pensamiento
taoísta el Tao es
representado por la
fluidez, similar al agua.
Podría decirse que el
taoísmo es la filosofía
de la naturalidad y la
espontaneidad puras
en la acción.
El dibujo fue
realizado a línea con
lápiz de color azul
sobre la pared de
la galería. Se inicia
arriba, casi pegado
al techo y desciende
ramificándose por el
espacio de la esquina
de la sala, creando
un juego con la
racionalidad de los
ángulos rectos del
white cube y la fluidez
de las líneas:
río, grieta o rizoma.

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El fluir como continuo movimiento también se asocia al mítico axolotl en el texto de Luisa Ungar, una anfibia que no se deja definir. Una salamandra de las aguas profundas que no conoce forma adulta y que en los mitos de los aztecas es animal del submundo. El lado negro del agua. ¿Cómo no maldecir el agua por todas partes, tal como hizo Virgilio Piñera? ¿Cómo no dejarse intimidar por sus oscuras profundidades?, algo que hace pensar en libros de escritores caribeños como Édouard Glissant y Derek Walcott, en los que el mar juega un papel importante siendo transparente y opaco, muerte y vida a la vez, continuo y capricho impredecible. En Delta no sólo se sugiere el lado oscuro del agua a través de las míticas profundidades, sino también a través de su polución, del líquido mugriento y sucio que somos y que creamos a nuestro alrededor. Es decir, es eso lo que me inspira el texto de Matthew Barney: “Between piss and shit are we born,/ and in water do we die for the/ first time, slipping off to death […] Do you smell/every odor of the constipated, the/ gluttonous, the sulphurous, the/ caustic, the fermentative, the/infectious, the rotten, the/ corrupt, the putrescent? It is/ because I had to swim the river of/ feces, and succeeded in crossing/ only at a great price.”

Las obras incluidas son ekphrasis ―la descripción de una imagen―, pero más que descripciones son piezas, fragmentos de una obra vinculada al agua, de la cual algunas palabras están ex-puestas en el papel. De esta manera sugieren imágenes tal como logró con la poesía concreta Haroldo de Campos a mitad del siglo pasado. Algunos de los artistas llaman a su obra poema, otros a su texto dibujo, tal como Irving Vera:

Entre todas estas obras visuales en palabras se encuentra un intercambio por mail entre Stephanie Noach y Betty Gago como conceptualización líquida donde se comenta la selección de textos. Los mails son como un torbellino de ideas desde ciudades varias: Amsterdam, La Habana, Medellín, Madrid. Una constelación de lugares que sólo están conectados por el agua, a través de cables que atraviesan el océano para establecer una conexión de Internet. El libro-exposición está dedicado a todos los individuos y organizaciones que cuidan de una distribución del agua más justa en nuestro planeta.

Delta, un libro en el que puedes bucear y ver cómo artistas piensan el agua hojeando el papel sedimentado entre ríos. Como si uno fuera capaz de leer el agua. Water, Wasser, agua que se escapa al tocarla y que en el caerse de las páginas se deja escuchar:

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