Lanzan ‘E’piritismo Cubano’, una plataforma tridimensional de arquitectura

Representación gráfica del restaurante mediterráneo Ruinas Circulares, proyecto de Infraestestudio. Estudio de Arquitectura

Fábrica del Arte Cubano (FAC) entró de nuevo en el ruedo del mainstream habanero a principios de octubre con varias exposiciones. El viernes 4 se inauguró E’piritismo Cubano. Plataforma tridimensional de estética local que remueve, dizque con “una talla muy fresca”, los cimientos arquitectónicos de lo revisteril, y que permanecerá hasta mediados de noviembre en el pasillo que conduce a los conciertos de pequeño formato y música electrónica en FAC. Curada por su “ideólogo” principal, el arquitecto Nguyen Rodríguez Barrera y por Diego Funes-Álvarez, la exhibición se inspiró en la democratización del pensamiento más contemporáneo sobre arquitectura en Cuba en las redes sociales, y en su mínima o nula difusión aquí –y mucho menos acullá.

A todas luces, como en tantos ámbitos en el país, inquieta en arquitectura la magra existencia de plataformas pertinentes (revistas especializadas, anuarios, foros internáuticos de alcance estadísticamente representativo), que interconecten –como E’piritismo Cubano— textos teóricos, creativos o documentales sobre este saber a caballo entre el arte y la ciencia. Mas, independientemente del impacto, la regularidad o la celeridad de la propuesta de cada una, no puede soslayarse que en Cuba han pululado desde el siglo XX hasta hoy algunas publicaciones sobre arquitectura, urbanismo, artes decorativas y diseño.

En orden de aparición, fue primero la revista Arquitectura Cuba, órgano del Colegio Nacional de Arquitectos de Cuba (hoy Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba: UNAICC). Nacida en 1917 como Arquitectura, a secas, con períodos de auge y sistematicidad tanto como tiempos muertos, tras su número 380 (separado por cinco años del 379), parece –hasta donde sé– haberse trasmutado en (o cedido su nombre a) un blog, que continúa “actualizándonos” –casi siempre en retrospectiva– sobre construcciones icónicas de la Isla.

Luego vino la Revista Científica de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE) –cuatrimestral y arbitrada–, que es hoy una publicación electrónica de acceso abierto, homónima de su antecesora que estuvo saliendo impresa entre 1980 y 2007. Y más tarde, no fruto de una trans/e/migración, sino nacida en enero de 2016 como pez en el ámbito de lo virtual, surgió la revista A Mano. Oficio & Diseño: “plataforma multimedia que incluye soportes impresos, digitales y audiovisuales” para promover y debatir “sobre diseño, arquitectura y artesanías”.

Como síntoma de la preponderancia que ha ido ganando en la cotidianidad cubana, no sólo la arquitectura sino el diseño, otras revistas que surgieron por 2015 son: Pauta. Revista Cubana de Artesanía y Diseño (del Fondo Cubano de Bienes Culturales) y D Aquí. Revista de Diseño Cubano y Artes Visuales (cofundada por los esposos Yorlan Cabezas y Sandra Fernández). Así también pueden mencionarse, A3 Manos. Revista de la Universidad Cubana de Diseño (fundada en el Instituto Superior de Diseño, ISDI, en 2013) y La Tiza (editada por la Oficina Nacional de Diseño).

En cualquier caso, estas “voceras” no parecen bastar para lo que hay por decir y discutir sobre lo venidero y lo reinante en el universo cubensis, en materia de emprendimientos, ampliación del sector privado, inversiones extranjeras y —last but not least— de arquitectura cubana. De ahí que Nguyen, Diego (y un nunca redundante etcétera) se sintieran tentados a fundar su propio “organillo” de prensa para, en travesía por los archivos (webs, blogs, posters en Facebook o Instagram) de arquitectos, diseñadores y creadores de patio y traspatio, catapultar sus reflexiones dentro y fuera del ámbito que les compete, y abrir así el debate, a nivel profesional y ciudadano, acerca de las construcciones que se han ido proyectando en los planos doméstico y público en la Cuba de hoy.

Inspirados por el arte del afamado Le Corbusier —Le Corbu, para los cercanos–, que no sólo proyectó construcciones señeras del Movimiento Moderno (MoMo), sino que se encargó de difundir su pensamiento desde las páginas del magazine L’Esprit Nouveau, cofundado hace casi cien años junto al poeta Paul Dermée y el pintor Amédée Ozenfant, y frustrados por el aplazamiento y la oclusión de espacios para razonar (congresos, convenciones, revistas, guerritas electrónicas, ¡perreos!), es que surge la idea de atraer E’piritismo Cubano fuera de las redes y plantarla en las paredes de la Fábrica de Arte Cubano, como un conjunto de piezas-manifiestos.

Así, el llamado se dirige al espectador, invitándolo a extraviarse entre links y códigos QRL, para codearse con “lo que hay” en los espacios virtuales. Ni qué decir que E’piritismo Cubano es de suyo el escenario de presentación y promoción de algunos de los tantos estudios de arquitectos cubanos, cuyo despliegue es palpable en la Isla, sobre todo, en nuevos y antiguos negocios.

Del cubaneo todopoderoso a la protesta –¿del reflote al hundimiento?–, y à rebours, E’piritismo Cubano cierra y abre con una (no) cubierta de Robertiko Ramos y una (no) contracubierta de Roberto Lumpuy. Entre los (no) colaboradores, junto al artista y diseñador Ernesto Oroza y su statement al proyecto-exposición Museo popular concreto, se sumaron varios estudios de arquitectura. Apropia Estudio, por ejemplo, nacido en 2015 en La Habana como proyecto de Elisabetta Alè (con Hayder Valdivia & Co.), entre cuyos sueños venideros está la restauración en Boca Ciega de la Casa Tauler (1958), del MoMo cubano. Albor Arquitectos, cofundado en Cienfuegos en 2010 por Carlos Manuel González Baute y Alain Rodríguez Sosa (a quienes se asociaron luego Camilo José Cabrera Pérez y Merlyn González García), cuyas soluciones de economía constructiva y adaptación al contexto tienen un ejemplo clave en Casa Soporte (2018). Matchbox. Producto/Servicio, Architectural Visualization Studio, fundado por David Labrador, quien es pionero en La Habana del renderizado o la representación de proyectos, como lo indica su apelativo, y exhibe aquí diseños de interiores como Jungla Bar, que suma lo acogedor a lo espacioso, bajo la firma de Labrador Arquitectos. Asimismo está Infraestudio, radicado también en La Habana desde 2016 y cofundado por Anadis González, Fernando Martirena, David Medina y Gerardo Guillén, entre cuyos corrimientos cuentan las Ediciones Infraleves, y uno de cuyos fantasmas arquitectónicos ha sido la reanimación de la Casa Lamas (1959), de Humberto Alonso, una vivienda paradigmática de “arquitectura en el vacío” que estaría en la línea de la descomposición racional, como parte del MoMo cubano –según el escritor y arquitecto Osdany Morales.

En cuanto a los curadores de este perreo arquitectónico, Diego Funes-Álvarez, es estudiante de la CUJAE; pertenece al proyecto agroecológico familiar Finca Marta y se ha desempeñado como diseñador en exposiciones como Deshacer, y como expositor en 300 rpm (La Marca). Nguyen Rodríguez Barrera se graduó en la Facultad de Arquitectura de la CUJAE en 2015, donde es profesor. Ha colaborado con Belomonte Estudio. En FAC, en tanto especialista de Arquitectura y Diseño Industrial, ha tenido a su vera exposiciones como Formas de decir, Arquitectura escolar en tiempo de Revolución y Apuntes a la escuela Lenin.

Como toda (no) revista que se respete, este camaleón se abraza a su época y quiere levantar polvo, pero también agradar-estremecer-sorprender –todo a la vez–. Así, las páginas de Elisabetta acogen una pieza interactiva basada en definiciones googleadas de arquitectura, y una carta abierta al autor de la facultad de artes dramáticas del Instituto Superior de Arte, Roberto Gottardi (1927-2017) –italiano como ella–, donde lo actualiza sobre cómo ha cambiado en Cuba el desempeño de su profesión.

Elegido entre varios de Albor, despierta simpatía el post, donde a modo de cuento gráfico un par de niños arman el prototipo de una moderna mesa de trabajo, como si tal cosa –como si el diseño funcional fuera un juego de infantes–. José Ángel Nazabal ilustra y reinterpreta la viñeta con la que Infraestudio ficcionó su proyecto Casa Gruta en Ediciones Infraleves. En este feat, hablando de casa se habla de amor y, hablando de piedras, se burla el hieratismo y se empuja a asumir libremente nuestras identidades sexuales. En Matchbox se pone el zoom sobre par de diseños de interiores, y se accede a la representación gráfica de proyectos vario(pinto)s a los que el estudio ha dado vida, los cuales, por el nivel de realidad y confort, parecen salidos lo mismo de un cajón de soluciones que de un libro de magia, y funcionan como puerta a una galería fundacional de mucho de lo que en arquitectura se ha venido irguiendo en la Isla.

Luego, el profesor Universo García nos llama a dejar la indiferencia acrítica, en relación con los “miedos” y las componendas que se viven en esta ciudad, entre las contradicciones generadas por contemporaneizarla y los deseos de que siga como incólume, gracias a restauraciones o a intervenciones bien contextualizadas. Quien se adentre en su post –cuyo germen parte del tiqui-tiqui por uno de los nuevos hoteles alzados en la capital–, podrá seguir las diseminaciones del contrapunteo entre quienes quieren su renovación urbana como venga y entre los entendidos, que se preocupan por el cómo de “maquillajes” e “implantes”. Marcos Trueba y Robertiko Ramos, lanzando su chismecito de piscina inflable en medio del ruedo del “solar” facebuquero, irrumpen con una reflexión meta-revisteril, que añade otra faceta sobre la arquitectura “de veldá” que la exposición siente que le atañe: “¡la del people!”, con materiales de aquí e ideas de sus usuarios reales.

Amén de ese atrayente gesto de “instalación” hipertextual, mientras los textos se susurran mucho, se susurran más; amén de ráfagas de humor, del ingenio desplegado en el espacio y de la sabiduría de estas lecciones de arquitectura teórico-prácticas, la pieza que me dejó pegada más que al techo a la pared, por bebérmela toda allí de pie, fue la de Ernesto Oroza. Con él –lo vengo sabiendo ya con su arquitectura de la necesidad, su desobediencia tecnológica, su marabú, su ruptura, su cabaret punk–, la materia Cuba se convierte en filosofía y, en este caso, las probetas de hormigón, como objetos de prueba de resistencia de los materiales por emplear en una construcción, devienen memoria y poesía: vestigios irrepetibles, rigurosamente fechados, de un azar de mezclas y condiciones ambientales que luego han sido parte de construcciones por toda la Isla y que son –al decir de Oroza– un museo popular concreto de nuestra industrialización arquitectónica, módulos inclasificables y dúctiles para la especulación, tanto como son útiles para dibujar jardines, muros, escaleras, vereditas.

Gracias a la irreverencia y a la inconformidad, Nguyen y Diego nos ofrecen con E’piritismo Cubano más que un número de la (no) revista que tenían entre pecho y espalda. El acceso a estas cuentas de Instagram y de Facebook, y la persecución a nado de los artistas y los estudios aquí congregados, nos dan la posibilidad de hacer malabarismos y zapping de un post a otro, como quien juega al pon, y de rearmarnos –con lo que vive allí y con lo que vendrá, con los arquitectos recién conocidos y con los por conocer– un “saoco” que no tiene fin. Como nos dicen las encarnaciones de Robertiko y Marcos en la portada, tomándose un break en las aguas de la estática milagrosa, para remprender los rápidos de otras revoluciones por minuto, que no nos dejen caer: “¡Es muy fuerte!”, “Pero [no queda de otra] hay que flotar”.

 

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la Siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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