Luis Vaz de Camões

En muchos aspectos, la duda es el elemento principal que se cierne sobre la vida y la obra de Luis Vaz de Camões (1524-1580), considerado casi por unanimidad el más importante poeta de la lengua portuguesa. No hay certezas acerca de su genealogía, ni acerca de los sitios donde adquirió los enciclopédicos saberes que muestra su obra, ni acerca de las mujeres que realmente amó en la agitada carrera sexo-emocional (desde prostitutas de Coimbra y Lisboa hasta la infanta doña María, hermana del rey Manuel I de Portugal, pasando por Catalina de Ataíde, una de las damas de la reina a la cual se supone le escribiera buena parte de sus composiciones líricas) por cuya causa se convirtió en un exiliado durante el reinado de Juan III. Tampoco existen con total exactitud datos sobre su larga estancia en Goa (donde se especula que terminara su monumental Os Lusíadas, sin duda el gran poema épico portugués), o sobre su estancia mendicante en Mozambique tras un naufragio cuando pretendía volver a Portugal. De igual modo se desconoce cuál de las dos ediciones de Os Lusíadas que salieron en 1572 es la auténtica, o cuál podría ser la versión definitiva de su producción lírica, pues el volumen con sus rimas le fue robado y publicado póstumamente, razón por la que los sucesivos editores no alcanzan a ponerse de acuerdo alrededor del número y la autoría de algunas piezas líricas camoenianas. Incluso su tumba verdadera desapareció en el terremoto que azotara Lisboa en 1755 y hoy se ignora el paradero de sus restos.

Pero todo eso termina por ser secundario. Lo de veras imprescindible resulta ese espléndido poema en octavas en el cual se aprecian los ecos de Homero, Virgilio, Dante y Ariosto, pero que se alza con un hallazgo sorprendente: a pesar de intentar una loa a las hazañas de su probable antepasado Vasco de Gama, el poeta sobrepone el héroe colectivo (los hijos de Lusus, los lusíadas o portugueses) al individual y entona un auténtico canto de amor patrio en el que se mezclan la historia, la política, la erudición, varios ejes argumentales sabiamente manejados entre lo real y lo fantástico y lo mítico y lo histórico, y juegos espacio-temporales de una absoluta novedad para la época con el uso de un idioma que oscila de lo clásico a lo moderno y de lo culto a lo popular sin perder la solidez conceptual ni la gracia estilística.

Pero por si no bastara, Camões fue además un intenso poeta lírico que, inspirado en las búsquedas renacentistas provenientes de sus lecturas de Petrarca y Garcilaso, siempre aunadas a las fuertes subjetividades de Horacio y Ovidio, a quienes demuestra haber conocido muy bien, renueva estas posturas clasicistas y se mueve hacia el manierismo y en ocasiones hasta el anuncio del barroco gracias al uso constante de las paradojas. Desde el punto de vista temático, su lírica ahonda en el conflicto entre el ideal neoplatónico de amor espiritual y el amor apasionado y sensual, así como en la añoranza por las pérdidas de todo tipo y el efecto de estas en los sentimientos humanos.

Desde el punto de vista formal, son destacables su perfección y sencillez, a través de las cuales entramos en un territorio donde la experiencia vital enriquece las influencias literarias y nos ofrece una poesía aún perturbadora después de tantos siglos, como quizá consigan demostrar estas traducciones con las que pretendo revelarlo a aquellos lectores que no lo conozcan.

De mi estado me hallo tan incierto,
que en vivo ardor temblando estoy de frío;
sin causa, al mismo tiempo lloro y río,
abarco el mundo entero y nada advierto.

Es todo cuanto siento un desconcierto;
es mi alma un fuego, es mi vista un río;
de pronto espero, luego desconfío,
de pronto desvarío, luego acierto.

Estando en tierra al Cielo voy volando,
mis horas son mil años, mas de hecho
en mil años no sé hallar una hora.

Si alguien quiere entender por qué así ando,
respondo que no sé, pero sospecho
que es solo porque os vi, bella Señora.

Tanto de meu estado me acho incerto,
que en vivo ardor tremendo estou de frio
sem causa, juntamente choro e rio,
o mundo todo abarco e nada aperto.

É tudo quanto sinto, um desconcerto;
da alma un fogo me sai, da vista un rio;
agora espero, agora desconfio,
agora desvario, agora acerto.

Estando en terra, chego ao Céu voando,
num’hora acho mil anos, e é de jeito
que em mil anos não posso achar um’hora.

Se me pergunta alguém porque assi ando,
respondo que não sei; porém suspeito
que só porque vos vi, minha Senhora.

*   *   *

Se transforma el que ama en cosa amada
por virtud de su mucho imaginar;
no tengo luego nada que desear,
pues tengo en mí la parte deseada.

Si en ella está mi alma transformada,
¿que más quisiera el cuerpo conquistar?
Solo en sí mismo puede descansar,
pues consigo tal alma está ligada.

Mas esta linda y pura semidiosa,
que, como un accidente en el sujeto,
con mi alma se funde y se conforma,

está en el pensamiento, idea radiosa,
y el vivo y puro amor de que es objeto,
cual la materia simple, busca forma.

Transforma-se o amador na cousa amada
por virtude do muito imaginar;
não tenho, logo, mais que desejar,
pois em mim tenho a parte desejada.

Se nela está minha alma transformada,
que mais deseja o corpo de alcançar?
Em si somente pode descansar,
pois consigo tal alma está liada.

Mas esta linda e pura semideia,
que, como um acidente em seu sujeito,
assi co a alma minha se conforma,

está no pensamento como ideia;
e o vivo e puro amor de que sou feito,
como a materia simples busca a forma.

*   *   *

Cuanto quiso Fortuna que tuviera
esperanza de algún contentamiento,
el gusto de algún suave pensamiento
me hizo que sus efectos escribiera.

Pero temiendo Amor que aviso diera
mi escritura de juicio alguno exento,
me oscureció el ingenio con tormento
para que sus engaños no dijera.

A vosotros que amor os hace afectos
de voluntades varias, si leyeres
en breve libro casos tan diversos,

verdades puras son, y no defectos…
Y sabed que, según amor tuvieres,
tendréis entendimiento de mis versos.

Enquanto quis Fortuna que tivesse
esperança de algum contentamento,
o gosto de um suave pensamento
me fez que seus efeitos escrevesse.

Porém, temendo Amor que aviso desse
minha escritura a algum juizo isento,
escureceu-me o engenho co tormento,
para que seus enganos não dissese.

Ó vós que Amor obriga a ser sujeitos
a diversas vontades! Quando lerdes
num breve libro casos tão diversos,

verdades puras são, e não defeitos…
E sabei que, segundo o amor tiverdes,
tereis o entendimiento de meus versos!

*   *   *

Amor es fuego que arde sin arder,
una herida que duele y no se siente;
es un contentamiento descontento,
un dolor que maltrata sin doler.

Es un querer tan solo bien querer;
es andar solitario entre la gente;
es un no contentarse en el contento;
es creer que se gana en el perder.

Es un estarse preso a voluntad;
es servir a quien vence al vencedor;
tener con quien nos mata lealtad.

Mas, ¿cómo causar puede su favor
del corazón humano la amistad
si tan contrario a sí es el mismo Amor?

Amor é fogo que arde sem se ver,
é ferida que dói, e não se sente;
é um contentamento descontente,
é dor que desatina sem doer.

É un não querer mais que bem-querer;
é un andar solitario entre a gente;
é nunca contentar-se de contente;
é um cuidar que ganha em se perder.

É querer estar preso por vontade;
é servir a quem vence, o vencedor;
é ter com quem nos mata, lealdade.

Mas como causar pode seu favor
nos corações humanos amizade,
se tão contrário a si é o mesmo Amor?

*   *   *

Siete años de pastor Jacob servía
al padre de Raquel, serrana bella;
mas no servía a Labán, sino a ella,
y solo a ella por premio pretendía.

Los días, esperando un solo día,
pasaba, contentándose al mirarla;
pero el padre, con ansias de cuidarla,
en lugar de Raquel le daba a Lía.

Viendo el triste pastor que con engaños
le fuera así negada su cabrera,
cual si no la tuviera merecida;

torna a servir por otros siete años,
diciendo: —Más sirviera, si no fuera
para tan largo amor corta la vida.

Sete anos de pastor Jacob servia
Labão, pai de Raquel, serrana bela;
Mas não servia ao pai, servia a ela,
e a ela só por prémio pretendia.

Os dias, na esperança de um só dia,
passava, contentando-se com vê-la;
Porém o pai, usando de cautela,
em lugar de Raquel lhe dava Lia.

Vendo o triste pastor que com enganos
lhe fora assi negada a sua pastora,
como se a não tivera merecida;

começa de servir outros sete anos,
dizendo: —Mais servira, se não fora
para tão longo amor tão corta a vida.

*   *   *

Mudan los tiempos y las voluntades,
se muda el ser, se muda la confianza;
el mundo está compuesto de mudanza,
y toma siempre nuevas cualidades.

Continuamente vemos novedades,
diferentes en todo a la esperanza;
del mal queda la pena en la membranza,
y del bien (si hubo alguno), las saudades.

El tiempo cubre con un verde manto,
el suelo que antes fue de nieve fría,
y, en fin, convierte en lloro el dulce canto.

Y, excepto este mudar de cada día,
mudanza hay otra de mayor espanto:
que no se muda ya como solía.

Mudam-se os tempos, mudam-se as vontades,
muda-se o ser, muda-se a confiança;
todo o Mundo é composto de mudança,
tomando sempre novas qualidades.

Continuamente vemos novidades,
diferentes en tudo da esperança;
do mal ficam as mágoas na lembranza,
e do bem (se algum houve), as saudades.

O tempo cobre o chão de verde manto,
que já coberto foi de neve fria,
e, enfim, converte en choro o doce canto.

E, afora este mudar-se cada dia,
outra mudança faz de mor espanto,
que não se muda já como soia.

JESÚS DAVID CURBELO
Jesús David Curbelo (Camaguey, 1965). Escritor y traductor. Se ha desempeñado como profesor de literatura en la Universidad de La Habana y en el Instituto Superior de Arte de Cuba. Ha traducido al español a John Donne, William Blake, Dante Alighieri, Edgar Lee Masters, entre otros autores. Ha publicado las novelas Inferno (1999) y Cuestiones de agua y tierra (2008); los cuadernos de poesía El mendigo de Dios (2004) y Cárcel, memoria y abrigo (2008); y los relatos Tres tristes triángulos (2000) y Otros cuentos de amor, de locura y de muerte (2006), entre otros libros. La antología Las quebradas oscuras (Editorial Letras Cubanas, 2008) recoge una selección personal de su poesía escrita hasta la fecha. Mereció el Premio Nacional de la Crítica Literaria en 2001 y en 2004 y el Premio Silvestre de Balboa 2006 al conjunto de su obra literaria.
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