La Dirección de Cultura del Ministerio de Educación acaba de lanzar a la publicidad Nueva Revista Cubana, a la que desde ahora le auguramos un buen éxito, porque aparece en un clima propicio y detrás de ella hay una juventud sólidamente formada.

Los valores nuevos que asoman en sus páginas, precedidos de figuras consagradas, aunque discutidas, constituyen una promesa de grandes conquistas para la cultura. Y promesa no quiere significar en este caso algo incierto, eventual, sino todo lo contrario: que se esperan frutos sazonados. No citaremos nombres. Preferimos invitar a la lectura y el análisis del contenido de este primer número, porque muchos de los trabajos que han visto la luz en esta publicación tienen un valor de permanencia que habrá de trascender al libro.

Hay, sin embargo, un breve ensayo sobre periodismo, cuya tesis comparto en algunos de sus aspectos, y que disiento en otros. Creo que el autor −con quien me gustaría charlar y no polemizar− no ha tenido en cuenta factores ponderables que, si bien no justifican desvíos de la ética, sí los explican. En los últimos años, el periodismo perdió aquella calidad que obligaba al periodista a defender con la espada lo que afirmaba con la pluma: falta de responsabilidad, o mejor dicho, ausencia de su noción. En eso estamos de acuerdo. Pero, ¿cómo se ha llegado a esa tierra de nadie del periodismo? He ahí la cuestión, el dilema que se presenta a la generación actual para que salve el abismo abierto entre las dos riberas que separan las generaciones entre las ­cuales está inserta la actual. Su deber es tender un puente, jamás quemar las naves.

DIARIO DE LA MARINA
Diario de La Marina (1844-1960). Periódico cubano de gran influencia en la sociedad republicana, en especial, desde 1902 y hasta su cierre por parte del Gobierno revolucionario en el poder. Sucesor de El Noticioso y Lucero de la Habana, el diario adoptó el subtítulo de “El decano de la prensa cubana”. En 1920 creó su suplemento literario, dirigido por José Antonio Fernández de Castro, donde aparecieron trabajos de algunos de los más importantes escritores del periodo, entre ellos, Martín Casanovas, Raúl Roa, Enrique de la Osa, José Lezama Lima, Rafael Suárez Solís, Alejo Carpentier, Gastón Baquero, Manuel Navarro Luna, José Antonio Mases, Luis Felipe Rodríguez, Ramiro Guerra, Jorge Luis Borges, Pedro Henríquez Ureña, Miguel Ángel Asturias, Enrique Gómez Carrillo y José Carlos Mariátegui, entre otros.