La Habana elegante de Evelyn Sosa se lanza en New York

De la sección “Mariana”, ‘Havana Intimate, through the lens of Evelyn Sosa’, Uncommon Beauty Gallery, New York, 2019

Conocí a Evelyn Sosa (La Habana, 1989) de la mano de Silvia Corbelle y Orlando Luis Pardo Lazo, en una época ida. Sabía que estudiaba alguna ingeniería en la CUJAE, que compartían la cámara y el fervor por el “instante decisivo” de Henri Cartier-Bresson. Pero nunca me imaginé que Evelyn iba a hacer de las fotos su pasión, su fervor diario hasta ganar el premio Herman Puig a la mejor artista en el Salón de Fotografía del Cuerpo en La Habana. Ni que habría expuesto a estas alturas, más allá de nuestras costas, en Japón y en los Estados Unidos. Ni que, persiguiéndola a través de la web, iría a parar a neutral_room, una cuenta de Instagram echada a andar por ella solita, cuyo nombre está inspirado en el arte del revelado (sea a través del Lightroom o en el cuarto oscuro), y donde ha compartido, semana tras semana, durante el año 2019, “el trabajo de un(a) fotógrafx cubanx”, sin importar estilos ni bandos, fama ni escuela.

Allí, me encontré de bruces con algunas de mis queridas fantasmas y con tantas otras que me quedan por conocer (de la sensualidad entre áspera/cálida/estridente de Jenny Sánchez, a las movedizas pesadillas de la propia Silvia, pasando por Ailen Maleta, Paola Martínez Fiterre, Mónica Moltó, Sarah Bejerano o Heidi García). Y por allí entré en los mundos de otros amantes del lente, muy o menos difundidos, analógicos o digitales, desde Raúl Cañibano, Ossain Ragi u Orlando Hernández hasta Alejandro Taquechel, Leandro Feal, Javier Rodríguez Mena, Ismael de Diego, Eve Fonteboa, Alfredo Sarabia, Julio Llópiz o Ronald Vill.

Conocí a Mariana Alom al asomarme una tarde a una de las inquietantes muestras de su madre, en la galería de la Biblioteca Nacional José Martí. De hecho, la primera vez que la vi fotografiada llevaban ella y la propia Evelyn, en persona, sendos vestidos negros de bolas blancas. Viene muy al caso ese destello porque el blanco y negro es una de las características que ha venido distinguiendo hasta ahora la obra de la autora de Havana Intimate, through the lens of Evelyn Sosa, el libro recién salido de imprenta en que ella ha volcado buena parte de la serie “Retrato femenino”, y cuya cubierta está precedida, justamente, por esa actriz que ya era parte del imaginario de la fotografía cubana, al haber protagonizado, entre otras, Páginas sin nombre, de Cirenaica Moreira. Sin embargo, si una de las dominantes en el arte de Moreira es la representación y el decorado (un hojaldre de texturas, c/dolores, reminiscencias que vienen como un perfume, como un sabor extraño y sugerente, con la cita de otras imágenes u objetos), en las fotos de Evelyn Sosa, Mariana es otra y la misma: su dulce-fiera sensualidad está al desnudo, como su torso. Esa sencillez o sobriedad, ese sacudírselo todo puede que sea, en este caso, otro de los sellos que Evelyn imprime a sus fotos, cuando captura “con suma elegancia toda faceta humana sin añadir dramatismo o manipular poses”, llegando “a una fórmula de solidez y frescura”, que logra penetrar en las “emociones” vibrantes tras la “envoltura” –al decir de las mujeres que han escrito para el libro.

‘Havana Intimate, through the lens of Evelyn Sosa’ , Uncommon Beauty Gallery, New York, 2019

Havana Intimate ha sido lanzado por Uncommon Beauty Gallery, un sitio que representa a Evelyn Sosa en New York. Esta primera edición, disponible –por ejemplo– en Dashwood Books y McNally Jackson desde principios de noviembre, y de la que aún no ha llegado ningún ejemplar a La Habana, consta de 300. En sus páginas viajamos a través de más de sesenta imágenes de emprendedoras y artistas cubanas, modelos “empoderadas” que son “novedad… y minoría” –según la crítica de arte Grethel Morell– y que “llegan a alcanzar un look de estrella principal de cine” –al decir de Danay Suárez, una de las fotografiadas–. Publicado de manera bilingüe, el volumen hace acompañar las fotos del prólogo de Jean-Noël Moneton –quien codirige la galería–, del ensayo “El rostro de mujer de la nueva Habana”, de Morell Otero –reciente Premio Nacional de Curaduría–, y de un testimonio vertido, precisamente, por Danay –esa versátil cantautora que consta, además, entre las aficionadas que ha publicado (en) neutral_room.

Tres son las secciones principales en que ha sido organizado el libro. Este “universo femenino” que –de acuerdo con la aguzada percepción de la Morell– “ha abierto brechas de salto” en la sociedad patriarcal de una isla de “arraigada tradición machista”, aunque fluyendo “sin conciencia de grupo, ni intención asentada de corriente feminista”, nos es presentado en tres tiempos. Primero, en solitario y sin temor a emitir su nombre con franqueza. Así vienen, entre espejos, cuartos, escaleras: la atrevida diseñadora Ilse, Danay besando su música, la suavidad de Lue o las tentadoras horadaciones de Ana Lyem, y la sempiterna Mariana, que en algún flachazo lleva en el pelo el único detalle a color de todo el libro: el violeta de una orquídea… Después, sobreviene una escuadra de “Otras amigas”, entre las que cuentan desde la cuchilla de los ojos de Silvia hasta la surfista Yaya, junto a Lauren y Raquel –también diseñadoras de Dador– y otras actrices como Cucú Diamantes, Betiza Bismark o Ana María Ochoa… Y, por último, accedemos a algunos autorretratos de Evelyn Sosa, quien emerge o se parapeta de/tras de ese pelo suyo que no deja de crecer…

Como se ha dicho de Leandro Feal o de Alejandro González Méndez, Grethel Morell anuncia que “[e]sta princesa del retrato habanero está capturando además el espíritu de una época”. Glamour y “semblante interior”, psicología de los personajes, un intimar con los sujetos fotográficos que se suma a la rapidez para captar un gesto de desparpajo o contención, una mirada, una palabra atragantada entre cuartos propios y galerías del yo. Las luces de la urbe y su nocturnidad se cuelan no se sabe bien cómo a través de los cuerpos de las protagonistas –como los aires de una era que no cesa de variar tampoco–. Las fotografías cazan, paradójicamente, algo entre efímero y hondo, que a ratos lleva a la alegría, a la frivolidad, al goce, a la picardía, a la liberación, a la duda, al silencio más solitario… Pueden, efectivamente, estas mujeres, no ser representativas de todo un panorama social en la Cuba de hoy, no ser mayoría –de acuerdo con la opinión de Morell–, pero –como también ella reconoce, sin querer abundar en los síntomas de globalización y neocolonialidad que aquí se irradian– los suyos son cuerpos que marcan tendencia. Y, al negar los “viejos relatos totalitarios y exangües” que sobre ellas –como sobre la juventud, la ciudad y la Isla han sido–, sus rostros, ciertamente, multiplican la representación desmitificadora de un escenario en el que siguen apostando, desde la música, el arte, el teatro…, sin mirar los toros desde la barrera.

Uncommon Beauty Gallery, cocreada por los curadores Beckie Warren y Jean Noël en 2017, representa a Evelyn Sosa desde el año pasado y este próximo 4 de diciembre a las 6:00 p.m. presentará en 81 Leonard Gallery el libro de la fotógrafa cubana, quien espera poder asistir a futuros lanzamientos. Uncommon Beauty tiene en su nómina de artistas “emergentes”, entre otros, a Anna Aristova (Rusia, 1983), Joy Kim (Corea del Sur, 1991), Andrea Hurtarte (Guatemala-Canadá, 1988), Lara Minerva (Berlín, 1992) y Taher Jaoui (Túnez, 1978). De hecho, se (com)place en tratar de hacer visibles “las minorías, las mujeres, los homosexuales y los artistas no conformes con el género”, poco o mal representados en los laberintos mercantiles de la actualidad.

Cuando el propio codirector de la galería nos invita a disfrutar “sin moderación” de Havana Intimate, y cuando pienso en que por las carambolas del mercado estos semblantes –que, rebelándose, revelan el relevo mental y material de la Cuba de estos días– serán probablemente absorbidos por la maquinaria del deseo, o consumidos como “belleza latina” u otredad exótica en transición hacia otros paradigmas menos graves, me incomoda el destino de nuestros desnudos, lo cíclico de ciertos callejones ciegos de la subalternidad. Por suerte, en varias páginas del libro, tímida pero certera, está la firma de Evelyn –a contrapelo de sí misma– bocetando sin medias tintas algún rasgo de las retratadas, desatando otras máscaras, incluso las que contribuye a entretejer.

En cuanto a la última y la primera razón por la que explora, como si hollara un mapa, en las caras y en los miembros de quienes van cediendo –como gatos crispados– a su incesante observar, me gusta lo que le confiesa a Danay, y creo que este texto completa más que nada su autorretrato, cuando le preguntan qué es lo que busca en una foto y responde sin más: “¡Fuerza!” Y es esa voluntad de darlo todo en la pista de la vida, ciertamente, lo que sobresale en la actitud de quienes han entrado al objetivo de esta artista como si se pasearan por el “dulce hogar”. No me extraña, porque a fin de cuentas neutral_room es, más que todo –y desde el logo con que Evelyn le dio cimientos– una casa a la que todos estamos invitadxs. Asimismo, en Havana Intimate se respira cómo ella ha procurado recrear una intimidad en que no sólo las retratadas se desenvuelven a sus anchas, sino donde el propio espectador siente que viaja sobre ruedas, sin fronteras ni pasaportes, para encontrarse al fin y al cabo no con un páramo a la intemperie, sino, literalmente, con algunos misterios revelados en el dark room. Evelyn abre puerta así a una aventura donde –siguiendo el ejemplo de sus modelos– una se enfrenta al lente como al infinito, con la terca irreverencia de esos niños que saben mirar fijo el sol sin pestañear.

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la Siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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