Catálogo BITA

  1. Una verdadera obra está formada por PROCESOS.
  2. Los hechos y anécdotas de la fábula son consistentes en la medida en que forman parte de ese proceso. De lo contrario, son simplemente comentarios.
  3. La forma suprema de ese proceso es la especulación, la reflexión sistemática. En algunos casos esta especulación da origen a una metafísica.
  4. Los personajes son literarios en la medida en que logran ser parte orgánica del proceso. De lo contrario, son meros soportes de una historia ajena. Y, si se convierten en personajes, esto es sólo por coincidencia.
  5. Al ser la obra un sinnúmero de procesos y no una unidad predeterminada (en su estructura gruesa), sus personajes y situaciones surgen junto con la arbitrariedad, fantasía, obsesiones y sorpresas, ingredientes fundamentales del proceso especulativo.
  6. El proceso especulativo genera su propia consistencia, núcleo a núcleo, segundo a segundo. Tanta es su volatilidad que ni siquiera termina de consolidarse cuando el proceso termina (pues en el fondo el término de una obra es sólo formal).
  7. De lo anterior se deduce que una obra es un conjunto de obras individuales atravesadas por la metafísica especulativa de quien la crea y la recrea, llámese autor, narrador, lector, o su fusión. Esta metafísica se reactualiza cada vez y está nutrida por las mismas fantasías, obsesiones, sueños, deseos e intangibles de esa fusión creadora, de esa persona, e incluye por origen los temores más primitivos, aquellos que sólo se terminan reconociendo al desplazarlos, al escribirlos.
  8. Las anécdotas, fábulas y símiles son excusas para que los procesos tomen forma, se hagan visibles. Son el vehículo; no el espíritu. Igual son fundamentales, pues sin ellas no hay ficción, y sin ficción no hay creencia… y sin creencias no hay dioses.
  9. La obra siempre lucha por su vida. Aunque esta sea una oda a la autodestrucción. De aquí que la arbitrariedad sea su sino y punta de lanza.
  10. La arbitrariedad no se opone a la consistencia del proceso. Más aún, se convierte en forma de sabiduría… Al causar nuevos problemas y paradojas, se convierte en artífice de nuevas soluciones en pro de la consistencia del proceso. Por ella el proceso se renueva, se busca a sí mismo y se perfecciona en su delirio, si no se consagraría como un fósil, una fórmula.
  11. La finalidad de la obra es hacer sonreír al hombre a partir de los temores que nacen con él.
  12. Los temores ayudan a grabar hechos o eventos. Estos hechos son consistentes en la medida en que forman parte de un proceso, cuya forma suprema es la especulación.
  13. Especular sería entonces el establecimiento del diálogo entre el Hombre y el Infierno.
  14. De esta especulación nacen nuevas formas de pensamiento y nuevas formas de infierno, ya que la especulación por su esencia ilimitada es dinámica e inconformista.
  15. El tiempo de la obra y el tiempo real son formalmente autónomos, se engañan mutuamente, desconociéndose, pero en el fondo están relacionados… La obra usufructúa de esta complicidad, y los públicos, en cierta manera, también.
  16. Las obras literarias son obras reales, sacadas de la cotidianeidad sólo con la misión de hacer ver esta cotidianeidad más claramente. Desde el punto de vista de la estructura orgánica, la ficción y la realidad son iguales, sólo se distinguen en el brillo. La realidad refleja el brillo de Dios; la ficción, el brillo del Hombre.
  17. Por tanto, Dios es más experto en la física de la realidad que en la metafísica. La metafísica tradicional es un invento del hombre para hacer de lo propio algo ajeno, hacer de lo mundano algo divino. Cuando en verdad esa metafísica es asunto del poder creativo del hombre, de su competencia, no materia de estudio de lo inasible o sobrenatural.
  18. Por esto, Dios, para lucirse de su creación frente a otros dioses, no le dice al hombre: “Muestra ese azul del mar”. Le dice: “A ver, recita un poema de esos que tú sabes…”
  19. La poesía es la conexión del hombre con Dios, conexión inventada por el hombre.
  20. Lo más poético y sagrado que entrega Dios al Hombre es el alimento. Por eso es requisito lavarse las manos antes de comerlo. Los que no lo hicieren pueden rezar.
  21. El hombre necesita de la ficción para verse y tomar conciencia de la poesía salvaje que lo rodea. Esto lo hace independiente, lo que a su vez aumenta su temor.
  22. Cuando la especulación se transforma en metafísica aparecen dos peligros en sus extremos: por un lado, el conformismo de la fábula, y por el otro, la pirotecnia inconsistente, la llamada vanguardia formal.
  23. Las más famosas cuatro fases de la Especulación son: pánico, desconcierto, negociación, consistencia.
  24. Pánico es el temor dormido frente a un objeto que se oculta.
  25. El desconcierto es la visión conjunta del objeto y del temor despertado por el objeto. Ambos aparecen como gemelos, pero con autonomía. El desconcierto produce rabia y esperanza. Rabia porque al ser gemelos da la sensación de no haber avanzado nada y haber llegado a un enigma eterno. Y esperanza, porque, al fin y al cabo, el objeto y el temor despertado por él, son dos unidades iguales y complementarias. El desafío es hallar dónde ese complemento tiene sentido.
  26. La negociación es pérdida y ganancia, guerra y amor, diálogo y monólogo. Si no hay negociación se arrasa todo y la obra no existe, existe sólo la realidad. Por tanto, en ese caso, Dios permanece y el Hombre muere.
  27. Si hay negociación, es porque aparece el Infierno y con él la sonrisa en los labios. La obra queda en pie y por tanto el Hombre también. Para qué decir Dios.
  28. El Infierno no es asunto del Diablo. Es asunto de Dios, el Hombre, y los familiares que ellos engendran. El Diablo es sólo un estado de ánimo, un inteligente distractor.
  29. Jamás una obra puede tener la pretensión de ser “experimental”. Una obra cambia su nombre segundo a segundo. Su razón de bautismo está en su perpetua condena de querer ser otra cosa, cada vez más cercana al borde, al fin.
  30. Lo experimental no es un problema de la obra; es problema de los públicos.
  31. Lo único competente a la obra es su consistencia. Lo demás son relaciones públicas.
  32. La consistencia de una obra es inversamente proporcional al conformismo.
  33. El proceso de creación es un proceso de especulación. Si no, el hombre habría sido de una sola manera o sencillamente no habría sido.
  34. Una obra inmoral es una obra inconsistente. Una obra consistente es la leal a sí misma. La obra moral no existe.
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GREGORY COHEN
Gregory Cohen (Santiago de Chile, 1953). Actor, dramaturgo, narrador, poeta, guionista y director de teatro y cine. Se ha desempeñado como creativo en prestigiosas agencias publicitarias. Es profesor de cátedra en la Universidad Diego Portales, la Escuela de Cine de Chile y la Universidad de Chile. Su largometraje El baño fue exhibido en el Festival de Cannes en 2006 y mereció el Premio Especial del Jurado y el Premio Especial del Público en el Festival Internacional de Cine Latinoamericano de Marseille, Francia.