Flavio Garciandía, ‘Sueño de un cisne tropical’ (detalle), 2017

Cuba a qué si se va a morir.

Terminar oyendo música, plectro en el samisén,
la mandolina en el
balcón que mira al
jardín, la mujer de
la mandolina en el
jardín: Julieta de
plácemes a
medianoche,
descanse el siervo
de la escritura (esa
sevicia) mientras se
duerme, la calandria
no canta todavía,
un último momento
en el fondo banal.

Derviches, canciones turcas, sistros, albogues,
cuecas y llaneras,
descuelle el mejor
tenor y detrás a
punto de ser
imaginario oír la
pájara voz del
contratenor.

Dobla la cuadra, sol poniente, en la Barca un
conjunto musical
de azafatas chinas,
floreadas, arte y
parte ornamental
(indumentaria) de
su inminente muerte:
no ver más allá de
sus narices, una
pasarela permanente
lo lleva a casa, a
medida que avanza
retrocede la pasarela,
quién desmonta su
osamenta: la bizca
relación de sus ojos,
unos ojos a Oriente,
la mirada puesta en
la Isla, no responde:
ventila las habitaciones,
refresca los suelos,
ventanas entreabiertas
pese a que estamos en
febrero para pasar la
noche: no nieva, no
habrá estepas de
nuevo, el cuarto de
gestación tapiado,
Cuba aparece boca
abajo, olor a mejorana,
tila, y él encima boca
arriba.

JOSÉ KOZER
José Kozer (La Habana, 1940). Es uno de los poetas más prolíficos del mundo contemporáneo. El conjunto de su obra suma cerca del centenar de libros de los cuales el más reciente, Nulla dies sine línea (2016), intenta recogerla en su integridad. Ha ejercido la docencia en algunas universidades y traducido al español a poetas de las tradiciones inglesa y japonesa. A la par de un indiscriminado ejercicio de la lectura, ha llevado una reflexión crítica sobre antiguos y modernos, canónicos y emergentes, de la que dan fe los fragmentos de sus diarios, las entrevistas concedidas y los ejercicios en prosa en parte concitados en volúmenes como La voracidad grafómana: José Kozer (2002) y De donde son los poemas (2007). En 2013 fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.
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