Leandro Feal, de la serie ‘Almost Blue’, La Habana, 2011

Lejos de esa recurrente tentación nacional que es la tradición de la epopeya visual, del recurso implícito a la Historia con mayúscula, y del frígido pictorialismo de gabinete, tanto como de la ya abusiva explotación temática de la insularidad o de sus símbolos, a Leandro Feal Bonachea le bastó en sus inicios un puñado de exposiciones para colocarse entre los fotógrafos más destacables de su generación.[1]

Fotógrafo del cuerpo y sus políticas, siempre moviéndose a través de calles, bares, discotecas o cuartos de alquiler, la mirada de Feal parece documentar, más incisivamente que la de cualquier otro artista cubano actual, el tránsito de ciertos sujetos de un ámbito a otro, la coexistencia íntima entre mundos comprometidos y diversos.

Porque lo que su cámara captura es la participación en una comunidad mediante la imagen. Una comunidad algo ucrónica o por venir, transnacional y poscomunista, cuya sola representación va a contracorriente de esa incesante generalización de consignas e íconos políticos que puede ser, después de todo, la más explícita de todas las actividades públicas orientadas en Cuba al control de lo sensible. Y es este engagement del artista y sus modelos, esa intimidad duradera o momentánea, lo que aporta un carácter furtivo e irresistible a esas fotos tomadas no importa dónde; imágenes que no tienen otra fidelidad que la participación en la soledad o el placer de los fotografiados, ni otra justificación que el éxtasis del registro.

Creo, además, que de estar atentos a la potencia de expresión de esa comunidad a la que las imágenes de Leandro Feal constantemente nos remiten, comprenderemos que su obra no podría ser jamás considerada una ilustración de lo que Byung Chul Han ha llamado la sociedad de la transparencia.[2] Esto, justamente, porque lo que en estas intervenciones se juega desafía abiertamente la afirmación de un colapso estético de lo “verdaderamente político”.

Bástenos observar esos ínfimos desfiles que las fotos de Feal registran, para advertir que sólo a condición de estar poseídos por el más chato sentido de lo que es “lo político”, es posible considerar que las manifestaciones colectivas son menos importantes en el bar que en la plaza. De ahí que en el sentido de su realización performativa, estas intervenciones fotográficas de Leandro Feal constituyen pequeños ensayos de intoxicación y de construcción de sí mismo, formas de participación en un mundo de goce, no de extenuación psicopolítica.[3] Sin embargo, la hiperactividad que anima este sorprendente universo visual parece contener, siempre al fondo, un aviso de derrumbe.

 


Notas:

[1] Baste citar el material exhibido en la muestra Un ojo en la niebla (2008), Casa de las Américas, en la cual Feal trabajó junto a otros artistas como Ezequiel Suárez y Claudio Fuentes; en We are porno (2008), Espacio Aglutinador, La Habana; en Politics: I do not like it, but it likes me (2013), Laznia Centre for Contemporary Art, Gdansk; en Donde nadie es exclusivo, muestra personal del trabajo de este artista exhibida entre septiembre y octubre del 2013 en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales de La Habana.

[2] Byung-Chul Han: La sociedad de la transparencia, Herder, Barcelona, 2013.

[3]  En ese sentido, series fotográficas como De la reforma a la contrarreforma (2016) y sobre todo Hotel Roma (2017) resultan especialmente ilustrativas.

avatar