Yves Tanguy, ‘La Journée Bleue’, 1937, TATE GALLERY

“El inigualado maestro de la écfrasis sigue siendo Baudelaire. No sólo en prosa sino también en verso: cuando define a Delacroix o a David, Baudelaire decía lo más preciso e insustituible que la palabra haya llegado a decir sobre esos dos pintores.” (Roberto Calasso, La marca del editor) Ciertamente, el decadente poeta francés escribió ensayos y versos espléndidos sobre sus artistas favoritos, pero quizás sea excesivo considerarlo el supremo artífice de este curioso subgénero. En efecto, muchos escritores notables han intentado traducir en palabras las obras de arte que los han seducido. Entre estos, el inglés David Gascoyne es, acaso, uno de los más interesantes. Así, en su muy antologado poema “Yves Tanguy”, Gascoyne consigue transmitir, con deslumbrante intensidad, la atmósfera onírica e inquietante de muchos de los cuadros del famoso pintor surrealista.

Yves Tanguy

Los mundos se quiebran en mi cabeza
destrozados por el viento salvaje
que viene de lejos atiborrado de polvo
de lluvia histérica y de crepúsculo.
Se desvanecen los gritos de la luz
en el desierto infinito,
absorto en su profundo sueño,
rodeado por los borrosos océanos grises
rodeado por los ejércitos de la noche.
Los mundos se quiebran en mi cabeza,
sus fragmentos son migajas de la desesperación,
el alimento de los réprobos solitarios
que aguardan el grosero tumulto de los días turbulentos,
que traen metamorfosis infinitas.
Los mundos se quiebran en mi cabeza,
el futuro ya no duerme,
pues sus semillas comienzan a germinar,
arrastrarse y llorar entre las rocas
de los desiertos que vendrán.
Simiente planetaria
engendrada por el viento grotesco
cuya cabeza está atiborrada de rumores
cuyas manos están repletas de tumores
cuyos pies se hunden en las profundidades de la arena.

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