EN VOZ DEL AUTOR: “La belleza que el cielo no amortaja”, poema de Justo Rodríguez Santos

La belleza que el cielo no amortaja

El río de la muerte sordo suena,
llenando de pavor toda la casa
donde el cuitado corazón repasa
su proverbio, su herida, su cadena.

Sobre su mapa un astro se enajena,
sobre su palpitar cae una brasa,
y su dormida beatitud arrasa
un vendaval de pájaros y arena.

Pero ante el duro grito desgarrado
que ilumina la torva lejanía,
rompe su freno, salta mi cercado,

derriba su silencio, desafía
la tiniebla y escapa, desbocado,
¡potro de amor por campos de agonía!