Paraíso

Hoy quiero saborear mi dolor

Hoy me dijiste tal cosa:

Sabes, al final yo creo que todos vamos a vivir juntos.

Pensé en Agota Kristof que no cree en la risa, y en la casa de la playa-costa sur (no te sabría decir porque pensé primero en Agota que en Gwendolyn Brooks acabando de escribir en letra minúscula aquella línea: Some day the war will end. No te sabría decir porque antes de esa línea minúscula se apareció la casa de la playa-costa sur). A la imagen de Agota entrando en Suiza, muda en la fábrica de relojes por 20 años, le gana la imagen de la casa ojeada en series americanas con arena turbia. Como la de la costa sur. Con una rampa de arena que te baja de la casa hacia la playa turbia. En esa rampa hay sargazos que la marea bota y que parecen hojas secas del peñón de la costa sur. Apenas hay diferencia entre las hojas secas y los sargazos. Hojas secas que el peñón bota, que el aire dispone en la arena turbia y húmeda. Y allí estamos todos en la arena. Como estrellas de mar pudriéndonos al sol. Una gaviota recalca el gesto amargo de volar en U, posarse, bajar el cuello y entrar en las médulas de esas estrellas.

La acción de la gaviota podría exhibirse en un loop ridículo. Sobre una pared color hueso. Donde no ves protagonismo alguno de la rampa. Donde las médulas no existen. Ves el pico multiplicado de una gaviota que entra y cercena algo. Es un pico inútil porque tú nunca sabes que la gaviota está dejando agujeros de muerte en un grupo de mambises.

Los mambises se fueron a dormir la mona en la arena turbia. Bajaron la rampa. Se han quedado allí. No hay más.

Y ahora pa´colmo se me ha olvidado la orden escrita en letra minúscula y corrida como la de Gwendolyn Brooks, cada orden recitada de memoria en la manigua. Manigua se me confunde con guajiro, con maní, con guano. Como quien lee por primera vez Guanajay o Guagua. Ya no me sale: MANIGUA.

Hay una gaviota en mi carótida,
una gaviota en mi carótida.
Una gaviota,
en mi CARÓTIDA.

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