‘Good Boy’ (detalle), Maikel Domínguez, 2016

La tulpa con forma de joven desnudo decapitado llega sosteniendo por los cabellos su propia cabeza. Se para en una pierna sobre un nenúfar blanco y comienza a dialogar con el doppelgänger. Este se encuentra sentado a la orilla del pantano y azarosamente va cambiando de aspecto.

Tulpa: ¿Acabaste de descubrir lo que es el dolor?

Doppelgänger: En realidad siempre lo he sabido. Mis dudas son más bien sobre el dolor en los peces. Presiento que cuando el Olor a rosas se confunde con el del pescado podrido es porque el Pánico ha tomado el control.

Tulpa: Nadie escapa a la fragilidad…

Doppelgänger: Ni a la hibridez… (se transforma en oveja)

Tulpa: Ni a la muerte. Mírame, por ejemplo; bastaría que me dejaran de pensar, o de soñar, para hacerme desaparecer. Hay algo de patético en nuestras vidas, ¿no te parece? Sólo observa a tu alrededor: las flores descoloridas, fúnebres, a veces incluso integrando coronas; los animales muertos; los fetos sin útero; las vísceras sin cuerpo; las calaveras; las moscas. Todos como muy preocupados por verse refinados, por mantener la clase, la elegancia, inmersos siempre en esa atmósfera apastelada, pretendiendo una dulzura que sabemos no existe.

Doppelgänger (ahora con forma de conejo desollado): El buen gusto exige ciertos sacrificios, mantener Your french garden sin parecer un Control freak y no morir en el intento, digamos.

Tulpa: ¡Qué va! Eso es pura pose (cambia la cabeza de mano y se apoya sobre el otro pie). Desde la hora en punto en que decidiste usar el disfraz rosadito negaste la violencia que te constituye y ahora la tragedia está siempre subyaciendo. Por mucha ternura que pretendas, la amargura te supera y lo horripilante te persigue.

Doppelgänger: Si tú lo dices… Pero al menos yo encuentro mi equilibrio en esos contrastes. (mientras habla se transforma en vieja y luego dirige la mirada hacia el pie acrobático que la tulpa apoya sobre el nenúfar).

Tulpa: Tú sólo estás lleno de luchas internas. No eres más que otra víctima de la metafísica y los valores fundamento. Tu vida se basa en oposiciones binarias, por eso no tienes paz. ¿Contrastes? Sí, pero no balance, mucho menos perfección. Vida/muerte, bello/feo, justo/injusto, grande/pequeño, ¿animal?/¿humano?, claro/oscuro, accidente/cálculo, fondo/figura, abstracto/naturalista… Encuentro de contrarios y relaciones de poder, sólo eso. Son escasas las ocasiones en que el control está realmente en tus manos, no te engañes. Conozco ese poder que sientes cuando creas, pero encontrarse suspendido a voluntad entre el dolor y el placer tiene un nombre: masoquismo.

Doppelgänger: Puede ser, no obstante, la verdadera razón detrás de todo hombre es el amor.

Tulpa: La verdadera razón detrás de todo hombre es el sexo.

Doppelgänger (mutando a pez): ¿Percibo alguna carencia?

Tulpa: No me psicoanalices.

Doppelgänger: Aquí huele como a uva ¿eh?

Tulpa: Es el polen. Quedar Full of pollen ahora mismo es casi obligatorio.

Doppelgänger: Cuídate esa alergia; la obscenidad vegetal no cree en lágrimas.

Tulpa: Tú y tu fijación oral… Entiendo que tu relación con la pintura sea íntima pero la recurrencia del mundo infantil me pone los pelos de punta.

Doppelgänger: Pues bien, es simple, te explico (se transforma en embrión de hombre). Primero, el tamaño. Es fascinante cuando un cuadro, por lo grande, te somete, aunque seas tú quien esté al mando. No me carezcas, que me duele el Ello. Una vez me dijiste que la pintura es un lugar al que se va…

Tulpa (interrumpiéndolo): Sentir que la obra es parte misma de tu cuerpo y disfrutar la gestualidad del proceso al punto de verte como mero instrumento/médium. El cuadro está Dormido en tus adentros, tú sólo lo sacas a la luz.

Doppelgänger: Exacto. Y sigo… Segundo, la mutilación, deformación o como prefieras decir. Muy a menudo remendada con parches, que siempre ocultan algo, una rotura o, mejor, un quiebre. Ellos son la huella de una cierta inestabilidad. ¿Impulso reprimido? ¿Arrepentimiento quizás? Da lo mismo. El caso es que el cuerpo, en especial el humano, nunca está completo.

Tulpa: No entiendo eso de “lo humano”. ¿Quizás ese que por ahí viene me pueda explicar?

El homúnculo entra en escena. Tiene aspecto andrógino y su cara parece conformada por varios rostros. Se queda de pie al lado del doppelgänger, que ahora se ha convertido en escarabajo.

Homúnculo: No te burles, tulpa ridícula, tus días están contados.

Doppelgänger: Baja esos humos, homúnculo. Aquí todos somos bestias de la misma calaña. Tercero, la repetición del autorretrato. El niño vestido de peluche. Nota bene: autorrepresentación no necesariamente significa autorreferencialidad. Si vamos a estar Toghether forever, mejor pasarla como en una Pool party, así disimulamos el Incesto. Y, dicho sea de paso, no son en verdad retratos míos, sino tuyos (señala a la tulpa), y tuyos (señala al homúnculo).

Tulpa: La creación misma es un acto de desnudez y tus obras siempre serán tus hijos, aunque las odies.

Homúnculo: Es fácil creer que una vez separados del cordón umbilical y lanzados al mundo los seres disfrutan su autonomía. Pero tengo la impresión de que el deseo de regresar al útero materno siempre nos acompaña. Lo que constituye esas Beautiful absences, en realidad, es la voluntad soterrada de controlar nuestros destinos.

Doppelgänger: Y hablando de motivos que se repiten, ¿notaron el ojo?

Tulpa: Sí, sí… y la florecita también. Pero ya que estamos, hablemos de los telones de fondo. Patrones que por momentos son geométricos y sobrios y por momentos son exuberantes estampados florales. (Se dirige al doppelgänger) ¿Eres tú quien me habló de una tía en la infancia que se dedicaba a confeccionar este tipo de telas? No importa. William Morris, su Arts and Crafts, su culto a la naturaleza, su reivindicación de los oficios medievales en plena revolución industrial, hubieran estado orgullosos.

Homúnculo: Ornamento soso. Punto.

Tulpa: Es que soy un romántico, no lo puedo evitar.

Homúnculo (a la tulpa): Usted no sabe nada.

Tulpa: A mí déjame con lo fantástico, lo sensible, lo onírico, lo nostálgico si es preciso. Y permíteme disfrutar mi experiencia personal a mi manera (devuelve la cabeza a la mano inicial y se para de nuevo sobre el otro pie). Al fin y al cabo, ¿se le pueden imponer normas sociales a una tulpa?

Homúnculo: ¿Existe en verdad lo subjetivo desligado de toda autoridad?

Doppelgänger: Habría que preguntarles a otras entelequias, porque nosotros no pertenecemos a ningún lugar ni a ningún tiempo en específico, acaso a algunos distantes. Como La niña que levita, así flotamos nosotros (toma un aspecto muy parecido al de la tulpa, pero con la cabeza en su lugar). Y ahora dime una cosa, tulpa querida, ¿cuál es, verdaderamente, tu edad?

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