Ediciones sinsentido estrena canal en Telegram

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Imagen que inaugura el canal de Telegram de ediciones sinsentido

Estoy acostada en un sofá Chesterfield Capitoné púrpura, con los audífonos puestos. A través de los audífonos la voz argéntea (dícese además de una voz lustrosa, de un vos argentinizado) de Nara Mansur.

Sobrepasa de la felpa de los cascos el vos que se cuela, el vos que sos tú. Vos. Nara. El audio en el que vos decís como si te tendieses a mi lado en aquel cuento de Julio Cortázar o en el Chesterfield Capitoné púrpura…

“Tienen el terror delante de ustedes”… “Esto se va acabar”… “De los fantasmas, de las mentiras”… “Son dos facultades que en mi ánimo se mueven en territorios separados. Nosotros una ciudad, un país”… “Lo jodido de vosotros, señores”… “La imagen es un acto, no una cosa. Un papelito dentro del croissant”… “Enormes tus pretensiones de educarnos, Jean Paul”…

El audio me lo envió la poeta y performer cubana, Martica Minipunto. Sobre el audio, en el carretel de WathsApp, una fotografía en la que sobresalen Fidel Castro, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir (de izquierda a derecha), entre una multitud donde alguien fuma, alguien sonríe.

El audio se publicó en el canal de Telegram que estrenó ediciones sinsentido el 21 de marzo, junto a otros que dejan escuchar las voces de otros artistas cubanos. Me refiero a Fabián Suárez, Edgar Ariel, Marien Fernández, Jamila Medina, Rogelio Orizondo, Alessandra Santiesteban, Pedro Enrique Villareal, Karina Pino, Marta María Borrás, entre otros.

Y la gente lee libremente. Y la gente escucha libremente.

El título de la foto y del audio es el siguiente: “Sartre dice: En Cuba existe una ideología del problema específico, una ideología de caña de azúcar. Monólogo de Jean Paul, pp. 39-43”.

Ahora escucho una canción del dramaturgo y poeta de Yaguajay, Marien Fernández, lo que se dice, un tema: “Tus piernas al alba, yo quiero anidar”. Me dan ganas de bailar. De bailar sola, que es como mejor baila la gente con dos pies izquierdos. Frente al espejo. Bailo. “Nada aquí era mío. De la A a la Z”.

“Tiempo con la luz / Tiempo con la vida / Tiempo con la luz / Tiempo con el magma.”

Pienso en este canal de Telegram y en cómo ediciones sinsentido se refunda con cada proyecto, desde que Martha Luisa Hernández Cadenas, Rogelio Orizondo y Arístides Hernández (Ares), fundaran la editorial en 2016.

Este canal de lecturas al oído, que tiene como objetivo diseminar textos de la editorial en boca de artistas cubanos para sobrellevar esta crisis inside, ha posteado estos ensemble de imagen y audio bajo nombres raros, a elección de los lectores: “A la cuarentanga” es el de Pedro Enrique Villareal; “2222”, el de Maité Hernández-Lorenzo; “Coromariposas”, el de Marta María Borrás; “8:01 p.m., Montréal!”, el de Yohayna Hernández; “JamSession leyendo El sol de Cuba apoltronada al dorso del sofá de la Mansur. Inaudibles, inauditas, quedan ocho tarjetas más”, el de Jamila Medina Ríos; “¿Se puede hacer arte político en un país de buenos amantes? La tortilla se dispara”, el de Alessandra Santiesteban y Ricardo Sarmiento. Y así han seguido apareciendo las voces, repitiéndose, volviendo sobre los libros de sinsentido, aireando otros fragmentos, invitando a nuevos lectores, descarrilando el carril de Telegram…

Pedro que lee a Marien. Maité que lee a Marien. Yohayna que lee a Martica. Jamila que lee a Nara. Laura Liz que lee a Alessandra. Edgar Ariel que lee a Martica. José Ramón Hernández que lee a Marien. Una cascada de voces. Una lavadora. Una aspiradora. Dos brócolis y tu dedicatoria.

Y comprendo a Paul B. Preciado (España, 1970), en su ensayo “Aprendiendo del virus”, e incluido en el pasatiempo contemporáneo en tiempos de pandemias que es Sopa de Wuhan (ASPO, 2020): “se vuelve más urgente que nunca inventar nuevas estrategias de emancipación cognitiva y de resistencia y poner en marcha nuevos procesos antagonistas”.

Entre los libros publicados por sinsentido –libros fechados, numerados y firmados por los autores en cada uno de sus escasos cien ejemplares– se encuentran Tarará (2016) de Fabián Suárez, Penélope aserrando telaviché (2017) de Marien Fernández, La bahía (2018) de Alessandra Santiesteban y Chesterfield sofá capitoné (2016) de Nara Mansur Cao; el libro que escucho desde su voz, curiosamente, recostada en el Chesterfield Capitoné púrpura.

Ayer en la noche escuché otro audio: “A la niña le encanta la altura. / A la niña le encanta El Vedado. / ¿Dónde, dónde se encuentra la niña?”. El audio me lo envió el crítico y performer cubano Edgar Ariel. Abajo me escribió: “tú eres un diente de perro”.

Antes de dormir pienso en esta idea de sinsentido, de llevar a un canal de Telegram la voz de escritores y artistas cubanos. La voz que podemos escuchar en esta cuarentena de improviso. Una voz que nos salva del miedo, de la onicofagia, de la incertidumbre de un virus que nos ha vaciado las calles, el transporte público, los mercados, las grandes urbes soñadas.

Pienso en los artistas en sus cuartos, confinados por el miedo a la Covid-19, sobre todo en los que viven solos –¡la mayoría de los artistas viven tan solos!–, en cómo se graban leyéndose o leyendo a otros, cómo envían en un audio el fragmento de lectura comprimida, para que exista un sitio de creación heterogénea, rizomática, donde subsista, por lo menos, el arte. Los pienso en el proceso. Me gusta que la poesía quede exonerada del contagio, que la literatura sea inmune a las bacterias, a la tos, al carraspeo, que exista un portal creado por artistas cubanos, un canalito de Telegram, donde encontrar voces. Las voces son un alivio. Las voces te acercan la gente.

En mi chat de WahtsApp encuentro este mensaje de Martica Minipunto: “Yo te digo, esto es lo que me mantiene inspirada. Tú escuchas las voces. Las presencias. Todo es tan fuerte. Galaxia de voces.”

“Tiempo con la luz / Tiempo con la vida / Tiempo con la luz / Tiempo con el magma.”

No salgo hace dos semanas. Ayer creí escuchar a un vecino hablar solo. La luz está apagada. Me quedan 10 ml de gel antibacteriano. Estoy acostada en el Chesterfield Capitoné, viendo el alumbrado de la calle desierta, con los audífonos puestos. “Un papelito dentro del croissant…”

Sí. Soy un diente de perro.

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