Conversando con la revista ‘El Nieuwe Acá’ sobre mañana, ayer y hoy

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Una de las imágenes que ilustra ‘El Nieuwe Acá’

Este mayo, en su última publicación, la revista El Nieuwe Acá lanzó los poemas “Confituras” de Daniela Martín Hidalgo y “Libreta de La Habana # 27” de Ángel Díaz Miranda; en abril, daba a conocer una reseña de Laura García Castaño o el cuento “El bosque en la cabaña” de Alejandra Szir, y a fines de marzo nos llegó al oído el empaste de voces de Nanne Timmer con “Tresmilochocientosveintinueve”.

Con la lectura reciente de estos textos he entrado en los territorios innominados de El Nieuwe Acá: páramos que se me antojan, por su sensorialidad híbrida y fugitiva frente a toda etiqueta, pantanosos-neblinosos-manglarescos-yermos. Se trata de una “revista trans” que se manifestó, desde marzo de 2019 en la web, como una descolocación de la “lengua otra”, y que ha continuado haciéndonos sus envíos en 2020, aun en medio de la cuarentena, con delicatessen de variopintos géneros desbordados.

De guiarnos por su “Transdam” (o manifiesto), este fanzine va en busca de ser una creación que es plagio y traducción (o transposición), pero no del todo, y que por lo general viene escrita en “español trans”. Robo y vuelo (vol) en el espíritu de Hélène Cixoux, de volanderas y volantineros, ladrones y voladores: viandantes, encuentracosas, cachicambiantes y cambalacheros de muchas partes del mundo y de Holanda y de ninguna…

Visible en Facebook, pero justipreciable de muy mejores modos en su página web, en su casa, a la que nos invitan a saltar por la ventana, El Nieuwe Acá lanza un post semanal que se destaca por la vivacidad de lo visual tanto como por lo heterogéneo de sus propuestas: cuento o ensayo o reseña o poesía, en algo más que cajitas embaladas. Es notable asimismo su aventura por lo rizomático del habla en que nos habla de / en una “literatura menor”.

Conocida un poco entre algunos entendidos o seguidores, ya sea en Facebook, en Instagram o en su web, pero ni con mucho lo suficiente que merecerían las singularidades que la animan o lo lúdico y a la vez hondo de sus bocadillos, me allego a esta revista sin contener las ganas de compartir el descubrimiento. Me da por difuminar, como en ese juego del teléfono out of order, la palabra / el cosquilleo en el cielo de la boca o en la boca del estómago… que en sus páginas me llaman. Porque la avalancha del El Nieuwe Acá trae un seremil de oralidades y en ese caos me reconozco, como tanta gente de la contemporaneidad, como tantos que nos hallamos diseminados, estando y no estando en nosotros, siendo y no siendo otros. 

Entre los paisajes que nos va abriendo en cada entrega, pensando un poco y un siempre en Cuba –sin poder ni querer evitarlo–, visualizo textos en El Nieuwe Acá que no puedo dejar de mencionar. Un fragmento del Discurso de la madre muerta (Baile de sol, Tenerife, 2012) del diaspórico Carlos A. Aguilera –desde Praga–, en traducción al holandés. El poema “Nucífera verdad” de Aleisa Ribalta –desde Suecia–. Cinco sonetos de Legna Rodríguez Iglesias –siempre en Camagüey, pero ya en Miami– del libro “Mamá, presente”. Los cuentos “La maleta de B.” de Atilio Caballero –en su locación de Cienfuegos, mar adentro– y “Árbol que nace torcido” de Idalia Morejón –en Brasil desde 1997–. “Babel Bauhaus” y “El pum”, dos poemas de Omar Pérez, quien vivió en Holanda, traduce del holandés, vive en La Habana y ya ha escrito otras veces en esa Lingua franca (Ediciones Unión, La Habana, 2009) textos inseminados de otros idiomas, donde confluyen su imago mundi y otras tantas. 

Inspirada, pues, en su “lengua rota” –como me sopla al oído alguien de El Nieuwe Acá–, instauro un diálogo con parte de sus hacedores, cuyas identidades no conozco en detalle y que, en cualquier caso, se me pide encarecidamente no revelar. Veamos juntos qué se destapa del misterio de estos que a ratos se llaman o son llamados “nieuweaqueros”, “apátridas del idioma”, “vengadores del desierto”… Oigamos cómo se sueltan las lenguas para conversar de un fanzine que no deja a un lado sus arcanos mientras accede a revelársenos un poco, entre el acá y el acullá.

JMR

¿Cuándo surgió la revista, qué presente quiere crear y cómo se imagina en el futuro?

El Nieuwe Acá surge de conversaciones de un grupo de apátridas y expatriados del español en Holanda o del holandés en cualquier otro territorio de, entre otras, hablas hispanas que se van encontrando de maneras diversas alrededor de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos. Se busca un lugar para estar y pasarlo bien, también como propuesta vital y política, y ese lugar acaba siendo la revista. En un principio, nos conocemos todos, después las personas empiezan a viajar y a dispersarse, o entra gente nueva desde otros países o ciudades, pero sigue ese lugar de encuentro que es la revista como excusa para quedar, charlar, hacer cosas juntos y reírnos.

Ahora, con toda la situación derivada del coronavirus, nuestros encuentros se han replegado a la red (por Skype, cada uno desde su lugar respectivo). ¿El futuro? Lo que dé: más colaboraciones, profundizando en los temas que nos interesan, colaboraciones más arriesgadas, no sólo escritas, sino también gráficas; ver si podemos trascender lo escrito. Es decir: ¡colaboren, colaboren, por favor!

¿En vistas de o en contrapunto con su manifiesto, qué miras y qué búsquedas se plantea la revista (estéticas, temáticas, estructurales, semánticas…)?

La cosa es bastante dislocada y alocada. Según el manifiesto con el que se abre la revista, a principios de marzo de 2019, hay un deseo de reivindicar toda escritura desterritorializada y marginal; alejarnos en lo posible de la norma idiomática (que, al final, es de pensamiento) y tender hacia todas esas otras escrituras y lenguas bastardas, mezcladas, sin pedigrí, que se fugan del centro…

Hemos publicado textos de creación (en poesía y prosa), reseñas, entrevistas, siempre acompañados de un collage que mezcla código verbal (palabras y letras) con imagen (tanto fotográfica como dibujo). Sobre todo hay material de creación, pero nos gustaría acompañar esos textos con reflexiones sobre los temas de la revista, que la revista permita volver precisamente a esa cuestión de la lengua desviada, que haya más entrevistas a personas o artistas que estén cerca de esa onda.

¿Qué colaboradores han saltado a publicar en la revista hasta ahora? Más que un catálogo, quizás esta pregunta puede ser respondida / leída como: ¿qué tipo de colaboraciones han ido marcando la trayectoria de la revista? (Un esbozo de clasificación cuyas coordenadas dejo a las manos de ustedes panear y mapear, si fuera posible.) O ¿qué participaciones les interesaría / gustaría que atracaran en la revista en el futuro? ¿Por qué aspirar a ello, qué secretos o vocingleros designios estarían detrás de esa elección / visibilización?

Como ya hemos mencionado, ha habido textos de todo tipo. Por una parte, hemos seleccionado poemas o relatos que, no teniendo mejor denominación, intentan romper precisamente la noción canónica de relato y de poema. Así, contamos con colaboraciones de Alejandra Szir, Nanne Timmer, Atilio Caballero, Idalia Morejón, Gabriel Inzaurralde, Arturo Desimone, Luciana Sastre, José Ramón Ruisánchez Serra, Daniela Martín Hidalgo, Legna Rodríguez Iglesias, Lina Meruane, Omar Pérez, Antonio Cruz Romero y muchos otros que inciden en esta cuestión.

Además, una entrevista maravillosa de Marloes Mekenkamp a la poeta mexicana María Rivera donde se reflexionaba sobre la poesía y, en concreto, sobre la poesía política, nos permitió situar la palabra como acto y, por tanto, a El Nieuwe Acá no sólo como una revista literaria al uso. Hemos contado también con una reseña de Laura García de Castaño al libro Léeme que me gusta, una especie de diario sexual; y otra de Nike van Velden al álbum Almadura de un grupo puertorriqueño, que trata sobre el contexto histórico y político del país; un texto bellísimo de Gabriela Lotersztain (periodista argentina casi inédita y que lamentablemente murió hace más de una década) donde se hace un recorrido sentimental y musical generacional vertebrado por el cantante brasileño Chico Buarque; un ensayo-crónica de Alia Trabucco Zerán sobre el estado de emergencia chileno; un texto de viaje por la isla caribeña de Curaçao de Christina Soto van der Plas que es también reflexión social e histórica a partir de las marcas vivas de la colonización en el territorio y sus gentes.

La traducción ocupa, por otra parte, un lugar importante en la revista, porque es en ella donde mejor se cruzan e hibridan las lenguas y las escrituras. Así, hemos publicado varios experimentos de traducción. Uno de ellos, la traducción doble, al portugués y al español, de la poeta neerlandesa Maria Barnas, de un poema suyo que, sin embargo, fue originalmente escrito en inglés (un trabajo conjunto de traducción al portugués de Marilene Nagle, Maria Salete Borba y Vinicius de Ávila Dantas). Y otro de Patrizia Filia, quien –aunque tiene el francés y el italiano como lenguas maternas– escribe poemas originalmente en neerlandés para revisitar su infancia, cuyas versiones al español para la revista son de Alejandra Szir.

En fin, todo muy variado, variadísimo. Unido por un tono desenfadado pero no ingenuo; festivo pero crítico, que sabe que la lengua y la escritura son algo político, y que la palabra poética permite establecer vínculos, territorios y moradas –como señala uno de los primeros ensayos escritos por Alan Rico.

¿Cómo se las entiende una lengua trans o híbrida, una literatura menor, con los géneros estancos tradicionales: cuento, ensayo, reseña, poesía o, mejor, “algas de algo”, “blablablá”, “tupí or not tupí”, “cecicelá”? Háblenme de cómo y por qué decidieron rebautizar así estas secciones genéricas y confiesen –si es posible– el origen de estos nombres, algunos de los cuales intuyo o conozco. ¿No han pensado en la publicación de “paratextos” como las cartas, los diarios, el grafiti, los anuncios publicitarios, los carteles viales y otros tantos etcéteras? ¿Qué piensan los niueweaqueros de otras variables creativas como la poesía visual o el spoken word para dar vida a una lengua trans, deslocalizada? ¿No han pensado en añadir audios o poemas más reactivos en su visualidad a sus entregas?

Efectivamente los géneros tradicionales se nos están quedando chicos. No sabemos si llamarlos “cecicelá”, “tupí or not tupí” o “blablablá”; es el fracaso evidente de catalogar lo no catalogable.

Realmente no fue como imaginas. Lo primero fueron los nombres raros; o sea, no hubo rebautización, sino que, para la “traducción” al mundo, terminamos pensando que algunos necesitaban un orden o una clasificación para ser digeridos.

Del “Manifiesto antropofágico” (1928) de Oswald de Andrade –con reminiscencias del Hamlet de Shakespeare–, tomamos el “tupí or not tupí”. Del poema “Tantan yo”, incluido en el libro En la masmédula (Editorial Losada, Buenos Aires, 1954) de Oliverio Girondo, proviene ese “alga[s] de algo”. De una performance de Guillermo Gómez Peña, el “cecicelá”. Y “blablablá”, pues ya se sabe, es de nuestra propia invención, un guiño en contubernio con el habla cotidiana…

Sobre ofrecer algo escuchable o ya más audiovisual, en la entrevista a María Rivera incluimos el enlace a uno de sus recitados, el poema “Los muertos ”, muy impactante, porque va enumerando los cuerpos violentados y asesinados por el terror en su país, al final de la Marcha por la Paz del año 2011. También en la reseña musical de Nike van Velden linkeamos “Afilando los cuchillos”, canción de protesta grabada por Residente, Bad Bunny e iLe. Asimismo, ofrecimos el video de la lectura en público de un poema de Nanne Timmer titulado “De madre” y, entre lo más reciente, está ese otro que referías, “Tresmilochocientosveintinueve”, cuya grabación está alojada y se puede oír en El Nieuwe Acá.

Tanto los paratextos como esas incursiones nos encantan, absolutamente, y claro que queremos que lleguen y nos sigan llegando “cositas” visuales, dibujos, videos o animaciones brevísimas en un futuro… Un futuro que ya viene llegando.

Siendo la faceta gráfica de unos colores y un pastiche o collage que no pueden dejar de ser notados, ¿qué tendrían que alegar o confesar al respecto sobre sus significaciones y sobre el proceso que la prohija?

Como comentábamos antes, la propuesta gráfica resume muy bien, visualmente, el carácter de El Nieuwe Acá. La mezcla, el pastiche, sí, el juego; todo coloritos y frutas y animales poco domésticos. Por ejemplo, el avestruz de uno de los primeros collages se ha convertido no sabemos si en mascota o animal guardián de la revista; aunque también hay jirafas, monos… y otros que les quedan por descubrir a los lectores. Es decir, no trabajamos con un código único, sino que todxs estamos atravesadxs por demasiados ejes (lingüísticos, territoriales, de referencias) como para querer volver a la imagen única, unívoca, plana…

Así andamos y los invitamos a (des)andar por / con, que es volar alto y bajito, El Nieuwe Acá

JMR
Jamila Medina Ríos en poesía: Huecos de araña (Premio David, 2008), Primaveras cortadas (México D. F., 2011), Del corazón de la col y otras mentiras (La Habana, 2013), Anémona (Santa Clara, 2013; Madrid, 2016), País de la siguaraya (Premio Nicolás Guillén, 2017), y las antologías Traffic Jam (San Juan, 2015), Para empinar un papalote (San José, 2015) y JamSession (Querétaro, 2017). Jamila Medina en narrativa: Ratas en la alta noche (México D.F., 2011) y Escritos en servilletas de papel (Holguín, 2011). Jamila M. Ríos (Holguín, 1981) en ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier, 2012), cuyos títulos ha reditado, compilado y prologado para Cuba y Argentina. J. Medina Ríos como editora y JMR para Rialta Magazine. Máster en Lingüística Aplicada con un estudio sobre la retórica revolucionaria en la obra de Nara Mansur; proyecta su doctorado sobre el ideario mambí en las artes y las letras cubanas. Nadadora, filóloga, ciclista, cometa viajera; aunque se preferiría paracaidista o espeleóloga. Integra el staff del proyecto Rialta.
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