‘La promesa (detalle), Alejandro Gómez Cangas, 2019

La ideología de vivir en sociedad suele generar diversas interpretaciones, entre ellas, la de entender las emociones que provocan los momentos en los que caminamos por las calles o atravesamos sitios concurridos donde se desvanece nuestra individualidad. Sin embargo, para ordenar la vida no hay desconcierto mayor que el que emerge al traspasar los espacios públicos en la búsqueda de un punto de llegada, que puede coincidir con el comienzo o el final del día o con el arribo a lugares bendecidos o denigrados. Todo depende del camino personal elegido.

El tema de las multitudes o congregaciones de personas en grandes espacios, ha sido el eje central de la obra del artista Alejandro Gómez Cangas. A partir de fotografías a grupos humanos que se desplazan en parques, calles y avenidas, él elabora montajes que utilizan como medio la pintura, descolocando y volviendo a colocar cada uno de los personajes que la cámara captó, diluidos en un todo y orientados en diversas direcciones que no nos permiten comprender con claridad hacia dónde se dirigen.

En su más reciente exposición Estudios sobre la desobediencia (Galería Villa Manuela, La Habana, 2019), junto a algunas piezas que se mantienen cercanas a la forma de creación antes descrita, Gómez Cangas toma otra orientación, con el objetivo de lograr un acercamiento deliberado a personas o grupos de personas que forman parte de la muchedumbre, presentándolos en circunstancias concretas que ponen en duda el acatamiento sistemático en el que la individualidad se diluye.

Este propósito va a generar una estética diferente en la que podemos apreciar formas de desobediencia que densifican el carácter del espacio público cuando suele servirnos sólo para trasladarnos, pero nunca para disentir. En la búsqueda de ese disentir, Alejandro Gómez Cangas crea composiciones pictóricas que van a utilizar diferentes procedimientos del medio, como el óleo y la acuarela, e incluso materiales duros de la calidad de la madera y el hormigón.

La museografía de la exposición reafirma el propósito de disponerla de manera tal que, según me ha dicho el artista en una conversación, “desde la entrada hasta la última obra se transite desde lo colectivo hasta lo individual, del todo a la parte”

Al acceder a la galería, entre las obras sobresalía una pintura que nos mostraba tres personas de espaldas: una niña, un hombre y una anciana. La niña tiene la cabeza inclinada, el hombre lleva en las manos unas bolsas de plástico y la anciana se sostiene con un bastón. En cada una de ellas, se ha acentuado el grosor de la capa de color blanco sobre diferentes zonas: en la blusa de la niña, en las bolsas que el hombre sostiene y en las vendas y el pelo blanco de la anciana; incluso se ha dejado sin detallar uno de los brazos del hombre, haciendo coincidir dos formas diferentes de pintar, como afirma el artista, una más clásica y otra más suelta.

Estas figuras proyectan sus sombras sobre una pared blanca que nos hace preguntarnos: ¿qué se puede esperar cuando estamos parados frente a una pared? La obra se nombra Composición punitiva n.o2 con ese título es posible inferir que aunque no haya posibilidades de movimiento, ni de respuestas, la disposición es de emprenderlo o de buscarlas.

‘Composición punitiva 2’, Alejandro Gómez Cangas, 2019

Por otra parte, en la obra que lleva por título Brecha n.o 4 todo el espacio del lienzo lo ocupan figuras humanas apiñadas, que vistas en cenital, presentan las más diversas expresiones y posturas. Mientras unas conversan, otras se miran, hacen algún gesto o se inclinan levemente. Uno de los aspectos más sobresaliente es la manera en la que están pintadas las que atraviesan el centro del lienzo, mejor delineadas y con colores intensos. El resto, menos definido, se dirige hacia diferentes puntos, logrando así que la dinámica que todo movimiento conlleva sea más coherente en el centro, donde aparentemente la dirección de su destino parece ser más clara, en medio del caos y la desorientación.

Las circunstancias en las que asoma cada sujeto social son las que le dan su apariencia de movimiento, en piezas de formato grande y pequeño: una fila de personas que siguen a un burro (Estudio con burro); una anciana que empuja una piedra (La memoria o Mnemotecnia); gente arrodillada (La promesa); o sumergida en el agua hasta la cintura (Diluvio). Metáforas de la ignorancia, la sabiduría, la fe o de una situación extrema. El movimiento se asume en ellas como expresión de diferentes estados sociales, sean de sumisión o de desobediencia, ambos forman parte del destino social.

Son obras que nos impulsa a cuestionarnos: ¿qué se desobedece?, ¿qué se acata?, ¿cuáles son los riesgos? La respuesta del artista puede ser, según me ha comentado: “No querer estar en el lugar donde estamos, es una desesperanza total, pero los procesos creativos se alimentan de eso”

En gran medida la intensidad de las imágenes contenidas en las piezas, reside en su posibilidad de presentársenos en calidad de retrato social, que nos ayuda a percatamos de cómo nos vestimos, peinamos, gesticulamos, e incluso ¿cómo esperamos o vivimos el transcurso de la vida cotidiana?

La ilusión y el destierro mental, una de las piezas más singulares, podría darnos una respuesta a esa pregunta. En ella, Alejandro Gómez Cangas repite las imágenes, copiándolas de manera tal que las inferiores parecen un reflejo de las superiores, sumidas en un azul profundo que todo lo cubre. El título de la pieza, nos hacen pensar en Platón y su mundo de las ideas, la capacidad que nos sostiene para que nuestro conocimiento descanse en la eventualidad de pensar las cosas según se dan a nuestros sentidos, o el enfoque de Walter Benjamin, en su Libro de los pasajes: el París de fines del siglo XIX, como un vasto depósito de historia.

‘La ilusión y el destierro mental’, Alejandro Gómez Cangas, 2019

Isla o estudio aislante quizás puede ser considerada como la más desobediente de las obras. En ella catorce sujetos de diferentes edades y sexos, aparecen en posturas que apuntan a una espera inquieta y molesta, en la que no hay nada complaciente. La primera fila corresponde a las figuras realizadas con fibra de vidrio, la segunda a las concebidas en corcho y la tercera a las de plomo, que dibujadas con diferentes definiciones aprovechan las posibilidades que brinda cada material. El resultado estético obtenido con esta combinación de elementos es atractivo e ingenioso, provoca una sensación de incertidumbre en el que las observa.

El recorrido finaliza con una obra en movimiento, una animación real, Ciclo, con ella Alejandro Gómez Cangas se traslada a los orígenes del cine, a los comienzos de la experimentación con la imagen. El dibujo del artista, realizado con bolígrafo sobre cartulina, se repite cuadro a cuadro, desplazándose en círculo, utilizando un fenaquistiscopio artesanal, llevando con ello el movimiento al extremo, condenado así, según el catálogo de la muestra, “a la repetición infinita, al esfuerzo inútil, al eterno retorno de lo mismo”.

MAGALY ESPINOSA
Magaly Espinosa (La Habana, 1947). Curadora y crítico de arte. Doctora en Ciencias Filosóficas en la especialidad de Estética en la Universidad de Kiév. Entre los años 1996 y 2014 fue presidenta de la Sección de Teoría y Crítica y de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC. Ha sido tutora, realizado oponencias y formado parte de tribunales de tesis de grado, maestría y doctorado en Cuba y Colombia. Ha impartido docencia en Universidades de Colombia, Ecuador, Brasil, España y Cuba. Ha escrito palabras para catálogos de exposiciones realizadas en España, Suiza y Cuba. Entre sus libros se encuentran Indagaciones. El nuevo arte cubano y su estética (Cauce, Pinar del Río, Cuba, 2004) y Antología de textos críticos: el nuevo arte cubano, coeditado junto a Kevin Power, (Perceval Press, Santa Mónica, España, 2002). Entre sus exposiciones comisariadas se encuentra la colectiva: Hoy desde los 80, Casa México, La Habana, noviembre-diciembre, 2016.
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